Los directores: TAVERNIER, CIMINO Y KIAROSTAMI.

CLASIFICACIÓN PERSONAL DE LA SECCIÓN OFICIAL

1ª.- ANATOMY OF VIOLENCE. 5,5

2ª.- LES INNOCENTES. 5

3ª.- EL CIUDADANO ILUSTRE. 4,5

4ª.- LAS FURIAS. 4

Resulta paradójico cómo el festival ignora sus propios méritos y vive pendiente de la foto del presunto famoso en el sucedáneo de alfombra roja. Tres grandes nombres y tres grandes olvidos, Cimino, Kiarostami y Tavernier, los dos primeros «homenajeados» por el festival, y el tercero, un éxito conseguir programarlo, transitan por el festival como mero relleno de programación, cuando, entiendo, este festival «de autor», tendría que haber estado, día y noche repitiendo que ayer se proyectaba el documental de Tavernier, y hoy, dos pequeñas obras, en sí mismas maravillosas y de dificil acceso para el público, que honran el legado de Kiarostami.

MEJOR. Kiarostami, sin dudarlo. Un poeta de la imagen, de la palabra y del sentimiento. Una especie de héroe nacional en Irán, acompañado por una multitud en su entierro (¿alguien imagina algo parecido en España si no es un torero, una folclórica o un deportista?) ha sido muy bien honrado mediante la exhibición de su última obra, el corto «Llévame a casa», donde en un pulcro blanco y negro, con localizaciones de escaleras en Italia, Kiarostami nos cuenta la historia de una pelota que tiende a escapar continuamente y de un niño que, una y otra vez, la devuelve a su casa. Un negativo de la historia del globo rojo de Albert Lamorisse, igual de delicada, igual de sentimental, igual de naïf, pero igual de bella, y el documental «76 minutes and 15 seconds with Abbas Kiarostami», un retrato profesional del director abordando todas sus inquietudes culturales, desde la preparación de un plano a la recepción a Binoche en Teherán, de cómo es capaz de captar la sensualidad de un paisaje nevado a cómo se siente superior ante sus alumnos de cinematografía, cómo concluye la escena final del guión de una película de Panahi o cómo consigue que un compañero tenga una idea genial mientras ruedan una escena de la primera película de éste. No es un documental sobre su vida, sino sobre su obra y su manera de crearla, todo un lujo para el festival y para los amantes de las películas de este director, y atención a su final, todos recordarán el final de «A través de los olivos», vean correr a Kiarostami gritando el nombre de la enamorada, si no sienten una punzada de emoción están muertos.

Cartel de "El último verano".
Cartel de "El último verano".

TIEMPO DE HISTORIA. Dos películas un tanto erráticas y reiterativas, «El último verano» de Leire Apellaniz cuenta uno de los últimos veranos de Miguel Ángel, empresario de cines de verano ambulantes, coordinador de las proyecciones, distribuidor de material de última hora, el documental apenas avanza hasta su tramo final; 10 minutos, 15, de auténtico cine de altura, con una conclusión de humor negro absoluto tras el retrato de la tragedia de tantos y tantos cines cerrados y derruidos en nuestro país. Un cine que ha muerto en su concepto clásico, en los últimos diez años hemos cambiado los hábitos y, además, las normas ayudan a la concentración en manos de multinacionales mediante la imposición del digital bajo una única patente norteamericana. No es sólo el fín del cine de verano, es el final de un cine en manos de pequeños empresarios, las pequeñas salas, sin apoyo público o sin constitución de cooperativas, están llamadas al fín y Apellaniz, Miguel Ángel, sus proyeccionistas, lo saben. «Gulistán» de Zayne Akyol, se suma a la ola de reconocimiento del pueblo kurdo. Ahora que los paises poderosos han decidido que se puede hablar de Kurdistán, empiezan a surgir documentales, de claro matiz propagandístico, que sitúan a este no estado en la órbita del reconocimiento internacional desde que se ha hecho necesario para frenar al Daesh. Eso sí, mejor no mentar a Turquía, por eso «Bakur», otro documental de esta temporada donde se reflaje el combate entre kurdos y turcos, fue censurado en el festival de Estambul y provocó la retirada de la mayoría de directores presentes, algo que «Gulistán, land of roses» no va a provocar, porque su pretensión es menor, su explicación mínima y porque asistimos a hora y media de tensa calma en el que mujeres soldado kurdas se entrenan para combatir y ayudar a sus compañeros en el frente. Es un documental militante, que nos descubre ahora, ante el silencio internacional, la realidad de una nación masacrada por turcos, sirios, iraníes......una nación en tierra de nadie, donde la mujer actúa y se comporta en igualdad de condiciones con los hombres, algo que no puede decirse del resto de países que la rodean. Demasiado complaciente, incide y repite una y otra vez en las rutinas sin pretender entrar en el fondo del asunto, sólo incidentalmente, alguna de las soldados dice que si ahora van a tener que combatir junto a los turcos. Es el día a día de la guerra a la espera del momento, frente a frente con el enemigo, y atentas a lo que puede ser su último día, porque ante todo, no hay que caer vivas en manos del daesh.

Deepha Metha en la Asia Society en Nueva York. FOTO: Elsa Ruiz
Deepha Metha en la Asia Society en Nueva York. FOTO: Elsa Ruiz

LO PEOR. En este caso, compitiendo con Kiarostami, casi nada puede aspirar a resultar tan atractivo. Hay que agradecer que Deepha Metha haya cambiado de registro, ha decidido hacer realismo sucio, cámara al hombro, desenfoques constantes, planos feos y deliberadamente mal hechos para pretender hacernos creer que estamos dentro de un documental rodado en directo. No entiendo la fijación del festival con esta directora, trayendo de manera constante todas sus obras, algo que no se hace ya con casi nadie, y solo recuerdo en esta dirección la figura de Paskalievic. No es documental aunque juegue a eso, y la directora nos previene, nos dice que es una recreación y una ficción, partiendo de un hecho cierto, la brutal violación de una joven en un autobús público en la India, con «Anatomy of violence», Metha se imagina la infancia de los autores, su forma de vida miserable antes y después del hecho, pero donde Metha equivoca el punto de vista, siendo discutible la forma, pero está llena de riesgo, y eso en la seminci no abunda, es en el fondo, porque pese al intento final, los seis autores son dibujados más como víctimas que como culpables, el discurso precedente a la violación, que afortunadamente Metha no filma, desenfoca la historia haciendo protagonistas a los hombres frente a la vida normalizada y burguesa de la joven. Metha retrata un país absolutamente degradado moralmente, un país sin principios, donde la diferencia de clases se mantiene sin fisuras, y donde, desgraciadamente, estos hechos son frecuentes. Lo que no puedo entender es que nos presente a los salvajes como víctimas de su infancia. Violaciones hay en todos los países, ¿admitiríamos que los imputados por los hechos de Pamplona basaran su defensa en su infancia? Creo que no, ¿entiende Metha que la pobreza genera delincuencia extrema? ¿que de padres violadores nacen hijos violadores? personalmente el mensaje, si lo tiene, es confuso y hace muy flaco favor a una realidad que no permite explicación, ni compasión, ni atenuantes, con los autores.

No hay comentarios