Hinchable con agua en la Plaza de la Constitución de San pelayo. FOTO: Gaspar francés
Hinchable con agua en la Plaza de la Constitución de San pelayo. FOTO: Gaspar francés

San Pelayo es un pequeño municipio al sur de la provincia, de apenas 50 habitantes, que colinda con otros de quizá mayor fama como Torrelobatón o San Cebrián de Mazote. En estos últimos años, este desconocido pueblito se ha convertido en todo un descubrimiento para muchos vallisoletanos gracias al esfuerzo de su alcaldesa, Virginia Hernández, por colocarlo en el mapa. Una de las iniciativas puestas en marcha por ella ha sido la celebración del festival 4 Gatos, cuyo punto de partida es la lucha constante de este municipio y sus otros vecinos de la provincia, y específicamente, de la zona de los Montes Torozos, contra la despoblación y la revitalización rural.

La Plaza de la Constitución, una pequeña plazoleta en la que resalta un edificio de ladrillo poblado de banderas cuanto menos descoloridas, se ha visto colmado de visitantes propios y ajenos durante la celebración de su 4 Gatos, haciéndose, afortunadamente, poco honor al nombre del festival. Un grupo numeroso de niños correteaba de un lado a otro mientras la cumbia del DJ allí asentado se oía en todas las esquinas. La atención de los niños se centraba principalmente en descubrir cuánto se tardarían en llenar los hinchables con agua, que acto seguido iban a presidir la citada plaza.

Además de hinchables, el programa del festival está cargado de actividades y talleres para los más pequeños, aderezado con un poco de agrodancing y conciertos para los más trasnochadores, y contando con charlas de gran interés sobre repoblación y oportunidades para los jóvenes que viven en el campo. “La idea del 4 Gatos surgió hace tres años al vernos en el ayuntamiento en la disyuntiva de hacer fiestas en verano o no. Claramente en San Pelayo no podemos hacer competencia a otros pueblos con más población y recursos, por lo que se nos ocurrió crear algo diferente que se centrase en el principal problema que atañe a los pueblos de nuestra provincia: la despoblación y el envejecimiento del mundo rural” explicaba la alcaldesa, ataviada con una camiseta con el logotipo del festival. “Tirando de amigos y conocidos con las mismas ganas que nosotros de darle otro aire a nuestros pueblos, decidimos apoderarnos del término 4 gatos, con el que nos desprestigian los vecinos de otros pueblos, y crear esto. Ni nos habíamos imaginado que llegaríamos a una tercera edición del festival, y además cada vez viene más gente no sólo de Valladolid, sino de vecinos de otros pueblos de alrededor a los que antes no veíamos por aquí y que si no fuera por el festival ni siquiera hubiesen pisado San Pelayo”.

“Con este festival, la gente de Valladolid o de pueblos de alrededor ve lo que es San Pelayo de verdad, un pueblo que queremos que se mantenga con vida. Viniendo entienden que las reivindicaciones más políticas que hacemos a lo largo del año no son inventadas y que tienen un por qué” cuenta Virginia. Uno de los puntos clave que mueve las reivindicaciones tanto de Virginia como de muchas otras alcaldías colindantes, es el problema de la vivienda. Vallisoletanos que quieren quedarse a vivir en los pueblos no consiguen encontrar viviendas a precios que no compitan con los de la ciudad, convirtiéndose siempre en una alternativa mucho más rentable el quedarse en la capital.

El Bloque Joven Rural, una asociación palentina de jóvenes que reivindican el medio rural como hábitat posible para las nuevas generaciones, que se ha unido a esta edición del 4 Gatos, explica que generalmente es imposible para el salario precario de un veinteañero comprar una casa en un pueblo de Castilla. “El alquiler de viviendas en el medio rural es prácticamente inexistente, y esto nos lleva a tener que abandonar esos pueblos que tanto nos gustan y en los que de verdad queremos vivir. Los pueblos se están quedando sin gente y las ciudades están superpobladas. Es un sistema insostenible” informa una portavoz del Bloque.

La alcaldesa de San Pelayo ve esencial para el asentamiento de jóvenes en los pueblos, tanto de la provincia como de toda España, una conexión a internet potente. “Para que se desarrollen buenas iniciativas y que los jóvenes puedan vivir como emprendedores (que es lo que se suele vender como el futuro del trabajo en el campo), es necesario que llegue internet a estos pequeños pueblos. Tampoco veo indispensable que el empleo se encuentre explícitamente en el pueblo. Con que haya empleo en un ámbito de 40 km es suficiente. Para ello es necesario, claro, un buen transporte” ilustra. Virginia ve positivo que la Junta contratase uno o dos taxis rurales para este tipo de pueblos que traslade a los vecinos en función de sus necesidades. “Por último, necesitamos de un gran incremento del apoyo de la administración pública. Sobre todo, a la sanidad y a la educación rurales, que están siendo afectadas por unos recortes intolerables”.

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