Ana Gallego y Ángel Sánchez tras pronunciar el pregón de Fiestas en el balcón del Ayuntamiento. Foto: Gaspar Francés
Ana Gallego y Ángel Sánchez tras pronunciar el pregón de Fiestas en el balcón del Ayuntamiento. Foto: Gaspar Francés

“Nuestra responsabilidad, y la de todos y cada uno de nosotros, es la de contribuir al desarrollo de niños y jóvenes como personas y como ciudadanos libres, formados y críticos, porque si no, algún día nos tocará pagar “una prenda””. Este ha sido el mensaje central del ágil y comprometido pregón inaugural de fiestas que este año ha tenido como protagonistas a Ana Gallego y Ángel Sánchez, fundadores de la compañía de teatro vallisoletana Teloncillo que han pedido, al son de canciones y juegos tradicionales, “una ciudad más amable, con menos polución, lúdica y acogedora” y más respaldo para las artes escénicas de la Comunidad.

Su intervención desde el balcón del Ayuntamiento, que por primera vez ha lucido una pañoleta gigante con la imagen de la virgen de San Lorenzo y el anagrama del 25 aniversario de la Coordinadora de Peñas, ha conseguido que el público que ha ocupado sin necesidad de empujones una Plaza Mayor despejada de accesos al aparcamiento acabara coreando el Antón Pirulero o el Dónde están las llaves.

Los integrantes de Teloncillo en un momento del pregón de las fiestas de Valladolid 2019. Foto: Gaspar Francés
Los integrantes de Teloncillo en un momento del pregón de las fiestas de Valladolid 2019. Foto: Gaspar Francés

Ana y Ángel, tras los agradecimientos de rigor, se han mostrado orgullosos de ser profetas en su tierra gracias a su condición de pregoneros y han recordado los orígenes de la compañía: “Hace 50 años unos jóvenes vallisoletanos, estudiantes unos y trabajadores otros, iniciaron esta larga andadura vital y teatral, que comenzó en los locales parroquiales de los barrios España, Delicias y Pajarillos. A lo largo de este recorrido han pasado por la compañía más de 250 personas, a las que recordamos por la huella que han dejado en nosotros. Hemos estrenado medio centenar de espectáculos, hemos actuado en pequeñas escuelas y en grandes teatros, y hemos visitado otros pueblos, ciudades y continentes, llevados siempre por nuestra pasión por el teatro y por nuestro compromiso con la infancia. Larga es la historia y escaso el tiempo en los últimos tiempos, y los desvelos se han visto compensados con reconocimientos y con trabajo, que al final es lo que casi todos soñamos y deseamos tener. Y una de esas recompensas es la de estar hoy aquí con todos vosotros compartiendo “la alegría de la fiesta”, de nuestras fiestas patronales, y todo gracias a este maravilloso oficio: el de contar historias, el de cantar canciones, el de transmitir emociones, conocimientos y pasiones; el de interpretar, actuar, jugar...”.

Y así, como maestros de ceremonias y a través de juegos con el público, han pedido que “se vele por los derechos fundamentales de los niños y las niñas, sobre todo los de los colectivos más vulnerables, para que puedan acceder a una educación pública digna, gratuita y reglada, y que se promueva su acceso a los distintos espacios públicos donde se desarrollan actividades lúdicas, culturales y deportivas”.

“Durante estas fiestas y a lo largo de todo el año, nos gustaría que, entre todos, hiciéramos de nuestra ciudad un patio común: un patio en el que todas y todos podamos jugar libremente; un lugar de respeto hacia los demás y hacia nosotros mismos; respeto al lugar donde vivimos y a los seres con quienes lo compartimos; un pueblo que abre los brazos a los que vienen de fuera, acogiéndolos como nos gustaría que acogieran a los nuestros cuando se ven obligados a marcharse; un espacio, en resumen, de libertad, de respeto, de convivencia y, por supuesto, de fiesta. ¡Que Valladolid sea toda ella una fiesta libre de prejuicios y de manadas!”, han demandado a los presentes en la Plaza.

Los fundadores de Teloncillo también han tenido un recuerdo expreso para “el gran colectivo de artistas, no solo de Valladolid sino de toda Castilla y León, amigos y compañeros, que se dedican a las artes escénicas”. “En una ciudad como la nuestra, en la que se cuidan tanto los espacios escénicos y sus programaciones, no nos podemos permitir que haya compañeros y compañías con grandes dificultades para sobrevivir”, han advertido antes de dar por iniciadas las fiestas con el tradicional ‘¡Viva Valladolid!’ y confeti y un “¡Vivan las artes escénicas!” marca de la casa.

Desfile de Peñas

Tras un pequeño grupo de aires circenses, una curiosa plataforma a pedales conducida por un grupo de personas jubiladas, con la melodía de las dulzainas mezclándose con los ritmos de la batucada La Torzida, arrancó este año el desfile de peñas. 

Y hasta aquí la parte seca, ya que en adelante todo fueron peñistas empapados de vino y agua a partes iguales. Armas acuáticas de toda índole, botas, botellas o cubos, cualquier cachivache es bueno para embadurnar al prójimo durante el desfile de peñas.

El ‘maquineo’ del vehículo de la Coordinadora de Peñas, dinosaurio incluido, ganaba por goleada al sonido de la charanga, haciendo vibrar y lanzar su bebida a la chavalada. Al llegar al camión de bomberos, poco metros después del arranque de la comitiva color burdeos en la plaza de Zorrilla, la chavalada se detuvo esperando que los manguerazos desataron el éxtasis, lo que provocó un enorme tapón que dejó el recorrido desierto. 

Mientras, una docena de peñistas bailaban en solitario, casi a la altura de Fuente Dorada, con La Torzida tocando en medio de una calle desierta mientras, cientos de metros atrás, el personal seguía chapoteando sin intención de avanzar. El desfile continuó de forma dispersa, con gente chorreando vino yendo y viniendo, llegando en su mayor parte a la Plaza Mayor con el pregón ya en marcha. 


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