Raúl García y Marcos Gutiérrez en la rueda de prensa de CCOO sobre los repartidores de Glovo. Foto: N.A.
Raúl García y Marcos Gutiérrez en la rueda de prensa de CCOO sobre los repartidores de Glovo. Foto: N.A.

CCOO de Castilla y León, al igual que en otras comunidades autónomas, inicia una batalla por los derechos de los falsos autónomos sobre ruedas. Es decir, trabajadores de empresas multiplataforma de comida a domicilio como Glovo, Deliveroo o Uber Eats, quienes escudándose en “una mayor libertad para el trabajador” acaban por someter a sus empleados a un régimen de auténtica esclavitud, donde, tal y como informó últimoCero el pasado 6 de julio, los repartidores tienen que desembolsar considerables cantidades de dinero para poder trabajar en nombre de estas empresas.

El próximo martes, el sindicato se reunirá con la Dirección Regional de la Inspección de Trabajo para poner en común los pasos dados hasta ahora por el sindicato y la administrativa en materia de control de este tipo de empresas.

Raul García Agudo, responsable de CCOO Servicios de Valladolid que se infiltró en la máquina empresarial de Glovo, comenta que “muchos de estos repartidores ni siquiera son conscientes de que tienen ciertos derechos”. La mayoría de ellos en Valladolid son muy jóvenes o inmigrantes, grupo en el que solamente hay un 10% de mujeres. Algunas de las carencias laborales que padecen estos trabajadores tienen que ver con falta de cobertura sanitaria (lo cual los hace mucho más vulnerables frente a posibles accidentes que puedan tener), una inexistente posibilidad de conciliación de su vida laboral y personal, además de carecer totalmente de derechos a descansos, educación laboral o vacaciones. “La precariedad no es una forma de trabajo sino una grave falta en la labor de las empresas. Estos trabajadores están amparados por el derecho laboral”, insisten desde CCOO.

En abril de este año se incluyó a estos repartidores a domicilio en el Convenio de Hostelería a nivel estatal, lo que significó un primer paso para acabar con el limbo legal en el que se encontraban. CCOO quiere incluirlos en la categoría de “trabajadores por cuenta externa” en vez de que continúen en la situación de falsos autónomos en la que se encuentran ahora. “Ofrecemos nuestra plataforma a todos aquellos trabajadores a los que no hemos podido llegar, ya que es complicado poder ponerse en contacto con todos ellos”, anuncia el portavoz de CCOO. Respecto a la cantidad de repartidores que trabajan para estas empresas, CCOO calcula que habrá unos 300 en Valladolid, cifra que aseguran, crecerá rápidamente.

Es una forma moderna de esclavitud. Donde el repartidor lo pone todo: se gasta aproximadamente 150 euros en licencias, la compra de la famosa cesta, los gastos de la línea de su teléfono… todo para que compitas por ser el repartidor más rápido y los clientes te voten con la puntuación máxima. Si tardas un poco más de lo debido o pierdes una hamburguesa por el camino, ya se encargarán de ponerte alguna queja. Muchas veces los clientes no se dan cuenta de que la persona que les está llevando la comida no es criada suya, es solo un repartidor que les hace llegar la comida que han pedido”, protesta Raul García. “Te pagan quincenalmente todos los pedidos que has entregado, que para que llegue al salario mínimo interprofesional se traduciría en unos 300 pedidos atendidos mensuales. Lo cual, es bastante improbable para la mayoría de repartidores, ya que solo teniendo la máxima puntuación en las valoraciones de los clientes podrían llegar a cubrir tal volumen de pedidos”, denuncian.


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