Guillermo Puerta sembrando las lechugas. FOTO: Gaspar Francés
Guillermo Puerta sembrando las lechugas. FOTO: Gaspar Francés

El interés de Guillermo Puerta, responsable de la pequeña explotación hortícola ecológica La Alholva, por descubrir el amplio abanico de variedades vegetales que pueden cultivarse en la provincia de Valladolid, le ha llevado, junto a su compañero de proyecto Eduardo Perote, responsable de las jornadas de biodiversidad de Piñel de Abajo, a solicitar la ayuda del Centro de Investigación Tecnológica Agroalimentaria de Aragón, uno de los más especializados del país, en una investigación sobre las antiguas variedades tradicionales de lechuga de  la zona. El fondo de semillas de los laboratorios aragoneses contaba con un total de 24 variedades, entre las que se encuentran: lechugas negras, varias orejas de mulo, de verano, de invierno, blanquilla larga, amarilla… y de sitios como Tudela de Duero, Laguna, Peñafiel, Mayorga, San Román de Hornija o el propio Valladolid. “Lo cual es una locura y abre muchas puertas a la agricultura vallisoletana” cuenta con entusiasmo Guillermo.

Guillermo Puerta muestra las semillas recibidas. FOTO: Gaspar Francés

Tras pasar una pequeña pista de tierra a las afueras de la ciudad, cerca del Camino Viejo de Renedo, se encuentran los pequeños terrenos de este horticultor que trabaja concienzudamente con el ecologismo y el respeto al ecosistema local como bandera. “Nos han pedido desde el banco de germoplasma de especies hortícolas del Centro de Aragón que les hagamos un pequeño estudio de campo de cada variedad en distintas tandas, así como un seguimiento fotográfico de las distintas variedades” explica mientras organiza afanoso, en una mesa improvisada en medio de sus terrenos, pequeños sobres. “En estos sobres están las semillas que nos han enviado desde el CITA. Todas ellas clasificadas y numeradas. Mi idea es plantar las 24 variedades en semilleros por mitades, ver cómo van evolucionando y si germinan. En general, no es seguro que el cien por cien de las semillas vaya a germinar bien, ya que el CITA nos ha avisado de que tienen orígenes muy diversos. Además de las semillas proporcionadas por el CITA, plantaremos algunas más obtenidas del centro Zahoz de Cepeda, en Salamanca, que han conseguido de varias localidades de Palencia, Segovia y la propia Salamanca” informa Guillermo.

Guillermo en su huerta. FOTO: Gaspar Francés

Los resultados obtenidos por el CITA les indicaron que Valladolid es uno de los lugares de España donde más variedad de semillas de lechuga puede cultivarse. “Yo me he dado cuenta de que algunas casas de semillas nacionales ponen nombres de municipios vallisoletanos a las diferentes variedades de lechuga” comenta Guillermo. “Igual que pasa con los ajos de Portillo o con los mismos pimientos de Piquillo, la lechuga puede convertirse en algo propio de Valladolid”.

Una vez hayan crecido las lechugas a finales de agosto, Guillermo y Eduardo comenzarán la laboriosa tarea de fotografiarlas para que el CITA pueda contar con un archivo fotográfico que sirva como prueba del estudio. “Me genera una tremenda ilusión este proyecto y ser capaz de poder conservar y catalogar lo que considero un auténtico patrimonio de valor inmenso de mi provincia, pero a la vez siento una gran responsabilidad de saber y poder hacer bien este trabajo. De alguna manera estamos haciendo una labor de trascendencia nacional”. En este estudio, que a su vez pondrá a la venta en La Alholva, probará a colocar las plantaciones en invernadero y al aire libre, para observar las posibles consecuencias que tendrían ambas opciones en el resultado final.

Lechugas batavia plantada en el huerto de Guillermo. FOTO: Gaspar Francés

Por otra parte, con el mecenazgo de la Agencia de Innovación y Desarrollo del Ayuntamiento de Valladolid, Guillermo ha puesto en marcha el proyecto de economía circular Recuperando Saberes y Sabores, que tiene como punto de partida la investigación de diversas variedades de verduras diferentes que permitan innovaciones en huertos urbanos, o que pertenezcan a escuelas u hogares del jubilado, que generalmente se limitan a plantar a partir de semillas y plantas que compran en las floristerías y que acota mucho el desarrollo de la diversidad. “El estudio de variedades tradicionales nos permite averiguar cuáles son aquellas que mejor se adaptan al campo, que menos sufren el ataque de plagas o aquellas que crecen con más productividad. Todo ello para poder hacer un catálogo y un banco de semillas de tomates, lechugas o pimientos de especies variadas que nos dé juego en el mercado ecológico vallisoletano”.

Estructura del invernadero que se está instalando en la huerta. FOTO: Gaspar Francés

Todos estos proyectos y estudios enriquecen a su vez un propósito personal de Guillermo: “Lo que pretendo con estos análisis es dar un nuevo valor a hortalizas cultivadas en las tierras vallisoletanas, a las que, desde el punto de vista agrícola, no se le está quizá dando tanta visibilidad como a otras. A mi parecer es también una labor de búsqueda para el fortalecimiento de la agricultura vallisoletana” explica.

Las variedades tradicionales necesitan de un ecosistema funcionando a su alrededor de manera tradicional y natural, sin productos químicos y evitando los pesticidas. “En el huerto uso tierra de diatomeas, jabón potásico y purín de ortiga, aprovechamos la polinización y que la naturaleza haga su labor. Mi ética de cultivo trata de enfrentarse a las grandes superficies hortícolas en las que el capitalismo puro y duro hace imposible un uso lógico de las plantaciones”. Guillermo afirma que para que la producción agrícola ecológica evolucione y tenga todavía más éxito es necesaria una especialización de los productos. “Lo último que necesitamos los pequeños productores ecológicos es ganar menos dinero del que invertimos en nuestro trabajo, ya de por sí tan precario”.

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