Bernard Tavernier
Bernard Tavernier

Clasificación personal de la sección oficial

1ª.- LES INNOCENTES. 5

2ª.- EL CIUDADANO ILUSTRE. 4,5

3ª.- LAS FURIAS. 4

La regularidad de estos comentarios dependerá del volumen de cine visto, y de las ganas de comentarlo, para qué nos vamos a engañar. También intentaré, si es posible, hablar de las películas antes de sus pases al público para que, si alguien se fía de mi criterio, algo espero que no ocurra y que cada uno valore las películas por su propio sentido del gusto sin esperar lo que digan los demás, pueda tener una orientación a la hora de comprar entradas.

LO MEJOR.- «Voyage á travers du cinéma français» de Bertrand Tavernier, un largo recorrido de tres horas y cuarto que transcurre como un suspiro, programado en un único pase durante toda la Seminci (ni se el motivo ni me interesa, tan sólo uno de los reflejos más emocionantes de lo que el cine significa para muchos de nosotros se proyecta en una única ocasión, de tal manera que la prensa en el festival tenía que escoger entre ver el documental de Tavernier o no poder ver una de las películas a concurso, obvio resulta que he optado por esto último). En el debe de la película está que se nota mucho su espíritu de serie, y así se avanza al final de la proyección, incluso es un proyecto fácilmente troceable, hay segmentos dedicados a Becker (al de verdad, no al que escogería la Seminci para dedicarle un ciclo), a Renoir, a Gabin, a los orígenes de la Nouvelle Vague, al primer Chabrol, a la música en el cine francés, a Clair, a Melville, que , por sí solos, serían un capítulo de 25 minutos en televisiones exquisitas. Todo con precisas, amenas y hasta divertidas presentaciones a cargo del director donde habla de su vida, de cómo el cine se incrustó en su desarrollo, de su relación con otros cineastas, con escritores..... Aprender a mirar una escena, hablar del movimiento de Gabin, reirse de los arranques de ira de Claude Sautet, homenajear a Godard solamente con dos películas, Le mépris y Pierrot le fou, hablar de las diferencias entre el polar frances y el policíaco norteamericano, con la presencia imborrable de Langlois sobrevolando el conjunto y la colaboración de Thierry Frémaux, este viaje puede no ser sorprendente o novedoso, pero es toda una emoción continua sumergirnos de nuevo en L,atalante o Les enfants du paradis, ver a Antoine Doinel, admirar a Jeanne Moreau, Simone Signoret, Brigitte Bardot, Arletty...........es una gran enciclopedia visual que muy pocas cinematografías mundiales puede permitirse; un cine que en los años 30 y 40 sorprende por su modernidad, su descaro, su necesidad de reflejar la realidad de la calle, situándonos ante nuestro propio y miserable espejo saboteado por una dictadura que nos privó de ser europeos por una vez en nuestra vida. ¿Cuántos ciclos diferentes se podrían programar en una seminci de autor a partir de este glorioso documental?

Cartel de la pelicula "Matar a un hombre"
Cartel de la pelicula "Matar a un hombre"

INTERESANTE.- El ciclo de cine chileno podría haber sido más arriesgado y más contemporáneo, pero también va a permitir al espectador acercarse a una de las cinematografías más vivas de la actualidad, y, en ocasiones, más desinhibidas del continente sudamericano. Dos de las primeras propuestas permiten, por un lado, descubrir la primera película de Sebastián Lelio, director proclive a retratar los problemas familiares como es su «Sagrada familia», y por otro la dura, áspera, brutal película «Matar a un hombre», olvidada por la distribución española, como casi todo lo que se produce en Centro y Sudamérica, del director, que en San Sebastian ha exhibido su última película, Alejandro Fernández Almendras, un ejemplo de cine donde la violencia va creciendo en el seno de un hombre normal obligado a vivir en una barriada marginal de Santiago, donde los carabineros más que patrullar, se encierran en su comisaría. Un barrio dominado por el miedo y una banda de jóvenes contra la que se centrará la ira contenida del protagonista, cuya vida se ha arruinado por el desinterés de las instituciones en amparar al más débil. Si muy fácil es matar a un hombre, muy complicado es deshacerse del cuerpo y aún más, eliminar la carga de la culpa.

LO PEOR.- Como casi todos los años, la sección oficial. Al menos en su inicio. Tres de las cuatro primeras propuestas desmienten el sentido de riesgo, de cine difícil y no comercial que el director del festival mantenía ayer en un videochat con los lectores del periódico «El norte de Castilla», conversación donde los lectores apuntaban varios de los grandes problemas de este festival con preguntas muy acertadas, y que su dirección se niega a admitir, enrocada en un mantra que es el número de espectadores, y que a mi juicio evidencia que cuanto mayor sea el número de espectadores, menor es el riesgo que se asume y más reconocible para el gran público es el cine que se proyecta a concurso. Porque el gran público huye del riesgo, de los relatos complicados en lo argumental o experimentales en lo visual, no hay más que comprobar cómo fueron recibidas el año pasado «Tikkun» y «L,arteria invisible». El cine de autor no ha abandonado al público, es el público el que está contribuyendo a que el cine de autor quede reducido a ghettos de iniciados. No es el sitio y lugar para combatir el concepto de autor tan antibaziniano y también «anticahier» que proclama el festival desde que la actual dirección, y ya lleva muchos años, programa, ni como los grandes medios nacionales de comunicación, además de abandonar la objetividad política, han abandonado a cuentagotas el festival y su cobertura; pero «Las furias», «Las inocentes» y «El ciudadano ilustre», son el ejemplo típico del cine «de autor» que inunda nuestras carteleras, cine plano, discursivo, ejemplarizante, átono a nivel formal y nulo creativamente a nivel de imagen, preestrenos apropiados para la fiesta del cine que está próxima.

Cartel de la pelicula " Las Furias".
Cartel de la pelicula " Las Furias".

En el pase de prensa de «Las furias», primera película del director teatral Miguel del Arco, anunciado como drama familiar, el público se ha reído, y se ha reído no solamente en los momentos cómicos, si se pueden llamar así, sino incluso, en momentos dramáticos, lo que demuestra lo equivocado del tono general de una historia superficial en la que el espectador asume que todos los personajes se odian pero se quieren por igual, se matarían entre sí, pero también se matarían por salvar a otro. Se hurta al público conocer las razones de esas frustraciones freudianas y también se huye de concluir el relato (vergonzante escena final del rescate y parto simultáneo). El fenómeno de la «clá» existe desde el origen del teatro, es algo incluso que, año tras año, se va exportando a la seminci, inicialmente con cortos, y ahora ya, sin rubor, en la propia sección oficial, eso, o los vítores y aclamaciones inmediatas de un sector del público han sido puro cachondeo que ha arrastrado al resto, porque otra explicación no tengo para esa ovación. En la hipótesis de que haya espontánea, el día que se proyecte «La madre» de Alberto Morais, el Teatro Calderón debería venirse abajo de manera literal para compensar lo que es una buena película frente a un mediocre producto inaugural. Es «Las furias» una película que abusa, por carencias narrativas, del plano-contraplano para solventar cualquier coincidencia en pantalla de dos actores o de varios, donde, y parece mentira en un director teatral, la puesta en escena es raquítica e inexistente; el espacio no se utiliza para que la historia avance en algún sentido, se desaprovecha absolutamente esa casa familiar tan importante para los protagonistas, y donde el guión es manifiestamente mejorable en sus diálogos, que en más de una vez me producen vergüenza ajena. Una película en la que un reparto con Mercedes Sampietro, José Sacristán, Alberto Sanjuan, Carmen Machi o Bárbara Lennie están desaprovechados y, en ocasiones, muy mal dirigidos, como si se encontraran en una comedia televisiva de medio pelo. Una gran decepción para inaugurar la sección a concurso. Viendo «Las furias» uno echa de menos «Celebración» de Vinterberg

Otro tanto parecido podría decirse de «El ciudadano ilustre», cine costumbrista argentino con dinero español, donde se reúnen todos los tópicos habidos y por haber de un premio Nobel que regresa, no sabemos porqué, ni para qué, a su ciudad natal, de la que huyó décadas atrás, para pasar una semana inmerso en una comunidad egoista, revanchista, interesada y que saca lo peor del personaje, que en sí mismo, no oculta todas sus miserias desde el principio. Otra puesta en escena plana de la mano de Cohn y Duprat y que, me atrevo a aventurar, entrará en la candidatura para el premio del público por la cercanía de unos personajes atrabiliarios y sin evolución alguna, planos y esquemáticos, como toda la película.

Imagen de "Les innocentes"
Imagen de "Les innocentes"

De «Les innocentes», que se supone que es la mejor película francesa que ha visto el equipo de selección a lo largo del año (notarán mi ironía en el comentario, pero por si acaso lo remarco), no se puede decir nada malo, ni nada bueno, ni tan siquiera la estimulante presencia de Lou de Laâge y la simpática contribución de Vincent Macaigne, formando una pareja inimaginable en medio del agotamiento de un campamento médico francés en Polonia en 1945 permiten alzar el vuelo al resultado global de esta historia de monjas violadas, y embarazadas, por el ejército soviético, que se debaten entre el pecado cometido, el fruto de ese pecado y la inflexible y criminal conducta de la madre superiora. Si, todo lo que imaginen que va a pasar, pasará, es cine domesticado, masticado, previsible, es lo que une a las tres primeras película a concurso, van a venir mejores no se apuren, lo sé porque las he visto, pero es una pena que las cinematografías española, francesa y argentina se vean representadas en el segundo festival más antiguo de España por estas producciones que no necesitan un festival de cine para llegar a la cartelera.

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