Presentación de Malva en La Molinera. FOTO: Gaspar Francés
Presentación de Malva en La Molinera. FOTO: Gaspar Francés

Durante la tarde del jueves se presentó en La Molinera el nuevo colectivo Malva (Mujeres Abolicionistas Libres de Valladolid), un grupo de mujeres feministas que luchan contra la violencia de género sus distintas formas como prostitución, pornografía, vientres de alquiler, violencia sexual, física, psicológica, económica o racial. Surgió en enero, cuando un grupo de mujeres que querían manifestarse el 8 de marzo pero “nos encontramos con que la agenda no incluía varios aspectos de la lucha contra la violencia de género, que son el abolicionismo de la prostitución, pornografía y vientres de alquiler”. Tras ese diagnóstico, se propusieron acudir a esta movilización con ese mensaje, sacando una pancarta y una hoja explicando porqué se consideran abolicionistas.

“Nos mueve el respeto a los derechos humanos, la creencia de que de las mujeres no somos objeto de comercio y de que no existimos para el servicio sexual ni reproductivo de quien pueda pagarlo, y porque creemos que la prostitución y el alquiler de vientres son prácticas incompatibles con la igualdad, que vulneran los derechos humanos y reproducen la jerarquía sexual patriarcal”. Proponen acabar con la demanda y consideran la educación afectivo-sexual como una “herramienta imprescindible para cambiar el modelo de relación entre mujeres y hombres”.

Describen el momento actual como “histórico” con un avance de la lucha feminista no solo en el estado Español, sin embargo alertan de una “contraofensiva de la derecha fascista con Vox a la cabeza, en unión con la Iglesia Católica y colectivos afines”: “Como una nueva caza de brujas, la derecha ha iniciado una persecución contra la Ley de Violencia de Género, las organizaciones de asistencia a víctimas y contra los trabajadores de los distintos servicios. No es una novedad que la derecha y la Iglesia unan sus fuerzas para sabotear los avances de las mujeres en la conquista de sus derechos; la dictadura franquista es buena muestra de ello”.

Denuncian el “intento” de legalizar o normalizar la prostitución, pornografía y vientres de alquiler: “Vivimos en un mundo globalizado, con total libertad de movimiento de capitales y de mercancías, sin ningún tipo de restricción, que ha creado grandes bolsas de pobreza, que afectan especialmente a las mujeres. Un mercado que ha entendido que los cuerpos de las mujeres son una mercancía para su explotación (mano de obra más barata, vasijas para los vientres de alquiler y cuerpos para el tráfico de personas, prostitución y demás negocios relacionados con el sexo), empujando a muchas mujeres a situaciones de migración, a que los vientres de alquiler, la prostitución y resto de negocios relacionados con el sexo se conviertan en opciones de supervivencia. Son inversores en busca de beneficios, nuevos mercados de los que sacar rentabilidad a costa de la explotación de las mujeres”.

Aludiendo estudios de Naciones Unidas, aseguran que el Estado español se encuentra a la cabeza del continente en demanda de prostitución siendo “uno de los principales destinos de turismo sexual en Europa” con más de 1.500 clubes con cerca de 350.000 mujeres prostituidas, de las cuales el 80% son extranjeras en situación de migración irregular provenientes de Brasil, Colombia, Nigeria, Rumanía, Rusia y Ucrania: “Dar cobertura a la demanda de prostitución y de vientres de alquiler que hoy existe es imposible si no hablamos de trata de mujeres, de secuestros, de engaños, amenazas y otros tipos de violencia y, sobre todo, de mucha pobreza”.

Otra de las formas de violencia contra la que luchan son los llamados “vientres de alquiler” que “constituye explotación reproductiva de mujeres en situación de vulnerabilidad y tráfico de menores. Convierte a los menores en objeto de comercio”. Estiman que este negocio genera 6.000 millones de euros anuales a nivel global enriqueciendo a "quienes venden menores y explotan mujeres, pues ellas perciben menos del 1% del total de este negocio”.

En MALVA estamos en contra de los vientres de alquiler y estos son algunos de nuestros motivos:

Ser padre/madre NO es un derecho. Ser padre o madre es un deseo y, cuando a los deseos se les pone precio y sólo los disfrutan quienes más dinero tienen a costa de las mujeres más empobrecidas, se llama privilegio.

Comprar un ser humano bajo contrato y en condiciones de servidumbre es la culminación del capitalismo. Quien defiende la legalización de los vientres de alquiler solo defiende a las empresas que hacen negocio mercadeando con los úteros y los cuerpos de las mujeres pobres.

Abre la puerta a que perdamos derechos reproductivos que tanto nos costó conseguir. La mujer no tiene ningún derecho sobre su cuerpo durante los nueves meses de embarazo y además contempla medidas punitivas si se alteran las condiciones del contrato.

Atenta contra la base de los DD HH: una persona nunca puede ser un medio para la consecución de un deseo de otra. Rechazamos que las mujeres sean usadas como “contenedoras” y sus capacidades reproductivas sean compradas. El derecho a la integridad de nuestro cuerpo no puede quedar sujeto a ningún tipo de contrato.

La maternidad como proceso biológico es un vínculo humano, y no se puede apelar a la "propiedad" de un bebé que se ha formado a posteriori. "Es tráfico de bebés" y no se parece a la adopción, que busca una solución a un bebéqueyavive. Elcontratoledaunsentidodecompra-ventainnegable.

Porque cuando la maternidad subrogada ”altruista” se legaliza se incrementa también la comercial, no evita la mercantilización, el tráfico y las granjas de mujeres, comprándose embarazos a la carta. Las mujeres no somos fábricas y los bebés no son productos comercializables.

En MALVA somos abolicionistas y estos son algunos de nuestros motivos:

El sistema neoliberal en el que vivimos tiene una necesidad cada vez mayor de cuerpos de mujeres para su explotación (mano de obra más barata, vasijas para los vientres de alquiler y cuerpos para el tráfico de personas, prostitución y demás negocios relacionados con el sexo).

La prostitución es una industria que ha crecido inmensamente en las últimas décadas, que está vinculada con otros negocios ilícitos y que está arraigada en el sistema patriarcal y capitalista.

En la prostitución se manifiestan todas las violencias que las mujeres estamos desterrando en los demás ámbitos: violencia física, psicológica, sexual, verbal, económica e institucional. Además, la prostitución se nutre delracismo,elclasismoylamisoginiaparamercantilizaralas mujeres.

Dignificar la prostitución como un trabajo no supone dignificar a la mujer, simplemente dignifica la industria del sexo. También supone la despenalización de toda la industria del sexo, no sólo la de las mujeres.

La legalización de la prostitución y de la industria del sexo no supone un control de la industria del sexo, al contrario la expande, promueve el tráfico de mujeres, aumenta la prostitución clandestina, ilegal y la prostitución de la calle. La legalización aumenta la demanda de esta práctica, incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.

El Estado Español es uno de los principales destinos de turismo sexual, mueve cinco millones de euros diarios y genera más beneficios que el narcotráfico.

El abolicionismo pone el foco en la industria y en quien la convierte en un éxito, los "clientes" o puteros y los motivos por los que lo son. Educa a la sociedad de muchas formas: el cuerpo de las personas no se mercantiliza. El abolicionismo propone políticas públicas y recursos económicos para que las mujeres prostituidas cuenten con las ayudas económicas, sociales, psicológicas, de vivienda, sanitarias, formativas y laborales necesarias para poder vivir, ellas y sus familias.

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