Concentración contra la violencia trans por la muerte de Eli en la Plaza Mayor de Valladolid. Foto: Gaspar Francés
Concentración contra la violencia trans por la muerte de Eli en la Plaza Mayor de Valladolid. Foto: Gaspar Francés

El menor que el 12 de agosto de 2018 mató de forma brutal a Eli ha sido condenado por asesinato y robo a una medida de internamiento terapéutico en régimen cerrado por una duración de seis años, complementada por una medida de libertad vigilada de tres años, así como el pago de una indemnización de 20.000 euros a las hermanas del fallecido.

En el fallo, que en el apartado de hechos probados describe de forma detallada como se produjo la mortal agresión tras un encuentro sexual consentido, el juzgado de menores critica duramente el funcionamiento de los Servicios Sociales, ya que “da la impresión en este caso que estamos o bien ante un supuesto de insuficiencia normativa o bien en un deficiente funcionamiento del servicio, cuestiones que no corresponde juzgar aquí, si bien vista la respuesta y la ulterior evolución del menor, que previo al caso que hoy no ocupa, ya pasa por instituciones de reforma, reflejan un fracaso del sistema, siendo buena prueba de ello la denuncia formulada por la madre ante la Guardia Civil el 15 de diciembre de 2016, cuando el menor tenía aún 13 años, esto es, cuando no era responsable penalmente. Denuncia, por cierto, que luego es seguida por otras en el tiempo. De hecho, el menor habría sido condenado por este Juzgado por un delito de violencia habitual en el ámbito familiar, motivo por el cual estuvo cumpliendo una medida de Convivencia con grupo educativo del 25 de mayo de 2017 al 22 de junio de 2018”.

Foto: JUAN PICCA
Eli. Foto: JUAN PICCA

“Llegados a este punto, la pregunta es, se anticipa que el que firma ésta no conoce respuesta, ¿Qué más podía hacer LA MADRE DEL MENOR? “, se pregunta el juzgado de menores antes de apuntar: “La conclusión a la que se llega es que la madre ha hecho todo lo posible humana y legalmente para impedir el daño, por lo que la respuesta no puede ser, a criterio de este Juzgador, que apenque con las consecuencias del hecho biológico de ser progenitor”.

“Estamos ante un caso excepcional y por ello, en el marco de la legalidad vigente, a la cual está vinculada, como principio rector y garantía de imparcialidad y justicia, la labor judicial, art. 117 de la Constitución Española, la respuesta ha de ser equivalente, de forma que, yendo más allá de lo postulado por el Ministerio Fiscal y acogiendo la petición de la Defensa de la madre, dado que la exoneración no es posible, se fija la moderación de su responsabilidad en el 99%”, apunta textualmente el fallo donde se considera a la madre del menor condenado una “madre ejemplar, la cual, a pesar de sus denostados esfuerzos, no ha visto recompensa alguna en la evolución de su hijo”. “Son esclarecedoras y coincidentes, las declaraciones de las Educadoras del Centro José Montero y de CEAS Rondilla que han comparecido en juicio, que reflejan una madre entregada y proactiva en la corrección de la desviada conducta del menor, con una implicación excepcional, sino única”, recoge literalmente el fallo.

El asesinato de Javier, conocido en la ciudad como “Eli” tuvo una fuerte repercusión social y distintos colectivos salieron a la calle para reclamar justicia ante la mortal agresión. “Cuando esta era una ciudad armarizada y rancia, en la que la mayoría pensaban que no era posible mostrarse tal cual somos, Eli dio un ejemplo de libertad, rebeldía y desenfado, desafiando la pacatería local y abriendo camino a mucha gente. Sólo por eso ya le debemos un agradecimiento”, se apuntó en distintas concentraciones ciudadanas de respulsa en als que los participantes confesaron haber asistido “atónitos” a “una guerra mediática y en redes por catalogar y etiquetar a Eli en diversas clasificaciones (hombre gay, travestido, mujer trans, transgénero…), como si al parecer esto fuera relevante para algunos a la hora de manifestar su solidaridad, y su rechazo a la violencia que ha sufrido nuestro compañero o compañera, nos da igual”. “Eli se resistió en vida a toda clasificación. Se presentaba lo mismo vestida de hombre que de mujer o de manera indefinida y realmente daba igual. Respondía lo mismo a su nombre, Javier, que al apelativo de Ei y atendía lo mismo a llamados en masculino que en femenino. Mucho antes de que se conocieran las etiquetas de no binario o de género fluido, ella practicaba una libertad fuera de todo encaje y etiquetado. No entendemos la obsesión por etiquetar en la muerte a quien no se dejó etiquetar en vida”, se criticó antes de denunciar “la falta de sensibilidad, información, y respeto con el que algunos medios han tratado la noticia de su brutal agresión y posterior muerte”. “Apelamos a que de una vez los medios aprendan a utilizar un lenguaje inclusivo y respetuoso”, reclamaron.


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