Camen Duce junto a su bici a bordo de uno de los trenes. FOTO: La Curva
Camen Duce junto a su bici a bordo de uno de los trenes. FOTO: La Curva

“En casa nos gustan muchísimo los trenes, y nos gustan muchísimo las bicicletas, y nos gusta mucho viajar en bici, y en tren, y además, somos un minigrupo familiar justo de tres, nos decidimos a organizar nuestra primera salida cicloturista por Asturias, aprovechando esa maravilla de la ingeniería civil del siglo XX que es la línea FEVE Oviedo-Ferrol”. Así presenta Carmen Duce, integrante del colectivo ciclista vallisoletano La Curva, su aventura cicloturística junto a sus dos peques. Una historia de amor-odio entre trenes y bicis, sorteando los impedimentos de Renfe para viajar con bicis, pese a su publicidad, y la displicencia de los chóferes de Alsa.

“El desastre cada vez mayor en el funcionamiento del tren convencional en España, gestionado por Renfe, se debe a que la empresa de autocares Alsa se ha hecho con el control de la empresa y pretende cargársela para anular la competencia”, sostiene Duce tirando de retranca y buscando una explicación “lógica” a las “decisiones tan absurdas que nuestra antaño empresa pública de ferrocarril pone en marcha, en relación al tren convencional, y muy especialmente sus políticas relativas al transporte de bicicletas”.

“Hace años, no tantos, muchos de los trenes regionales contaban con un vagón con asientos plegables en el que se podían meter unas cuantas bicicletas sin mayor problema”, recuerda Carmen. Sin embargo “hoy, con la web de Renfe, gestionada por una empresa externa, plagada de fotos de gente muy guapa pedaleando por paisajes bucólicos, hay cada vez menos trenes en los que puedas subir con tu bicicleta, previo pago del billete de bici correspondiente, y siempre que no superes el número de tres”, es decir, “si tu grupo está formado por cuatro personas, búscate otro medio, que no cabes. ¿Por qué tres? Vete tú a saber”.

Bicicletas preparadas para poder viajar en el autobús de Alsa. FOTO: La Curva
Bicicletas preparadas para poder viajar en el autobús de Alsa. FOTO: La Curva

En cuanto a su viaje, con un mes de antelación compró los tres billetes de tren, para ella y sus dos hijos, aunque tan solo de ida “ya que Renfe no permite subir bicicletas en ninguno de los trenes que va de Oviedo a Valladolid”. “Si viene otra bici más ya no cabe”, le recordó la empleada. El drama llegó a las 7 de la mañana del día del viaje, cuando en la estación se encontraron con que su tren estaba cancelado, ofreciendo alternativas para los pasajeros pero no para las bicicletas, recibiendo la única opción de presentar una reclamación y solicitar la devolución del dinero: “No quiero el dinero, quiero irme con los niños y las bicis, en tren”, lamentó Carmen ante la empleada con desesperación y sin más opciones que ir a la estación de autobuses.

“En el Alsa, mientras pagues, puedes llevar lo que quieras”, ironiza, aunque pese a haber logrado una alternativa, el precio en autobús es mayor ya que a partir de los 12 años Alsa ya no hace descuento para niños y llevar bici tiene un coste de 10 euros en lugar de los 3 de Renfe: “Total, un 50% más caro que en tren, y con el inconveniente de tener que desmontar las ruedas delanteras y envolver bien tres bicicletas”. “Joder, ya me tuvieron que tocar a mí las bicis”, resopló el chofer al verlas llegar “como si tuviera que cargarlas él a pulso hasta Asturias”.

Tras superar estas desventuras, llegaron finalmente a Oviedo, donde montaron las bicicletas en el FEVE, “esa maravilla de la ingeniería civil del siglo XX”, una línea de ferrocarril que discurre entre Oviedo y Ferrol “de quedarse sin respiración, por la naturaleza y por la infraestructura”. Aquí si las bicicletas eran bienvenidas: “Hay un momento en el que coincidimos hasta siete bicis en el vagón”. “¿Cómo es posible que la empresa que gestiona esto no lo publicite como reclamo turístico? ¿Cómo estamos permitiendo que algo así se abandone?”, reflexiona recordando el “espectacular” trayecto entre árboles y pegado al mar. Ahí comenzó al fin su deseado viaje, con una primera parada en el camping Playa de Otur de Luarca, con paradas en Ribadeo, la Playa de las Catedrales o Rinlo.

Tras disfrutar de aquellas tierras, encarando ya el regreso, volvieron sus desventuras ya que en las redes sociales de Feve anunciaban que de Ribadeo a Cudillero el viaje se hace en autobús por cuestiones técnicas, además de ciertos retrasos: “Si solo son 15 minutos no va mal, desde que Renfe asumió la gestión de Feve esto va cada vez peor”, recuerda que les comentó uno de los empleados. Cuando al fin llegó el tren, otro problema: “Lo siento, pero no cabéis, llevo ya cinco bicis, si te das prisa me alcanzas en Ribadeo y os montáis allí”, les explicó el revisor, descartando la opción por las circunstancias de su viaje y recurriendo, de nuevo, a los buses de Alsa, recibiendo de nuevo la misma reacción del chofer: “Putas bicis, mételas aquí, y rápido que nos vamos”.

Bicicletas a bordo del Feve. FOTO: La Curva
Bicicletas a bordo del Feve. FOTO: La Curva

Recordando lo vivido, saca varios aprendizajes de esta experiencia: “Aprender a que por mucho que planifiques siempre hay imponderables que obligan a improvisar, aunque lógicamente ayuda haber previsto varias opciones; aprender a que nos sobra más de la mitad de las cosas que llevábamos en las alforjas; aprender a que salimos cuando salimos, y llegamos cuando llegamos y mientras tanto, vamos disfrutando del camino y de los momentos compartidos”.

“Ha salido todo bien, muy bien”, concluye, “pero me parece indignante, y sobre todo muy muy absurdo, que en plena emergencia climática, sabiendo como sabemos que el petróleo tiene los días contados, no estemos apostándole todo a los medios de transporte que ya son el futuro: el tren convencional, sencillo, con vagones incluso sin asientos o con asientos plegables como los que teníamos. Y las bicis”.

Duce deja también varios recados. A los responsables de Renfe: “Podrían abrir un poco los ojos y dejar de cargarse la joya que teníamos, con una infraestructura desplegada por todo el territorio, que permitía la comunicación y frenaba la despoblación”. También al Ministerio de Transición Ecológica: “En su plan por la transición energética y económica, ¿no creen que deberían ponerse ya a actuar en serio con esta cuestión? Y si es necesario volver a asumir la gestión y el control público de la red ferroviaria, hágase, antes de que sea demasiado tarde”.

Por último, a los responsables de ALSA: “Si mi teoría es cierta, finalmente son ustedes quienes deciden en Renfe. Ahora que ya se han comido todo el mercado del transporte por carretera, ¿podrían revertir esas acciones? Y no por los ecopijoflautas de las bicis como yo, no, lo digo por la propia sostenibilidad de su negocio. El transporte a base de combustible fósil tiene los días contados. Apuesten por el tren, que lo tienen todo hecho”, concluye Carmen.

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