La cámara de hielo de los experimentos nazis.
La cámara de hielo de los experimentos nazis.

Justino Asenjo Cano nació el año 1903 en Olmos de Peñafiel, una pequeña localidad cercana a Peñafiel, en la provincia de Valladolid.

Era militar profesional, siempre leal al servicio de la República, y vivía en Olmos junto con su esposa y sus cinco hijos, menores de edad.

La familia Asenjo era republicana y servía a la legalidad desde sus responsabilidades. Félix, hermano de Justino, era el alcalde del pueblo, y fue fusilado meses después de la sublevación por su lealtad a la República.

Tras el golpe de estado del 18 de Julio de 1936, Félix Asenjo fue detenido. Su hermano Justino permaneció en su domicilio a la espera de acontecimientos hasta que apareció en la casa una patrulla de falangistas armados con la intención de detenerle. A esas alturas ya se iban conociendo los crímenes que las milicias falangistas y otros grupos de sublevados estaban cometiendo por toda la zona, por lo que Justino decidió no entregarse y saltó por una de las ventanas de la casa, fuga que fue contemplada por sus dos hijos menores, que jamás volvieron a verle.

Justino, que llevaba sus documentos y su pistola reglamentaria, se dirigió a Peñafiel, donde se entrevistó con un abogado de su confianza, quien le recomendó que fuese a entregar la pistola. Así lo hizo, y en ese momento fue detenido. Ingresó en las Cocheras de Tranvías, en Valladolid, donde pasó momentos de gran peligro y estuvo muy cerca de ser asesinado. Por fin fue canjeado por otros prisioneros de la zona nacional y salió de España.

Tras el canje, Justino se estableció en Francia, donde se encontraba cuando el país fue ocupado por las tropas alemanas. Militar profesional como era, se encuadró en la Resistencia, pero fue capturado por los nazis en junio de 1940 y conducido a un campo de concentración en suelo francés, donde estuvo hasta que fue trasladado al campo alemán de Mauthausen, donde murió en abril de 1943.

No se conocen detalles de los últimos momentos de Justino, aunque todo apunta a que su muerte se produjo como consecuencia de un experimento nazi, al ser introducido en una cámara de hielo para comprobar cuánto podía resistir con vida.

Fuera como fuera, la muerte de Justino Asenjo fue comunicada oficialmente años después a la familia por el propio gobierno alemán, que además compensó económicamente a los tres hijos menores de Justino, porque fue reconocido como víctima de un crimen perpetrado por el régimen nazi.

También el gobierno francés se comunicó con la familia Asenjo, a la que proporcionó datos de su captura, internamiento y muerte: “…Trasladado al Campo de Mauthausen con el número 3.180, donde falleció el 30 de abril de 1943…”

TRANSCRIPCIÓN DOCUMENTO
Secretaría de Estado encargada de antiguos combatientes y víctimas de guerra.
Misión permanente para la Conmemoración y la información histórica.
República Francesa
Atestado
El Jefe de la Misión permanente para la Conmemoración y la información histórica certifica que, por las informaciones en su poder, el señor Asenjo Cano, Justino, nacido el 26 de septiembre de 1903 3n Olmos de Peñafiel (Valladolid-España) capturado el 19 de junio de 1940 en Épinal, fue internado en el frente-stalag 142, en el stalag XI A, matrícula 4.868, transferido al campo de Mauthausen, matrícula 3.180, donde murió el 30 de abril de 1943.
El Jefe de la Sección Civil-Militar
Jean Michel Renda
1 de junio 1991

Mientras tanto, en su país natal, en España, Justino era un desaparecido, un ciudadano que había dejado de serlo gracias a la determinación franquista que privó de su nacionalidad a todos los españoles exiliados, declarándolos apátridas.

Su familia, compuesta por la esposa y cinco niños, quedó en la ruina. Los hermanos más pequeños tenían que ir a comer al comedor del Auxilio Social y pasaron hambre, necesidades de todo tipo y sobre todo, sufrieron el acoso y la agresión por parte de vecinos del propio pueblo. El ciclo se cerró cuando la madre murió, tras sufrir todo tipo de penalidades y sin llegar a saber qué destino podía haber tenido su marido. Habían transcurrido siete años desde la desaparición de Justino. Quedaban cinco huérfanos desposeídos, sin referencias y con un futuro incierto.

El estado español jamás se interesó por la suerte de las víctimas de los nazis, y mucho menos por las calamidades que tuvieron que vivir sus familias y singularmente, los hijos menores de éstas, mientras que el gobierno alemán, como vemos en este caso, pidió perdón a la familia por dos veces, además de proporcionar toda clase de datos, información y documentos e indemnizar a los hijos menores de Justino Asenjo Cano.

Una injusticia contra la que muchos luchamos, reclamando al estado más y mejor reconocimiento a las víctimas, recuperación de su historia y dignificación de su memoria.

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