Mercedes Cantalapiedra en un momento del pleno. Foto: J. P. Miñambres
Mercedes Cantalapiedra en un momento de un pleno. Foto: J. P. Miñambres

El PP en el Ayuntamiento de Valladolid se ha descolgado hoy con una sorprendente propuesta en la rueda de prensa que ha utilizado para criticar la programación de fiestas que, sin embargo, como han reconocido “es igual en un 99% a las que elaboraba el PP”. La concejala popular Mercedes Cantalapiedra a propuesto que “el alcalde debería de dejar de actuar como promotor musical, ninguneando de esta manera a la propia Concejala de Cultura en sus funciones, y malgastando el dinero de los vallisoletanos en conciertos que poco aportan a nuestra ciudad, y preocuparse más de promocionar a los músicos locales”.

El PP propone que el dinero de esa actuación internacional “se destine a apoyar directamente a los músicos de nuestra ciudad, llegando a acuerdos con promotores musicales para que les ayuden a hacer giras por otros municipios propiciando así su posicionamiento en el panorama musical nacional”.

La propuesta no llamaría la atención si no fuera porque ha sido precisamente el PP durante las dos décadas de su mandato el partido que favoreció que precisamente las actuaciones de pequeño formato en bares y determinadas zonas de la ciudad para promocionar este tipo de grupos fuera ‘perseguida’ policialmente. Esta mañana, sin embargo, la ex responsable de Cultura del PP ha llegado a decir que “la promoción de los grupos locales fue una de las grandes preocupaciones que siempre ha tenido el Partido Popular”, apuntando como ejemplo, su participación “en el Valladolid Latino, Emplazados o el concurso Onda Rock”. “Valladolid puede presumir de ser una ciudad de músicos, pero no puede presumir de que el gobierno tripartito les esté dando el apoyo que merecen”, ha dicho.

“Afortunadamente al Alcalde-Promotor no se le ha cumplido el sueño de contratar a Dua Lipa o a Pet Shop Boys, algo que hubiera supuesto un gasto desmesurado para las arcas municipales, como desmesurado es el caché de los artistas de Operación Triunfo que el Alcalde-Promotor ha contratado in extremis por un importe que supera los 150.000 euros”, señala el PP.

La crítica del PP al programa de fiestas también ha hecho referencia al presupuesto de 1,1 millones que se maneja este año y que supone un incremento del 16% con respecto al año anterior. El PP valora como “desmesurado” ese incremento, obviando que en el año 2008 el presupuesto de las fiestas fue superior: 1,4 millones de euros.

Frente a ese dato objetivo, Cantalapiedra ha defendido que en esa cifra de 2008 se incluyen las aportaciones de otras concejalías al programa y 150.000 euros del patrocinio fallido de un concierto, mientras que ahora solo se hace público el dinero que destina a fiestas la Fundación Municipal de Cultura.

La respuesta de la concejala de Cultura, Ana Redondo no se ha hecho esperar: “A estas alturas del PP no espero coherencia, pero sí un poco de ‘vergüenza torera’, sobre todo porque les gustan mucho los toros, pues que se apliquen la vergüenza torera un poquito, porque además solamente han dicho mentiras. Mentiras que son constatables”, refiriéndose al volumen del presupuesto en comparación con el año 2008 y 2009, cuando se superaron los 1,2 millones.

Redondo, que al igual que ya hizo en la rueda de prensa de presentación del programa, ha defendido que el gasto en fiestas “es una inversión” gracias al impacto económico que generan ha recordado que las fiestas tienen un día más de duración desde que Gobierna y que la programación se ha extendido a los barrios de la ciudad. “Si hacemos una valoración global yo creo que no podemos dejar de decir la verdad, y la verdad es que las Fiestas de Valladolid se hacen con muy poco presupuesto para la calidad que tienen y ese presupuesto es una inversión en empleo y actividad económica para la ciudad. No hay más que ver la imagen que se ha generado de Valladolid en los últimos años, muy positiva”, muy alejada de “la imagen casposa, triste y machista, que era la que proyectaba el equipo del antiguo alcalde, Javier León de la Riva”.

La responsable de Cultura también ha defendido la contratación de una actuación internacional, aunque este año no haya podido ser. “Esto se hace para diferenciarnos de las fiestas de otras ciudades y también para ser un atractivo internacional y colocar a Valladolid donde tiene que estar, en la esfera internacional”, ha defendido.


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1 comentario

  1. Nada que ver con los titulares y la crónica en los periódicos de papel, algo ocurrió en las fiestas patronales de nuestro pueblo del año 2018. Empezaron antes con un grupo en la plaza mayor. La música urbana local se presentaba como folklore. Muchos humanos de medio siglo se sintieron convocados a ese momento, la generación nacida en la música de los 60, que la aprendió electro-acústicamente y oyó el funeral a cañonazos de Franco acabando el colegio, era requerida a ocupar su espacio.
    Habría ocurrido que, en la política nacional, no solo un grupo político como Podemos, se habían saltado la cronología y se habría negado la existencia política a una generación, precisamente la del alcalde de Valladolid, la misma que la del grupo musical Los nadie. El alcalde Oscar Puente les dio voz, y quince días después Pedro Sánchez daría voz a esa generación, pero esta vez a mujeres, en el gobierno nacional.
    La composición orquestal de lo ocurrido se basaba en elementos fundacionales de principios de los 80: seis de siete instrumentistas originales tocaron; la mayoría de canciones eran de esa década. Dos, un tango y “Maryluz”, eran de mediados de los 90. El cupo se completó con un par de canciones nuevas, otro de versiones/parodia y un homenaje póstumo. Los arreglos musicales ad hoc jugaron entre la reproducción de algunos temas y la alteración de medios expresivos fundamentales (de rítmicos a literarios) en otros: así, el cambio de letra efectuado en la primera canción identificadora del grupo en la ciudad, “El chatarrero” indica una de las decisiones estéticas adoptadas en el espectáculo:
    Donde decían en el año 1982
    “no se si quiero siquiera, tener solo tus besos o morderte una teta”
    dijeron en 2018
    “no se si quiero siquiera, tener solo tus besos o llevarte de fiesta"

    … es decir, se cambió o actualizó todo lo que se consideró oportuno.

    Los Celtas Cortos, líderes locales desde los 90 del siglo pasado, ya habían intentado otro acto de autoestima con la ciudad hace ya unos años, llevando a un coro infantil a la plaza mayor, amén de otros amigos. Quizá sea a IU o a Podemos a quien señalan los Celtas, pocas semanas antes de la actuación de Los nadie, cuando inauguraron la calle de las Delicias con su nombre (haciendo un estúpido feo al alcalde que fielmente recogen los medios). Esa es su generación. Pero sé que mi generación, la del alcalde (no la de Pedro Sánchez, que es más pequeño), y la del grueso del gobierno que este año no veraneará, tiene mucho que decir.

    El día de conmemoración de la república, 14 de abril de 2016, Oscar Puente, alcalde, comunica la intención de contar con Los nadie para algo, en un off the record a los medios informativos. La redacción entera de la SER por boca del locutor de deportes Carlos Raúl Martínez, lo supo minutos después junto a Miguel Saeta, director del documental titulado “Generaciones en un escenario” y el bajista y el pianista, que coincidieron allí al salir de la grabación de un especial del grupo. La emisión de este programa se retrasó un mes y medio ante la noticia. Mimaron la postproducción al punto de buscar un negativo fotográfico que eludiera la carga política anárquica y republicana de la carátula del LP “ahora sí que estamos bien, tu preñada y yo en la cárcel, tu no tienes quien te meta, yo no tengo quien me saque” y añadirían además una “Guía audiovisual para conocer a los nadie”. Oscar Puente, pinchadiscos de joven, sabía lo que hacía. Y apoyó con todo un arsenal artístico, el LAVA, laboratorio artístico a la búsqueda de identidad contemporánea, donde les proporcionarían durante medio año un local de ensayo y ayudas del personal técnico.
    El eslabón político inferior, la concejal de cultura Ana Redondo, se encargó de pelear la oferta: trabajar un producto que rompiera la inercia de lo popular- folklórico- musical del anterior periodo político. El encargo era difícil, pero el grupo probó su versatilidad en múltiples ocasiones. En plena deriva política del país, con la miseria cubriéndonos por encima de la boca, con un pensamiento inercial de fin de civilización (la apoteosis zombie audiovisual ampliaba su espacio social), tras intensos intercambios de propuestas con la concejala (Bolivar Echeverría como referencia argumental de cabecera y la idea de un musical que hiciera desfilar a componentes del grupo: el 13 de enero del 2017 ella aceptó estudiar un primer guión dramático que saltaba de una conversación entre las tres culturas a extrañezas de mujeres, firmado por los hermanos trompeta y trombón). Se produce el acuerdo –dinero, medios, día- el 26 de mayo del 2017. Finalmente, acababa el feroz verano que remachaba a voz en grito el cambio climático irreversible, y se ponen manos a la obra.
    Un par de décadas después de que la ciudad les condenara al ostracismo –toda la época de León de la Riva- Los nadie se encarnaron en la plaza mayor inaugurando un espacio folklórico para la música popular urbana. Lejos del pueblo, Los nadie necesitaron realizar el sueño roto de Benidorm, días antes de que Zaplana se precipitara por la ladera de su chalet y Rajoy apareciera, sonado, paseando por su playa.
    En la plaza mayor, Luis moraleja, productor sonoro y fuente progresiva del colectivo de nuevos músicos urbanos en los años 80 del siglo pasado, jubilaba su joyería pop . Jose electrónica hizo lo propio hace diez años, todavía le colean los papeles de la empresa Real Audio System, nuestra herencia sonora del Miami. Durante este invierno zascandilearon en la ciudad la generación musical de los Mismos, los Pop Tops, y la SGAE madrileña lo celebró con el ayuntamiento en el teatro Calderon: allí estaba Oscar Puente, que es veintitantos años mas joven que todos esos supervivientes.
    Un músico de cincuenta años en la ciudad se ha chupado su última media vida en la rancia apoteosis cultural de la derecha española. Con los sentidos abotargados, lobotomizados, sin criterio. Fueron músicos jóvenes con la izquierda en el poder, su otra media vida. ¿el resultado? Un monstruo, un fiasco. Un cul de sac: Valiño, corresponsal del nacimiento de esta música popular en la urbe abandona su sueño periodístico “Ultimo cero” harto de sectarismos en la izquierda de la ciudad; y cierra Valladolid Web Musical tras desinteresados 18 años, al no haber podido tender un puente al nuevo ayuntamiento para que lo sufragara, una subvención soñada. Antes de decir adiós, los dos revindicaron al grupo como patrimonio de la ciudad. Muchas cosas pasaron en este país cuando Los nadie culminaban su histórica actuación única en el siglo XXI: la segunda de las dos medias vidas antes aludidas iba a recurrir nada menos que a su condición de caballero para no ir a la cárcel por prevaricar.
    El tercer eslabón del experimental trato institucional se personificó en el técnico del ayuntamiento Carlos Heredero: a cara de perro, viejos conocidos, materializó la expresa voluntad política de presupuestar la infraestructura necesaria para el evento. No fue posible pasar del ostracismo a un trato europeo sin convulsiones. Algunos de los músicos no dieron crédito a la oportunidad ofrecida. La normalizada vía institucional musical y artística se parecía a la idea, formada durante incontables años, de prevaricación: se dotaba a estos artistas de un estatuto privilegiado. Era tan raro, extraño, que Los nadie convivieron con sus personales fantasías sobre instituciones corruptas, el romanticismo de la fama eternamente manoseado por los fans (sobre el que se compondrá la tenue trama dramática-teatral del musical de Los nadie), y con el recuerdo de risas juveniles espasmódicas, en por ejemplo películas de Woody Allen como “Toma el dinero y corre”.
    A diferencia de los años 80, ahora se dio el certificado de música adulta a las compañeras de viaje del Karla, la canción fetiche del cancionero. La operación de autoestima de esta música local acabó tras la actuación, cuando el alcalde calificó de “entrañables” a los incomprendidos Nadie.
    PERO…
    A quince días de que la política tomara las riendas, vía moción de censura, los medios de comunicación no se olían el tueste, la situación carbonizada. Y actuaban como solían desde hace demasiados años, construyendo una realidad inventada y deseada. (Discriminan con ese criterio no solo los medios del magnate director de la prensa y televisión autonómicas Ulibarri, a quien quedaban dos meses de libertad antes de que le cayera encima un rosario de acusaciones penales). Que Los nadie bajaran del cielo con el santo patrón popular, no encajaba en esa realidad, distorsionaba. De hecho solo dos medios dan fé del suceso desde un punto de vista crítico, los dos digitales, anteriormente mencionados, la web Musical y este desde el que escribo.
    La nueva propuesta de fiesta popular que lanza la alcaldía es audaz: conecta con el pasado democrático incluyéndolo en el folklore, que ya no será herencia directa de la vida en la dictadura. Los nadie interpretaban la forma de sentir de los pueblos de Castilla y León antes de desaparecer por abandono, lease migración. Una forma de existir que ya no está, la de la generación rural del baby boom que se inyectó en vena la libertad y las consecuencias. Por eso el silencio urbano sobre lo que ocurrió en la plaza mayor: treinta años después, los músicos renegaron de aquella su decisión que proscribía a Karla del repertorio por comercial; muy al contrario tocaron dos versiones de ella esa noche de prefiestas, la prostituyeron por delante y por detrás, en un aquelarre colectivo que proclamaba a las claras la inutilidad del esfuerzo: la inercia es una fuerza física, el presupuesto en principio de 16000 euros; la solución que cristalizó fue alimenticia: algunos artistas locales llegarían ese mes algo mejor a su final, y ese fue, casualmente, el de la primera moción de censura ganada de la democracia. Las amapolas florecían allí donde no se utilizó la química.

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