Paula Aguirrezabala con un ejemplar de su libro 'Maldita feminista, gorda y depresiva'. FOTO: Jorge Ovelleiro
Paula Aguirrezabala con un ejemplar de su libro 'Maldita feminista, gorda y depresiva'. FOTO: Jorge Ovelleiro

‘Maldita feminista, gorda y depresiva’, un título impactante para una obra que no quiere pasar desapercibida. Paula Aguirrezabala presenta su tercer libro en el que reflexiona en primera persona, tanto en prosa como en verso, sobre estos tres aspectos por los que se ha sentido discriminada en algún momento de su vida. Publicado por Entroía, su portada sufrió la censura de Facebook y su política en cuanto al desnudo femenino, llegando a suspender tanto su cuenta como la de su editor.

Hace un tiempo, tras una reflexión sobre los poemas que estaba creando, principalmente en torno a la depresión, el feminismo y la relación con el cuerpo, Paula escribió en Twitter: “Un día escribiré un libro que se titule maldita feminista, gorda y depresiva”. Y con el paso del tiempo así fue, aunque a la mañana siguiente borrara el tuit. “El título explica perfectamente el libro”, escrito desde la ironía incidiendo en la respuesta reaccionaria al movimiento feminista y dos fobias de la sociedad actual, basadas en el aspecto físico y una obligada felicidad incondicional: “Son tres vertientes por las que yo me he sentido discriminada en algún momento de mi vida”.

Presentación de 'Maldita feminista, gorda y depresiva' en la cafetería del Teatro Zorrilla. FOTO: Jorge Ovelleiro
Presentación de 'Maldita feminista, gorda y depresiva' en la cafetería del Teatro Zorrilla. FOTO: Jorge Ovelleiro

Entre estos tres pilares destaca el “estigma que tienen las enfermedades mentales”, considerándolo “algo atroz que he vivido en mis propias carnes”. Pese a que ya lo hubiera tratado en su primer libro, en éste se enfrenta a ella desde lo personal y no desde la ficción, reconociendo sin tapujos que “han sido cinco años de depresión atroces”, dolencia sobre la que versa la primera mitad de ‘Maldita feminista, gorda y depresiva’. Frente a la importancia creciente que, según explica, están alcanzando el feminismo o la diversidad física en la sociedad, “casi nadie habla de las enfermedades mentales, me parecía muy importante contar mi experiencia porque me parece que puede ayudar mucho a otras personas”, denunciando un persistente o incluso creciente estigma hacia ellas.

“Cuando empecé con la depresión nadie me entendía, en el colegio no nos hablan de ello y me parece muy importante que la gente sepa cómo actuar ante estas circunstancias”, apostando por “generar empatía”. “La depresión es una lucha por la supervivencia”, enfatiza Aguirrezabala reconociendo vario intentos de suicidio, de hecho uno de los textos que leyó al inicio de su presentación fue una carta a la madre de alguien que si llegó a quitarse la vida.

Una de las asistentes ojeando el libro durante el acto. FOTO: Jorge Ovelleiro
Una de las asistentes ojeando el libro durante el acto. FOTO: Jorge Ovelleiro

La segunda parte gira entorno a la palabra gorda, un término que “me ha acompañado siempre y que al final he terminado reapropiándome” asumiendo que “lo que la sociedad cuenta o usa como un insulto en realidad es simplemente una característica física, igual que alto, bajo, flaco o tener los ojos azules”.

Describe un “toque medianamente ascendente en cuanto a ánimo” en la estructura del libro, relacionándolo con un proceso de “empoderamiento” y “hermanamiento” para culminar con la última parte: “Era feminista antes de saber que era feminista, también he tenido fases de no ser feminista en absoluto y lo reconozco abiertamente”, reconociendo que “me he portado muy mal con muchas mujeres y también lo cuento en el libro”.

Paula Aguirrezabala. FOTO: Jorge Ovelleiro
Paula Aguirrezabala. FOTO: Jorge Ovelleiro

Paula Aguirrezabala, o mejor dicho la foto de Cristina Glies que ilustra la portada, sufrieron la censura de la plataformas digitales, sobre todo Facebook: “Es una mujer abiertamente desnuda”, relata Paula, “vi esta foto y me enamoré de ella porque me pareció un cuerpo desnudo no normativo donde hay un pecho caído, hay barriga, celulitis, son desnudos que no se ven”. Por este motivo en un principio fue eliminada de la red social, hasta incluso inhabilitar la cuenta de su editor durante cinco días, además de la suya propia.

Este episodio tendría cabida tanto en el apartado de gorda como en el de feminista, de hecho su poema ‘Pezones’ habla de la censura en Facebook y “el escándalo que supone un pezón femenino cuando los pezones masculinos no se censuran”. “Si no somos objetos de consumo y decidimos mostrarnos, no vale”, lamenta indignada Aguirrezabala.

No hay comentarios