Mesa redonda
Mesa redonda "En torno a los centros de producción" en la edición de 1989 de la Muestra Internacional de Teatro de Valladolid. De izq. a dcha.: Ricardo Iniesta, Luca Dini, Julia Valeri, Fernando Herrero, Guillem Jordi Graells, Antonia Arranz y Fernando Urdiales. Foto: Revista ADE

En 1999, el Gobierno Municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Valladolid puso fin a la Muestra Internacional de Teatro y Danza de Valladolid, uno de los programas culturales que, junto a la SEMINCI, más proyección internacional dio a la ciudad.

Se cerraba así, abruptamente, una programación  que nació en 1979, con el primer Ayuntamiento democrático tras la Dictadura.

Fueron  19 ediciones no exentas de polémica y dificultades que, no obstante, no impidieron que la Muestra se convirtiera en uno de los acontecimientos culturales más significados en el panorama teatral internacional. El festival tenía un historial impresionante: 250 compañías de 31 países, más de 300 espectáculos de los que 150 fueron estrenos en España y casi 70, estrenos absolutos… Por la Muestra pasaron los mejores artistas del momento en danza, teatro y música, representando siempre lo contemporáneo y especialmente las vanguardias europeas y norteamericanas.

Cartel de la octava edición de la Muestra Internacional de Teatro.
Cartel de la octava edición de la Muestra Internacional de Teatro.

Bajo el pretexto de que se había inaugurado el renacido Teatro Calderón, el entonces concejal de Cultura, Alberto Gutiérrez Alberca (que luego desembarcaría en la Fundación Siglo de la Junta de Castilla y León), en nombre del Partido Popular en el Ayuntamiento, aquel año de 1999 argumentaba que “los tiempos han cambiado” a lo largo de veinte años, y lo que era suficiente en el pasado  era, en realidad, algo demasiado “intelectual y vanguardista”… “sin embargo (ahora) la ciudad de Valladolid cuenta con el teatro Calderón, recientemente rehabilitado y en funcionamiento”. Unos argumentos que chocaban con los grupos Socialista e Izquierda Unida, que ponían el acento en que la Muestra no era una simple programación de espectáculos, sino un momento álgido en torno a las artes escénicas, y uno de los espacios de  encuentro  más punteros del panorama teatral.

Pero, lo cierto es que aquel debate era el funeral de la Muestra, que arrastraba  una historia de desencuentros entre los gestores municipales socialistas y el Partido Popular.

La Muestra Internacional de Teatro (luego se añadiría lo de Danza –aunque la danza al igual que la música formaron parte del festival desde tempranas ediciones-), nació en 1979 de la mano de la concejala de Cultura del PSOE Pilar García Santos, que bajo su mandato también impulsó la Escuela de Teatro y los festivales de jazz. La Muestra se recuerda como uno de los festivales más importantes de Europa de su época.

Oposición de León de la Riva

Diez años más tarde, la Muestra estuvo a punto de desaparecer tras no programarse en 1989, por la negativa de los grupos Popular y CDS  a asumir los costes y la filosofía de la programación (Rodríguez Bolaños, alcalde del PSOE, gobernaba en minoría). Aquello hizo temer por el futuro del festival, hasta el punto de que el prestigioso crítico Fernando Herrero se lamentara en enero de 1990 del “desastre que significa la desaparición de la Muestra, con su coherencia y rigor, que parece no importar a nadie”.

La Muestra tenía, no obstante, un prestigioso historial basado en teatro de texto, performances, marionetas, coloquios y seminarios,  e incluso espectáculos musicales. La Muestra acostumbraba a incluir en su programa estrenos exclusivos en España tanto de grupos nacionales como extranjeros de primer nivel. El periodista Luis Miguel de Dios, en mayo de 1988 escribió en el diario EL PAÍS,  que el festival se trataba de “uno de los festivales más vanguardistas de Europa y uno de los más prestigiosos fuera de nuestras fronteras”.

La compañía Living Theater en la Muestra de Valladolid de 1981. Foto: LAPRESSE
La compañía Living Theater en la Muestra de Valladolid de 1981. Foto: LAPRESSE

Un prestigio que no le impidió numerosos y graves contratiempos: precisamente aquella edición de 1988 contó con la negativa del entonces consejero de Bienestar Social y Cultura de la Junta de Castilla y León, Sr. León de la Riva, a que la Comunidad Autónoma aportara los siete millones de pesetas que había otorgado el año anterior. Una negativa que ya se había hecho notar en la campaña electoral de 1987, cuando los centristas del CDS y, sobre todo, los populares tildaron el festival de elitista porque estaba dedicado solo para una minoría y que, además, presentaba “muchas obras no habladas en castellano” , y que, por tanto, el programa debía incluir “espectáculos más nuestros y que entendamos”.  El consejero León de la Riva, recuerda Luís Miguel de Dios, “ya anunció en septiembre (de 1987) que la Junta no apoyaría el festival porque no era de su agrado”. Claro que no le iba a la zaga el CDS, cuando emitió un comunicado en el que indicaba que lo primero que había que hacer era “asfaltar calles y arreglar carreteras (pues) esa cultura era un lujo para Valladolid”.

Facturas impagadas

Pero, cierto es que la Muestra también se encontró con algún otro contratiempo de su propia cosecha, que alimentó la clara intención de la oposición municipal de cargárselo. Y uno de aquellos avatares ocurrió en noviembre de 1989:  en la Fundación Municipal de Cultura se “descubrieron” facturas impagadas por un importe de más de ocho millones de pesetas correspondientes a la Muestra Internacional de Teatro. Asunto, sin duda grave, que no hizo sino surtir de munición al Partido Popular para poner el acento en  la  inviabilidad del festival.

Imagen de Théâtre Tattoo, compañía creada en los años 80 en Yugoslavia, presente en una de las ediciones de la Muestra.
Imagen de Théâtre Tattoo, compañía creada en los años 80 en Yugoslavia, presente en una de las ediciones de la Muestra.

La casi permanente incertidumbre sobre las aportaciones económicas de otras instituciones, como eran la Junta de Castilla y León y el Ministerio de Cultura, hacía que con frecuencia la programación de cada edición se cerrara con escasos meses de antelación, lo que dificultaba contar con los grupos que la dirección del festival hubiera deseado. A mayor abundamiento, la Muestra carecía de estructura de personal propia con dedicación digamos exclusiva, y que hubiera que recurrir a los funcionarios de la Fundación Municipal de Cultura, que veían aumentada su carga de trabajo y, además, siempre programando  contra reloj.

Haciendo un inciso,  y parece una desgraciada coincidencia,  en pleno debate sobre el futuro del festival, el consorcio de la Feria de Muestras anunció en 1991 que se iba a derribar el Teatro Valladolid. Aquello suscitó una encendida polémica acerca de las dotaciones culturales de la ciudad. El Teatro Valladolid estaba muy ligado a la historia del teatro local y, además, eran pocos los recursos escénicos que tenía la ciudad. Se creó un colectivo de profesionales, aficionados y docentes relacionados con las artes escénicas contrario al derribo y fueron varias las actividades que se realizaron al respecto… lo que no impidió que terminara por derribarse al año siguiente.

…Y continuamos con la Muestra Internacional de Teatro.

Giro inútil

La Muestra a partir de la edición de 1993 da un giro conducente a acentuar su personalidad y mantener su prestigio. Así, inicia una andadura en la que cada edición giraría en torno a una idea o discurso central, con lo que en opinión de Javier Dámaso, “ganó en coherencia como certamen al hacer una aportación particular al panorama español”.

No obstante, nada parecía servir para asegurar el futuro de la Muestra, pues era claro que la decisión estaba tomada a partir de 1995, año en el que el Partido Popular pasó a gobernar con mayoría absoluta el Ayuntamiento de Valladolid. Solo faltaba la coartada para terminar con la Muestra, asunto que debía tomarse con la suficiente “delicadeza” como para que no se convirtiera en un problema de difícil digestión para el  nuevo equipo municipal. Solo había que esperar a que concluyeran los trabajos de rehabilitación del teatro Calderón, cosa que ocurrió en abril de 1999, y así poder justificar que la Muestra ya no era necesaria, tal como manifestó  el concejal de Cultura, Gutiérrez Alberca, en el pleno municipal de octubre de aquel mismo año, cuando dijo que “comprende que haya algún nostálgico de la Muestra (pero que) considera más interesante apostar con una programación completa, anual y de temporada, unida a una política de abonados… sin limitarse (como hacía la Muestra) a una semana o unos temas”.

La decisión del Partido Popular de no continuar con la Muestra alegando la reapertura del Teatro Calderón, fue acompañada con la primera y sucesivas ediciones del festival de Teatro de Arte en la Calle (TAC). Sin embargo, como apunta Miguel Ángel Pérez, gestor cultural y subdirector de la Muestra entre 1985 y 1987, “ni el Teatro Calderón ni el TAC exhiben espectáculos como los vistos en Valladolid en aquellos momentos” (de la Muestra).

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