Mesa redonda de mujeres y música. FOTO: Gaspar Francés
Mesa redonda de mujeres y música. FOTO: Gaspar Francés

La mesa redonda de músicas junto al concierto de Vanesa Muela, María Alba y Larah Fémina cerraron la segunda edición del encuentro Voces de Mujer. Las jornadas organizadas por Dialogasex y la Fundación Jesús Pereda, se han desarrollado en el Centro Municipal de la Igualdad, donde también se ha debatido sobre el papel de las mujeres en la literatura y el cine.

La rapera palentina Larah Fémina fue la primera en intervenir en la mesa de músicas que cerró Voces de Mujer, donde compartió sus reflexiones sobre “cómo me siento como mujer en la música”, oficio en el que ha vivido “momentos muy machistas”. Recordando sus inicios en Comuna 24 con otros siete hombres, donde compartía formación con su pareja por lo que se referían a ella como “la chica de”. Después intentó involucrarse en el mundo de la improvisación y las batallas de gallos, donde también era la única mujer, recibiendo en dichos combates dialécticos “contraataques a mi condición de mujer”, por lo que decidió que ese tampoco era su espacio.

“Siempre crecí con muchas referencias femeninas”, celebró antes de explicar su experiencia ahora en solitario, lamentando una vez más que siempre sobrevuele la duda o las preguntas sobre con qué hombres habría tenido incluso relaciones sexuales para que la fuera tan bien, algo que ha hablado y compartido con otras compañeras de profesión. También ha recibido ataques machistas cuando, utilizando su libertad para vestir como mejor la parecía, recibió críticas del tipo “te has vendido por haber utilizado tu escote para triunfar”.

Intervención de Larah Fémina en la mesa redonda. FOTO: Gaspar Francés
Intervención de Larah Fémina en la mesa redonda. FOTO: Gaspar Francés

Fémina arrojó algunos datos sobre la industria musical y la presencia de mujeres en los festivales, asegurando que en 2017 tan solo llegaban al 15%, aportando cifras de este mismo verano con un 3,3% en el Viña Rock, un 10,5% en el Arenal Sound o un 12% en el Rototom. Por contra, se refirió a géneros considerados machistas -“qué música no es machista”, se preguntaba al principio de su intervención- como el trap o el reggaeton, entre otros, donde grupos feministas o de géneros y sexualidades diversas están haciendo suyos esos ritmos para reivindicarse y transmitir su mensaje.

Las tres intervinientes mostraron visiones y vivencias dispares, aunque con algunos elementos comunes. Por su parte, María Alba aseguró que ha tenido la suerte de estar “a gusto con personas muy respetuosas, que apoyan” en los distintos proyectos de los que ha formado parte que van desde el soul, al jazz, el pop o actualmente la música tradicional. Coincidió con Larah en su experiencia compartiendo banda con su pareja, asegurando que “muchas veces surgen momentos en los que no se te nombra”: “No soy ninguna acompañante, soy una profesional más”, reivindicó Alba.

Hablando sobre su trayectoria, desde El Grito de Harpo en el que había otra mujer siempre ha sido la única, como con Carrión Folk o El Naán actualmente, en un momento sintió que “me apetecía encontrarme con mujeres con quien compartir mi profesión”, decidiendo qué música hacer y cómo. La primera fue la vallisoletana Aire Consea, que también había trabajado siempre con hombres, tras lo que junto a Uxía y otras siete músicas de la Comunidad recuperando cantos de trabajo de los llamados “oficios de mujer” como las panaderas, las tejedoras o las segadoras.

A partir de esa recopilación y otros trabajos entorno a la música tradicional, habló sobre las letras que reproduciendo clichés y roles de épocas pasadas y abordó el debate entre tradición y fusión asegurando que “debemos retocarlo un poco para contarlo de otro modo”. Vanesa Muela, la última interviniente en la mesa redonda y con treinta y cinco años de experiencia en la música tradicional, reconociendo que éstas son “reflejo de esa sociedad que había”, aseguró que “no está mal recordar esas cosas para que no se repitan”.

Vanesa Muela mostró su visión “un poco particular” explicando que no había tenido ningún referente de mujeres que cantaran, al menos al nivel profesional, y menos aun de niñas ya que empezó en este arte con tan solo cuatro años. Reivindicó el papel de las mujeres en la música tradicional, sobre todo para conservar y transmitir la tradición oral.

Respecto al reparto de instrumentos, explicó que los de viento eran “patrimonio de los hombres” ya que con ellos se iban varios días fuera de casa para tocar y eso no podían hacerlo las mujeres. La percusión y el cante eran el territorio de las mujeres, tanto con instrumentos de cocina (cucharas, almirez o sartén), la pandereta o el pandero cuadrado, siendo ellas las preservadoras de sus toques y encargadas de interpretarlos en el baile. Celebró haber tenido “tan buena suerte” ya que “gracias a ellas podemos todavía cantar muchas de esas canciones”, concluyó Vanesa Muela, que fue la primera en subir al escenario para empezar con los conciertos. En lo que bien podría ser una sesión pedagógica más que un recital, interpretó varios toques de pandereta, arrancando poco a poco los bailes del público en las últimas filas a ritmo de jota, agarrado, corrido, ligero o charro. Presentó y tocó también otros instrumentos inusuales como la sartén, tocada con la cuchara y el dedal, o las cucharas.

Continuando con el folclore, María Alba subió al escenario para hacer un fusión de los ritmos latinoamericanos e ibéricos, habiendo estado recientemente recorriendo Chile y Argentina de donde se trajo el bombo legüero con el que arrancó el concierto. Continuó con el pandero cuadrado de Peñaparda, provincia de Salamanca, utilizando un pedal de loops para crear las bases armónicas grabando su propia voz. Para finalizar su parte del espectáculo, invitó a Larah Fémina para despedirse a ritmo de cumbia haciendo una sorprendente versión de la ‘Tonada de la luna’ de Simón Díaz, uniendo así esta canción venezolana con la percusión argentina y su voz junto el rap de Fémina, ambas palentinas.

Larah Fémina, con Thiso poniendo las bases, dio el salto de la música tradicional al hip hop, convirtiendo el patio del Centro Municipal de la Igualdad en una pista de baile. Haciendo participar al público, bien con coros, bien con palmas, ofreció una demostración de su ritmo, voz y lírica que concluyó con la audiencia acompañando su “no me toques la moral, tócame las palmas”. Así se puso el broche a la segunda edición de Voces de Mujer, en la que, además de analizar el papel de las mujeres en la música, también hubo sendas mesas con cineastas y escritoras.


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