El carrito, la bici y el patinete de los hijos de Diego, el padre al que la Junta niega su carné de familia numerosa.
El carrito, la bici y el patinete de los hijos de Diego, el padre al que la Junta niega su carné de familia numerosa.

La Junta de Castilla y León ha excluido del título de familia numerosa al padre de tres hijos que convive con su pareja desde hace 12 años en el mismo domicilio “por no estar casados”. Este es el caso de Diego, que desde junio de 2017 lucha administrativamente para que la Consejería de Familia evite lo que considera “una discriminación” y ahora sopesa dar un paso más y trasladar el caso a los tribunales, presentando un contencioso administrativo.

“Aunque disto mucho de ser un padre modélico, convivo con mis hijos, les llevo al colegio todos los días, les recojo alguno días si mi mujer no puede, y por las noches suelo levantarme a dar el biberón al tercero de mis retoños, en definitiva, como cualquier padre que conviva con sus hijos. Esto lo pongo de manifiesto, porque la Junta sí concede el título de familia numerosas a progenitores divorciados que no convivan con sus hijos ni
tengan la guardia y custodia de los mismos. Creo que es importante valorar la discriminación que sufro como padre por no estar casado”, explica Diego, convencido de que su caso debe ser abordado desde la perspectiva de la defensa del Derecho a la Familia y no al Matrimonio.

La primera solicitud para la obtención del título de familia numerosa fue cursada por su pareja en julio de 2017. El día 24 de ese mismo mes, se emitió el título donde aparecía su pareja, sus tres hijos, pero no él, aunque en ella sí que se recogía una anotación con la observación de que él era el padre de los tres niños.

El pronunciamiento de la administración autonómica fue negativo, así que el 18 de diciembre la pareja de Diego interpuso el correspondiente recurso de alzada. Esa resolución se produjo después de que con fecha 11 de octubre, Diego y su pareja se inscribieran en el Registro de Uniones de Hecho de Castilla y León, tan solo unos días después de que lo hubieran solicitado formalmente (29 de septiembre de 2017).

El 16 de mayo de este año, el Gerente de Servicios Sociales ha vuelto a dictar una resolución negativa, que excluye a este padre de tres hijos y 12 años de convivencia el título de familia numerosa.

“La recurrente (la pareja de Diego) pretende que se equipare el vínculo matrimonial la unión de hecho que tiene con el padre de sus tres hijo”, se interpreta desde la Junta en la resolución denegatoria que está fechada el pasado 16 de mayo.

“Yo volví a presentar la solicitud, a mi nombre y desde la Gerencia de Servicios Sociales me llamó una funcionaria, muy educada todo hay que decirlo, y me explicó que si quería estar dentro de ese título, debería casarme, que no tenía otra opción”, explica indignado Diego, insistiendo en la discriminación que supone que “padres divorciados, que no conviven con sus hijos, o su propia pareja, que tampoco está casada, pero sí está incluida en el título”.

Diego recuerda que el pasado 11 de julio la Gerencia de familia contestó a su solicitud diciendo que ya se la habían denegado. “Es curioso, porque para esta denegación la Junta si que nos considera como familia, la prueba es que está a nombre de lo dos, tanto de mi pareja como el mío”, apunta.

Ya en noviembre de 2010, el Procurador del Común se tuvo que pronunciar para abordar casos similares: “una problemática general relacionada con el reconocimiento de la condición de familia numerosa en los supuestos de uniones de hecho. Casos que afectan a familias integradas por el padre y la madre con hijos propios o en común, en las que no existiendo vínculo conyugal, deben optar al título de familia numerosa por separado, quedando fuera del reconocimiento uno de los progenitores de la pareja de hecho”.

Aunque el Procurador del Común entendió entonces que “desde el ámbito estrictamente legal la actuación de la Administración autonómica no puede entenderse incorrecta al haberse aplicado la Ley en cuestión en sus precisos términos”, reconoció en su pronunciamiento que “existen ya en nuestro ordenamiento algunos casos en los que se reconoce a las parejas unidas de forma estable como una situación equiparable a los matrimonios. Entre otros, en cuanto a la adopción, a los arrendamientos urbanos o a determinadas disposiciones penales o de prestaciones sociales”.

Además, recordaba el Procurador que ya entonces “muchas Comunidades Autónomas (en sus respectivos y diferentes ámbitos competenciales) se han ocupado de regular deforma específica las uniones de hecho para equiparar, total o parcialmente, estas formas de convivencia de pareja a los matrimonios, con el fin de evitar la marginación jurídica de sus miembros, especialmente de los hijos nacidos de dichas uniones” y que “en otras Comunidades Autónomas (como Castilla y León), por el contrario, no se ha optado por establecer normativa específica alguna sobre los núcleos familiares de hecho”.

La resolución del Procurador del Común también recordó que ya en su informe de 2007 que el Gobierno era “favorable” a la modificación de la Ley de 2003 al objeto de “extender los beneficios de la familia numerosa a las familias fundadas en uniones no matrimoniales” y que el propio Consejo de los Diputados “aprobó en febrero de 2007 una proposición no de ley instando la aplicación de las prestaciones por familia numerosa a todas las situaciones familiares de convivencia”.

La conclusión del defensor del pueblo en Castilla y León fue tajante: “No pueden seguir acogiéndose interpretaciones cuyo contenido sea contrario a la plena efectividad del principio de protección a la familia, atendiendo a criterios que encierran una preferencia o un trato desigual por razón de la forma de constitución de la unidad familiar”.

Desde que se produjo este pronunciamiento, en 2010, la Junta de Castilla y León no ha hecho nada, pero a Diego le ha dado tiempo a tener tres hijos, cambiar muchos pañales y dar muchos biberones además de sufrir la discriminación que supone su exclusión del carné de familia numerosa, sin alcanzar a entender porqué teniendo las mismas obligaciones como padre, no tiene los mismos derechos de quién ha decidido organizar su vida tras pasar por el altar o los juzgados.

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