Antiguas naves de Enertec en el Paseo del Arco de Ladrillo.

Precisamente a primeros de aquel año de 1999, los propietarios de ENERTEC  (Técnicas Energéticas y Papeleras S.A.) plantearon al Ayuntamiento que tenían necesidad de cambiar de emplazamiento para mejorar su competitividad. Para facilitar las condiciones económicas que permitirán aquel cambio, propusieron reconvertir el suelo industrial que ocupaban, en suelo urbanizable residencial. Con aquella operación esperaban obtener los recursos que facilitaran la construcción de unas nuevas instalaciones en dos parcelas sitas en las inmediaciones del Pinar de Antequera. Es decir, cambiaban de emplazamiento manteniéndose en el término municipal de Valladolid, condición “irrenunciable” que les ponía el Ayuntamiento.

Con estos antecedentes iniciamos el relato de aquel proceso, que se tradujo  en un verdadero escándalo  que se llevó por delante la empresa y facilitó un pelotazo urbanístico.

En el transcurso del Pleno del Ayuntamiento celebrado el  8 de noviembre de 1999, en el que se debatía el Convenio por el que Ayuntamiento y ENERTEC pactaban las condiciones de cambio de emplazamiento de la empresa y la reconversión del suelo industrial en residencial, el entonces Concejal de Urbanismo,

Sumillera Rodríguez, afirmaba que “La presencia de la empresa ENERTEC (en Valladolid) queda muy bien atada con este convenio, puesto que los plazos para las sucesivas  aprobaciones  inicial, provisional y definitiva de la modificación del PGOU se vincula de una manera clara a la construcción de la nueva instalación (…)  Así mismo dicha empresa mejora su posición competitiva para el futuro”.

Finalmente, el concejal de Urbanismo, del Partido Popular, afirmaba  que el Convenio con ENERTEC  era de “indudable interés público y beneficioso, tanto para la ciudad como para la empresa”.

En los días previos a la celebración del Pleno, aparece un nuevo texto del Convenio por el que se modificaban los costes de la operación urbanística, elevándose estos en 640 millones de pesetas más. Es decir, que la empresa decía necesitar 2.155 millones y no los 1.515 que había estimado hasta ese momento. Aquel inexplicable incremento se aceptó por el Equipo de Gobierno municipal sin que existiera informe técnico alguno que lo justificara.

El convenio con ENERTEC afectaba a una extensión de unas tres hectáreas  (exactamente 30.875 m2 -más grande que tres campos de fútbol juntos-).

La empresa, para justificar el convenio, aportó un proyecto de nuevas instalaciones en unas parcelas (pago Revilla y Coto de la Merced) situadas en el Pinar de Antequera, más concretamente en la carretera de Arcas Reales nº 54.

El convenio, sometido a votación, salió adelante con los  votos favorables del Partido Popular,  la abstención del PSOE y los votos en contra de Izquierda Unida.

Apenas un mes más tarde, exactamente el 20 de diciembre de 1999, DIURSA (Diseños Urbanos S.A.) compra los terrenos de ENERTEC por un importe, legalmente consignado, de algo más de 16 millones de euros (2.700 millones de pesetas).

Era evidente el interés que tenía el Ayuntamiento en que la empresa desapareciera del Arco de Ladrillo, pues era un estorbo para los planes urbanísticos del Gobierno Municipal, empeñado en transformar todo ese sector en suelo residencial bajo el eslogan de “Ciudad de la Comunicación”. Que, por cierto, ¿en qué ha quedado ese quimérico proyecto, que incluía un gran estudio de cine y televisión?

Estado actual de las antiguas instalaciones de ENERTEC. Foto: Gaspar Francés
Estado actual de las antiguas instalaciones de ENERTEC. Foto: Gaspar Francés

Cierto es que ENERTEC, por medio de su representante Laurentino Miguel Arroyo, presentó un proyecto de construcción de naves en los terrenos del Pinar, con su consiguiente solicitud de licencia de actividad. Aquel expediente apenas llegó a tener un año de vida: después de  que el Ayuntamiento requiriera a la empresa para que justificara adecuadamente los accesos viarios a la nueva fábrica (que, obviamente, estaba sin construir), su representante dejó agotar los plazos para aportar la documentación requerida, y todo el proceso fue cerrado por “desistimiento”. Aquello ocurrió en noviembre de 2.000. Apenas había transcurrido en año desde que el 26 de noviembre de 1999 Javier Salcedo Bilbao (representante de ENERTEC), y el alcalde D. Francisco Javier León de la Riva firmaran el convenio que había sido aprobado por el pleno municipal el día 8 del mismo mes. Estaba claro que ENERTEC no tenía intención de construir unas nuevas instalaciones.

No obstante, no faltó propaganda, Ayuntamiento incluido, para dar a conocer que en septiembre de 2001, ENERTEC había constituido una nueva sociedad con GLV PULP AND PAPER S.L. (una empresa de matriz canadiense), lo que iba a mejorarse la posición de ENERTEC en los mercados internacionales. La plantilla se dividió: 79 trabajadores  pasaron a depender de GLV, y en ENERTEC quedaron 91…  Un acuerdo que los trabajadores consideraron una artimaña financiera para cerrar la empresa.

Y en octubre de aquel mismo año (un mes después del acuerdo con GLV- ampliamente difundido en los medios de comunicación-), ENERTEC se despacha con que la sociedad tiene una difícil situación financiera por la fuerte disminución de pedidos.

Los trabajadores comienzan una huelga indefinida

En ese momento los trabajadores se apostan delante de las puertas de la empresa para impedir que se desmantele la maquinaria. Y pocos días después, exactamente el 5 de noviembre,  los trabajadores de ENERTEC inician una huelga indefinida, ya que llevaban tres meses de sueldos atrasados.

“A finales de octubre nos turnamos en las puertas de la fábrica y noo dejamos salir a nadie sin registrarle el coche, pues los trabajadores de GLV aún entraban en la empresa, no así nosotros, los de ENERTEC… era fundamental para que nadie se llevara cosas de valor. La maquinaria pesada no se podía desmontar, pero sí el resto de mobiliario de trabajo: ordenadores, herramientas…” Recuerdan Gonzalo Díez y Demetrio Saster, que formaban parte del Comité de Empresa.

El día 14 de diciembre (seguimos en el año 2001), se pone fin a la huelga, toda vez que la empresa anuncia un posible acuerdo para cobrar los salarios atrasados.

Pero pocos días después la empresa ENERTEC comunica que ha iniciado el expediente de rescisión de los contratos de sus trabajadores.

Ante esta situación, y sin más alternativas que la presión, los trabajadores inician un plante en la Plaza Mayor de Valladolid que tuvo especial repercusión, pues ahí estuvieron durante todas las Navidades de aquel año, soportando a la intemperie noches de hasta 12 grados bajo cero… “Nuestro objetivo era que se nos viera permanentemente en el centro de la ciudad. Aseguramos, mediante turnos, que al menos tres trabajadores estuviéramos continuamente presentes durante 24 horas, día y noche, en la plaza Mayor”,  comenta Demetrio.

Se suceden las manifestaciones de solidaridad delante de las mismas puertas del Ayuntamiento que, de alguna manera, fuerzan al alcalde a afirmar el día 13 de febrero de 2002 que “si ENERTEC no cumple el convenio, no se recalificará el suelo a residencial”. No obstante, tan tajante afirmación  quedaría completamente incumplida en escasas fechas.

“Este plante en la plaza lo compaginamos con la ocupación de las naves para proteger los bienes de la empresa, pues en caso de subasta por liquidación, sabíamos que el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA), optaba a conseguir ingresos de las subastas y, por tanto, liquidaría antes los salarios pendientes…”, relatan Gonzalo y Demetrio.

Y prosiguen: “Llamaron a la policía y ella misma comprobó que no estábamos robando sino, precisamente, guardando los bienes. No pudieron hacer nada y se marcharon… incluso cuando tuvimos que desalojar la empresa pues ya estábamos despedidos, cargamos con dos camiones diverso material que guardamos en sendos almacenes “secretos”. Cuando llegó la subasta lo entregamos a los liquidadores…  el mismo Fondo nos agradeció la actitud que tuvimos de custodia de los bienes”.

Un mes después, los trabajadores levantan el plante tras ceca de 90 días de acampada… el sentimiento que cunde entre ellos es que han sido derrotados y que ENERTEC no solo ha cerrado las puertas, sino que se ha salido con la suya de recalificar el terreno.

“Aquel sentimiento de derrota vino porque nos acabamos de dar de bruces con una realidad que  ya intuíamos: ENERTEC no tenía intención de seguir, y todo había sido un camino, digamos, dirigido a conseguir recalificar los terrenos, que era lo que el Ayuntamiento y la empresa querían”, comenta Gonzalo… “pero en aquella lucha también supimos el importante valor de la solidaridad y la unidad entre los compañeros”, apostilla Demetrio.

Advirtieron, no obstante,  de la posibilidad de intentar otras vías penales de defensa de sus intereses, incluidas las diligencias de la Fiscalía por si los directivos de ENERTEC hubieran incurrido en algún ilícito penal. Asunto que no tuvo mayor recorrido jurídico.

Un nuevo convenio, ahora con DIURSA

Estaba ya completamente claro que el convenio no tenía trazas de cumplirse por parte de la empresa. El Equipo de Gobierno del Ayuntamiento esperó hasta abril de 2002 para, en pleno municipal celebrado el 2 del aquel mes, se instara a la resolución del convenio por incumplimiento por parte de ENERTEC. Y es precisamente en aquel pleno de abril de 2002 cuando comienza a allanarse definitivamente el camino para que la inmobiliaria de Ulpiano González Ortigosa (DIURSA), inicie la construcción de viviendas. En concreto aquel acuerdo recogía la necesidad de “aprobar un nuevo convenio urbanístico con DIURSA (…) en el que se recoja la modificación urbanística (de los terrenos) contenida en las cláusulas  del convenio suscrito entre el Ayuntamiento y ENERTEC…”.

Este nuevo acuerdo con DIURSA se justificaba en que ENERTEC estaba sin actividad desde principios de 2001, en suspensión de pagos y con la totalidad de la plantilla despedida desde el 25 de febrero de 2002.

Pero aquel nuevo acuerdo tenía un pretexto más sibilino, y es que DIURSA  había cerrado un pacto con el Comité de Empresa de ENERTEC para que la plantilla percibiera indemnizaciones complementarias a las de FOGASA (Fondo de Garantía Salarial). Un acuerdo que también alcanzaría a los trabajadores de GLV. Pero para que este pacto pudiera materializarse era imprescindible que el Ayuntamiento transformara el convenio con ENERTEC “sustituyéndose la obligación de esta empresa de continuar con la actividad en otra ubicación por la de la conformidad de los trabajadores con las indemnizaciones complementarias acordadas con DIURSA…” En todo caso, unas indemnizaciones cicateras en relación con el negocio urbanístico que se estaba fraguando.

Es necesario puntualizar que siete trabajadores no aceptaron aquellas condiciones, no por escasas, sino como una actitud de rechazo a como se permitió el cierre de ENERTEC, y de que DIURSA fuera la gran beneficiada, empleando de pantalla a los mismos trabajadores, exhaustos tras tan larga lucha, además de que la plantilla llegó a estar hasta 9 meses sin percibir ingreso salarial alguno.

“Aquello fue una vergüenza. Se salieron con la suya y consiguieron la claudicación de los trabajadores…”, relatan Gonzalo Díez y Demetrio Saster… “las clausulas del documento que cada trabajador tenía que firmar para recibir el cheque de DIURSA eran bochornosas, por eso algunos no las aceptamos. Pero comprendemos que muchos compañeros habían llegado a verdaderas situaciones de angustia por la falta de ingresos durante tantos meses”.

Se cerraba el círculo de una forma perfecta: el Equipo de Gobierno municipal se veía con la presión moral de no perjudicar las indemnizaciones de los trabajadores alterando burdamente el convenio. Esta operación, transformada en acuerdo de Pleno,  contó con la abstención  del PSOE y el voto en contra de IU.

Si el Pleno municipal aprobó la modificación el convenio el 2 de abril, el 19 del mismo mes se estampó el acuerdo ENERTEC-DIURSA-COMITÉ DE EMPRESA.

Se estaba llegando al final de un camino que parecía trazado de antemano: ENERTEC cobra el dinero y desaparece; DIURSA compra los terrenos  y aporta una indemnización complementaria a la del Fondo de Garantía Salarial  a la mayoría de los 170 trabajadores despedidos; el Ayuntamiento se allana a que a pesar de que ENERTEC no cumpliera su compromiso de mantener la actividad industrial –y por tanto los empleos-, consigue lo que se propuso desde un principio: eliminar suelo industrial en el Arco de Ladrillo, convertirlo en residencial y continuar adelante con el plan previsto unos años antes en torno a la pomposa “Ciudad de la Comunicación”.

Fin de la crónica: se construyeron las viviendas

Corría  el año 2005. La empresa DIURSA  estaba en pleno proceso de acometer la construcción de los cuatro edificios que se vendieron como “Conjunto Residencial del Tercer Milenio. Pero para ello solicitó, por medio de su representante D. Pedro Roldán Fernández, la descatalogación de las naves industriales del ya antiguo ENERTEC. Estas naves ya habían sido objeto con anterioridad de alguna descatalogación quedando clasificadas como P3 (Protección estructural –es decir nave completa-) y la fachada de una nave aislada como P4 (protección ambiental –es decir fachada solamente-).

La solicitud de DIURSA fue aceptada parcialmente permitiendo que eliminase las fachadas laterales, aunque “conservándose las cinco primeras crujías estructurales de las naves”, y no fue autorizada la destrucción de la fachada de la nave aislada.

Se procedió, por tanto, a la modificación puntual del PGOU para este sector de la ciudad que se conocía como APE 47 “ENERTEC” (Área de Planeamiento Específico 47)… Y los edificios comenzaron a construirse.

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