Novedades Carminha durante su actuación anoche en Arroyo de la Encomienda. FOTO: Gaspar Francés
Novedades Carminha durante su actuación anoche en Arroyo de la Encomienda. FOTO: Gaspar Francés

Después de la primera jornada de entrada gratuita con el éxito, sobre todo, de los grupos locales llegaba el turno del día grande con nombres que vienen de más allá de las orillas del Pisuerga. El espacio se adaptó respecto al día inaugural para albergar un gran escenario central y un importante número de personas que finalmente no acertaron a llenarlo. La apuesta era arriesgada, unas veces sale cara y otras cruz, pero la organización seguía trabajando para que cuantas pasaran por la plaza de toros de Arroyo de la Encomienda disfrutaran de un buen festival hasta bien entrada la noche. Entre otras cosas, y es de agradecer, se podía ir a las barras sin que te pidieran medio jornal por una caña en vaso de plásticos ya que los precios eran más que razonables, algo muy poco habitual en este tipo de eventos que suelen primar una entrada barata para atraer a público y luego sacarles los cuartos con cada consumición. Durante el día, para los amantes de las sesiones vermú, la piscina municipal albergó el escenario de mañana por el que pasaron Costa Moreras, Villanueva, Animales Djs, Mamita Papaya y El Hombre Gancho.

El menú musical de esta segunda jornada del Summer End arrancaba con los vallisoletanos Bicycle Thief, unos de los habituales del festival. La banda liderada por David Vila está presentando su segundo larga duración 'Greetings from the Landscapes' con su formación habitual sobre las tablas: David Martín 'Dino' a la guitarra eléctrica, Carlos Flores al bajo y Diego Herrero a la batería. No son unos recién llegados y, entre conocidos y desconocidos, tienen una importante tropa de fieles seguidores que corean y apoyan incansablemente a la banda que desgranó sus temas pop de espíritu vitalista a una hora en la que el recinto aun iba llenándose. A continuación llegó el turno Jimmy Barnatán & The Cocooners. El rockero madrileño parece salido de la mismísima Easy Rider, no en vano vivió parte de su infancia en Nueva York de donde viene su pasión por el blues y el rock que en aquellas orillas se desarrolló. Su propuesta rompe con el indie imperante en este tipo de festivales y trae una serie de sonidos reclamados por el público más rocker. En la línea abierta por Jimmy subieron al escenario Los Zigarros. Herederos del rock castellano que desde que allá por los setenta grupos como Tequila abrieran senda y otros como Leño o más tarde M-Clan continuaran. La fórmula es clara: riff pegadizo de guitarra, ritmo sencillo y marcado por la batería y el bajo culminado con una letra en forma de estrofa, puente y estribillo, adornado con ciertos toques de virtuosismo salpicando con solos de guitarra todas las canciones. Ofrecieron un concierto canalla y fiel a su estilo y estética.

El recinto no acababa de llenarse y entre el público se multiplicaban las caras conocidas de bandas que ya habían subido al escenario y ahora disfrutaban del espectáculo del resto de colegas de festival, uno de los grandes cabezas de cartel llegaba y nadie quería quedarse fuera. Era el turno de El Meister. Así se hace llamar Javier Vielba, cara visible de Arizona Baby o Corizonas, habitual agitador de todo lo que suena en Valladolid. Y con él, después de tanto rock, llegó el folclore. Cuando se viste de Meister deja de lado su vertiente más cercana a la tradición anglosajona para recuperar sonidos y ritmos de Castilla remeisterizando las jotas. En un formato casi de hombre orquesta haciéndose cargo, más allá de la voz y la guitarra con innumerables pedales de efectos, del bombo de batería para el pie derecho y el sintetizador para las bases electrónicas, además de ciertas bases pre-grabadas que venían preparadas de casa. Repaso el repertorio de su disco en solitario 'Bestiario' y adelantó unas cuantas que no entraron en él. La mezcla es curiosa, entre revindicaciones de los cantos populares que se entonan en familia de sobremesa con algún vino de más, referencia a sus influencias adolescentes como Black Sabath, para acabar con 'Autómata', un tema discotequero al estilo del Meister que hizo saltar y bailar a los entregados fieles que se apostaban en las primeras filas. Será porque jugaba en casa, porque quiere al Summer End y valora su esfuerzo desde hace años o porque su talento y propuesta llegaron sin fisuras al público, pero sin duda El Meister fue el triunfador de la noche.

Los retrasos se empezaban a acumular y Neuman al fin salían al escenario para mostrar un repertorio y estilo radicalmente distinto a sus predecesores. En formato trío con una potente y sobresaliente batería en el flanco izquierdo, los teclados en el derecho y él en el centro con un armario dispuesto con ocho distintas guitarras. Increscendos infinitos, bucles melódicos que crean atmósferas un tanto lisérgicas y hacían las delicias de un público escaso que se debatía entre el sopor y el entusiasmo. Otro de los grandes nombres del cartel que tenían al público inquieto y ansioso eran los gallegos Novedades Carminha, que subieron al escenario cuando ya el aforo empezaba a mermar y el cansancio a hacer mella. No les importó y dieron rienda suelta a su punk garagero. El público de las primeras filas solo quería saltar y sudar, vibrar entre empujones, y la banda les dio lo que querían, aderezado quizás por algún medio tiempo de más. Si antes hablábamos de la herencia rockera de los Zigarros, si decimos Novedades Carminha y Galicia la cabeza nos lleva directos a grupos de la movida gallega como Siniestro Total, con los que además del sonido simpatizan en la retranca de sus letras. El éxtasis llegó cuando, además de sus esperados singles, hicieron una versión del 'Demolición' de los peruanos Saicos -popularizada en Open Mic Pucela por los incombustibles Silverbacks- con el público gritando entre empujones “demoler, demoler, la estación de tren”.

El festival se acababa y faltaba el último plato: Los Ganglios. Un grupo surgido de las redes sociales, del boom de youtube y la generación milenial, cuando se viralizó su tema 'LOL' poniendo de manifiesto la imperante “escasez lingüística en la red”. Sintetizadores, voces distorsionadas y banalidades, esa es la fórmula. Los retrasos en los horarios de las actuaciones hicieron que no hubiera tiempo suficiente para que el grupo terminara su actuación y antes de que ésta acabara ya se encendieron las luces del recinto. La policía ya el día anterior estuvo bien atenta a los horarios de cierre del recinto sin dar un minuto de margen a la organización y esta noche no fue distinta. No hubo tiempo para terminar el repertorio ni bises y Los Ganglios se fueron entre la indignación de un reducido grupo de enervados fans. Se lo tomaron a lo personal y decidieron increpar a la seguridad y la organización ofreciendo un espectáculo poco edificante reflejo de una generación de jóvenes que ve poco más allá que un palmo de sus narices, entregada al capricho egoista carente de análisis y empatía.

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