Me pregunto si mentir a los niños en estas fechas o en cualquier otra, con la excusa de recibir un regalo de forma mágica, estimula la imaginación del niño o del adulto que se las ingenia de cualquier manera para dar respuestas absurdas a preguntas inteligentes que provienen de sus hijos. Quizá estimularíamos más su imaginación si les hiciéramos participes de la mentira y todas jugásemos al mismo juego de hacer que estos personajes ficticios son reales.

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