Las obras que costaron más de 22 millones de pesetas espolearon la protesta ciudadana y el antimilitarismo en Valladolid
Las obras que costaron más de 22 millones de pesetas espolearon la protesta ciudadana y el antimilitarismo en Valladolid

El bulevar de Gamonal no ha sido la primera ni será  la última obra que pone en pie de guerra a la ciudadanía. En Valladolid, donde están decididos al despilfarro de un millón de euros en rehabilitar e instalar un ascensor en la torre de la catedral, hace ahora 30 años se gastaron más de 22 millones de pesetas en unas obras de infraestructura "necesaria" para la celebración del desfile de las Fuerzas Armadas de 1984.

Los vecinos recibieron atónitos el anuncio del Ayuntamiento de que era "necesario levantar las medianas del segundo tramo del paseo de Zorrilla para que la calzada tuviera la anchura precisa para que puedan desfilar en formación, la tropa y los carros de combate".

El desfile de las FAS, programado para el domingo 27 de mayo, provocó una movilización ciudadana de rechazo no esperada por las autoridades. Desde las primeras semanas del nuevo año se sucederían las reuniones para articular la respuesta a los planes del Ministerio del Ejército, cuyo titular era Narcís Serra, y del Ayuntamiento, cuyo alcalde era el también socialista Tomás Rodríguez Bolaños, que trató inútilmente de convencer a los vecinos de que las obras supondrían un beneficio para la zona.

"Después del desfile se volverán a construir las medianas, procediéndose además, a su reforma, modernización y mejor dotación", pregonaba el Ayuntamiento.

Pero los vecinos de la Zona Sur estaban ya enfrentados con el Ayuntamiento por el Plan Juan de Austria y consideraban que el gasto de las obras era "un dispendio" y que podría emplearse en otras cosas.

Las protestas en la calle, encabezadas por la Federación de Asociaciones de Vecinos, no se hicieron esperar y a mediados de marzo tenían ya un fuerte respaldo ciudadano, con un encadenamiento en los 500 metros de mediana central comprendida entre el antiguo campo de fútbol José Zorrilla y el matadero.

Un policía corta la cadena que unía a los concentrados en la mediana central del Paseo de Zorrilla. Foto: Cacho
Un policía corta la cadena que unía a los concentrados en la mediana central del Paseo de Zorrilla. Foto: Cacho

El PSOE de Valladolid criticó a varios colectivos ciudadanos y a algunos medios de comunicación por su oposición a las obras en la artería más importante de la ciudad:

"La ejecutiva socialista  analizó la constante manipulación que se está llevando a cabo con el tema de las medianas del paseo de Zorrilla, manipulación tanto por parte de ciertos medios informativos como de los movimientos ecologistas, sociales y la Federación de Asociaciones de Vecinos".

"El Ayuntamiento", añadían los socialistas, "ha comunicado repetidas veces que la supresión de las medianas era una obra prevista y necesaria, y que, además, se iban a reponer. No entendemos cómo determinados medios de comunicación y diversas asociaciones hacen oídos sordos a los responsables municipales, y tratan de confundir a la opinión pública en un asunto suficientemente explicado de una transcendencia no mayor que otros problemas que la ciudad tiene planteados".

El comunicado del PSOE finalizaba: "Eso sí es asunto propicio para la propaganda y la desviación de las preocupaciones de la opinión hacia temas de escasa transcendencia municipal".

El soldadito-esqueleto

Pero la reiterada campaña de intoxicación oficial no pudo parar las protestas para una intervención que le tocó asumir en primer lugar al concejal de Vías y Obras, Valeriano Martín. A los vecinos se les intentó apaciguar con que parte de los trabajos correrían a cargo de Defensa y no del Ayuntamiento. "El dinero saldrá de los bolsillos de los contribuyentes e irá destinado a realizaciones que ahora no hacen falta", se dijo.

El soldadito-esqueleto icono de las protestas realizado por Manolo Sierra.
El soldadito-esqueleto icono de las protestas realizado por Manolo Sierra.

El icono de aquellas protestas fue un soldadito-esqueleto, con su casco, fusil al hombre y botas pisoteando una paloma, obra que realizó el artista Manuel Sierra y que firmó como "Durruti" (Dep. Legal VA-146-84).

Mi relación con el ejército fue siempre conflictiva (por decirlo suavemente): un servicio militar con dos campamentos de instrucción y un batallón de castigo recién salido de la cárcel",  confiesa el artista leonés afincado en Valladolid.

"Si el ejército tuvo alguna influencia benéfica sobre mí, fue producirme una alergia incurable que me impide ver nada positivo en la cosa militar: carteles y murales contra el ingreso en la OTAN, contra los cementerios nucleares que son finalmente militares, contra los campos de tiro invasivos, por la objeción de conciencia y por la insumisión", afirma Sierra.

"Este cartel de 1984 viene de un encargo a través de colectivos urbanos coordinador desde el barrio de la Rondilla. Como casi siempre, poco tiempo y pocos medios y un para de días y un rotulador, una sola tinta) y un formato vertical que permitiese colocarlos con facilidad por la calles y locales al tiempo que aludiese a las medianas por las que pasaría el desfile de las Fuerzas Armadas en Valladolid aquel año", dice Manuel Sierra, que se pregunta: "Fuerzas Armadas, ¿contra quién?, ¿para defender qué?...".

"La muerte desfilando, marcial y mortífera pero también ridícula como en aquel cartel que hice un Primero de Mayo para la CGT (vivía todavía Eladio, ¡salud!, amigo) que decía: "A por ellos que son muchos y cobardes"... o como la canción de Brassens cuando dice: Es que la música militar nunca me supo levantar", confiesa Manuel Sierra.

Primer escrache

Otra de las acciones en la calle muy sonada fue a mediados de mayo, a pocos días del desfile, cuando varios centenares de personas, convocadas por el Colectivo Ciudadano por la Paz y el Desarme intentaron formar una cadena humana en las inmediaciones de la Academia de Caballería.

Encadenamiento en la mediana del Paseo de Zorrilla. Foto: Cacho
Encadenamiento en la mediana del Paseo de Zorrilla. Foto: Cacho

La cadena, que se saldó con ocho detenciones, coincidió con el regresó a la Academia de Caballería de militares que venían de participar en los actos de entrega de banderas constitucionales a tres unidades de la zona.

Los manifestantes acosaron e insultaron a los militares, que fueron calificados de "parásitos sociales", en lo que fue un antecedente de lo que luego hemos conocido por escrache.

El mismo día había tenido lugar una multitudinaria manifestación -unas diez mil personas- en contra de la política fiscal del Ayuntamiento, y en la que también se gritó contra el Día de las FAS. Durante toda la semana del 7 al 13 de mayo tuvieron lugar sentadas en la plaza San Pablo, frente a la sede de la VII Capitanía Militar, en las que actuó con violencia la policía.

Desfile

Al final llegó el 27 de Mayo y 6.000 soldados desfilaron por el paseo de Zorrilla, 400 vehículos -cañones antiaéreos, unidades motorizadas, etc.- invadieron la calzada y casi un centenar de aviones surcaron el cielo. En la tribuna, instalada a la altura de Juan de Austria, los reyes y el príncipe, acompañados por el presidente del Gobierno, Felipe González, y su ministro de Defensa, Narcís Serra, y el capitán general de la VII Región Militar, teniente coronel Prudencia Pedrosa Sobral, que abrió la parada militar.

Ese mismo día, en Madrid, en el estanque del Retiro, tenía lugar otro desfile, este desmilitarizado, convocado, entre otros, por la Comisión Anti-OTAN; Movimiento de Objeción de Conciencia; Colectivo Feminista Lesbianas; Grupo de Mujeres de Carabanchel... La convocatoria de este acto se hizo también con el soldadito-esqueleto. El mismo que se recuperaría para la protesta contra el Desfile de las FAS del 2 de junio de 2012, otra vez en Valladolid: "Ni privilegios reales ni gastos militares. Servicios públicos y sociales".

El desfile, en medio de fuertes medidas policiales, se celebró sin ninguna alteración. La propuesta barajada por el Colectivo Ciudadano por la Paz y el Desarme de realizar un 'salto' en la mitad del paseo de Zorrilla no se materializó. Y mientras el centro de Valladolid era tomado por el ejército, unos 2.000 ciudadanos participaban de un Festival Pacifista organizado en Fuente del Sol.

Vehículos pesados circulando por el paseo de Zorrilla sin la mediana. Foto: Cacho
Vehículos pesados circulando por el paseo de Zorrilla sin la mediana. Foto: Cacho

Después del 27 de mayo de 1984 en Valladolid cambiaron algunas cosas. El movimiento antimilitarista saldría reforzado como lo demostraría dos años más tarde, cuando Felipe González convocó el referéndum de la OTAN, el 12 de marzo de 1986: 52,5%, Sí; 39,8%, No; y una participación del 59,4%.

Durante años, el movimiento de objeción de conciencia protagonizaría sonoras protestas y una fecha y un nombre clave: Juan Ángel Cantalapiedra, objetor insumiso desde 1988 que sería condenado a 2 años de cárcel por su negativa a cumplir el servicio militar en 1993.

Juan Ángel Cantalapiedra y Jesús Ojeda, en el Ateneo Republicano de Valladolid.
Juan Ángel Cantalapiedra y Jesús Ojeda, en el Ateneo Republicano de Valladolid.

Jesús Ojeda: La paz es el camino

Jesús Ojeda, investigador en Ciencias Sociales y participante en los hechos que se describen, relata a continuación acciones antimilitaristas de 1984 en Valladolid.

Una primera intuición al recordar lo acontecido, parafraseando a Mahâtma Gandhi: Una fuerza más poderosa que sus perros, sus porras y sus cárceles se hizo presente entre un grupo de gente común en la primavera de 1984 en Valladolid, había que crear un estado de opinión sobre el modo de convivir en paz.

¿Cómo entenderlo? Puede ayudar una breve aproximación al contexto histórico, un análisis sucinto de la eclosión del movimiento pacifista, la descripción de las acciones y el sentido que se quería dar a las mismas de un colectivo de gente que se oponía a la ocupación militar y a la realización del desfile militar. Estas son las reflexiones y el discurso de los hechos en memoria de los que participaron y de aquellos que se solidarizaron, de quienes nos ignoraron y de aquellos que dando o siguiendo órdenes nos golpearon, nos detuvieron e hicieron posible que todavía hoy siga vivo el debate sobre los caminos de la paz y el cuestionamiento de la necesidad de los ejércitos para resolver los conflictosi.

Momento en el que una persona es detenida durante una sentada en la Plaza de San Pablo. Foto: Cacho
Momento en el que una persona es detenida durante una sentada en la Plaza de San Pablo. Foto: Cacho

Hay coincidencia en los estudios de la ‘transición española’ en situar las postrimerías del año 1975 como un tiempo nuevo abierto a posibles cambios sociales. Ahora bien el que escribe este relato se suma al punto de vista de Gustavo Martín Garzo; para el escritor vallisoletano “ese cambio fue posible porque existió un pacto de silencio. Un pacto que, sin duda, está en la base de la crisis posterior de la izquierda, y pienso en lo que tanto el PSOE como el PCE representaron para este país y que, obviamente, han dejado de representar; pero también del sentimiento de que nadie dijo la verdad, y que la transición fue, sobre todo, una gran operación de maquillaje donde todos los participantes decidieron callarse lo que les convenía…, la transición fue, ante todo, el arte de eludir las preguntas”ii . España era un país que despedía al represente de una larga dictadura, consecuencia de un golpe militar y de una guerra incivil, en la cama de un hospital, y que en diversos lugares se asistía a la gestación de colectivos cuyos modos de actuar en acciones públicas, en lo expresado en sus manifiestos y en sus opciones personales eran la muestra naciente de un movimiento pacifista a la españolaiii. El gobierno y los aparatos armados del Estado consideraban que “el enemigo” más importante del que tenían que defenderse residía en el interior, y por consiguiente había que identificarlo iv. ¿Quién era el enemigo? En teoría los grupos opuestos al régimen, calificados como subversivos, violentos, protagonistas de actos terroristas, y por su puesto antipatriotas; de una forma práctica se amplió este concepto de enemigo interior a todas las personas que pudieran pertenecer a grupos de derechos humanos, asociaciones políticas, comunidades religiosas, sindicatos, clubes juveniles y entidades culturales.

Por otro lado era una realidad el peso de la cuestión militar, y ante ello se hicieron presentes posiciones políticas, y actitudes de grupo y personales, con ejemplos a destacarv. No obstante se ha de reconocer la dificultad política para realizar el tránsito hacia fórmulas de democracia formal después de cuarenta años de dictadura militar. El primer paso fue la redacción de una ley para la reforma políticavi. Posteriormente la Constitución española de 1978, fruto de consensos y de ‘reconsensos’, de cesiones de difícil encaje con los planteamientos históricos de los grupos políticos, en especial desde posiciones socialistas y comunistas, recogerá en sus más de 160 artículos una detallada enumeración de derechos e intenciones. En concreto el artículo 30, tras el enunciado general de que todo español tiene el derecho y el deber de defender a España, establece que la ley “fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia, así como las demás causas de exención del servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una prestación social sustitutoria”, y añade en el apartado tercero que se podrá establecer “un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general“. En el espíritu del articulado flota un mínimo de sensibilidad hacia las actitudes cada más generalizadas de desobediencia hacía la conscripción militar.

Según analiza Pedro Oliver, profesor de historia contemporánea en la Universidad de Castilla-La Mancha, al tiempo que se hacía más patente el miedo a un golpe militar, el ejército seguía siendo un poder fáctico real en estos tiempos de transición, “ a pesar de (y frente a) la presión de la cuestión militar, también se fue tejiendo un nuevo movimiento social pacifista”; con dos peculiaridades “el sentido que atribuyeron a la radicalidad de la desobediencia civil y el peso ideológico del antimilitarismo”vii. La “cuestión militar” pesaba demasiado tanto antes como después de 1977, pues en el imaginario militar seguía presente la idea de vencedores y vencidos, por lo que, tolerada la existencia del PSOE en el concurso político, no podía ser asumido por el estamento militar la legalización de un partido, el PCE, considerado el enemigo mayor, la representación histórica de una parte de los derrotados en la contienda incivil. De tal modo continúa el profesor Oliver:

“En todo aquello que afectaba a la escala de valores que los militares franquistas y sus mentores consideraban propios del ámbito de competencia del ejército se les hubo de tener directa o indirectamente en cuenta. Lo que conmovía al sentimiento militar, lo que trastocaba la cultura militar del momento, rápidamente se convertía en material político altamente sensible: la conciencia enquistada de un creciente autonomismo militar que idealizaba al ejército como fiel vigilante de la integridad de la patria y de la unidad nacional; y la representación de los enemigos internos de España y del propio ejército, aunque algunos fueran muy minoritarios”viii .

Y sin embargo se legalizó el PCE, el sábado santo rojo de 1977, dejando pendiente el derecho de otras opciones republicanas y de izquierdas a ser legalizadas, se llevaron a cabo reformas económicas como los Pactos de la Moncloa (1977) con la imposición de grandes sacrificios a la clase obrera, se intentó poner bajo la disciplina política del Gobierno las asonadas de los cuartos de bandera de los cuarteles, con el nombramiento de ministro del general Gutiérrez Mellado ante la escalada de asesinatos a manos de ETA y del GRAPO. Las reformas políticas culminaron por fin en la Constitución (1978).

La amnistía de junio de 1977 intentó hacer tabla rasa de los delitos cometidos desde el golpe militar de 1936 y de una forma especial hacer olvido de los crímenes de la dictadura. Aún hoy hay que seguir haciendo memoria de lo que se ha clasificado como crímenes de lesa humanidad, y por tanto no pueden ser objeto de amnistía y olvido. Para entender en parte la prepotencia y el poder de consulta exigido por el ejército, se ha de analizar desde la institución de la monarquía y su reinstauración en la figura de Juan Carlos I. Él fue nombrado por Franco e identificado como la máxima jerarquía militar, dándose esa transferencia de fidelidad propia del sentir militar, de Franco al rey sin interrupción. De ahí se puede colegir cómo la Constitución española contiene “elementos de una ambigüedad calculada en lo que respecta a las responsabilidades del monarca, pues un artículo le atribuye el mando supremo del ejército y otro responsabiliza de la defensa de la nación al gobierno”ix. Ante este modo de imposición de lo militar, surgirá un movimiento de protesta con otra concepción de la convivencia, que poco a poco se hará visible en el final de la década de los sesenta y con una mayor incidencia en los setenta.

El ambiente político se complicó mucho más con las luchas intestinas de ‘las familias políticas’ que constituían el endeble entente de la UCD, cuyos componentes eran herederos en parte del régimen dictatorial en el gobierno de Adolfo Suárez, con el golpe militar del febrero de 1981; fracasado este, no se pudo cumplir su objetivo el de un gobierno militar con el apoyo de los partidos en su configuración. Es un hecho documentado que el general Alfonso Armada acudió al Congreso de los Diputados, aunque él lo niegax, en pleno secuestro intentó hacer llegar dicha propuesta, al parecer sin la autorización expresa del rey. Todo ello contribuirá a la necesidad de un cambio de Gobierno.

Con el acceso al poder del PSOE en octubre de 1982, fue patente la sensación de dar inicio real a un modelo de democracia a la europea. Coinciden los analistas de este periodo que el triunfo socialista en las urnas supuso un resucitar del entusiasmo producido en abril de 1931 al proclamarse la Segunda República. La figura de Felipe González transmitía cercanía y confianza en los cambios sociales, políticos y militares deseados. Puso como ministro de Defensa al alcalde de Barcelona, Narcís Serra, él había organizado el desfile anual de las Fuerzas Armadas en su ciudad y tenía buena imagen ante los mandos militaresxi. Para Javier Tusell el nuevo Gobierno socialista hubo de enfrentarse con tres problemas importantes, el primero de ellos la consolidación del modelo de democracia formal ante nuevos intentos de golpe de Estado militar, el segundo las reformas económicas, y el tercero la integración del país en las instituciones de la órbita democrático-occidental. Para este historiador ya fallecido, una vez superada la etapa de un golpe blando, “los militares golpistas plantearon desde 1982 una actuación violenta desde el principio, con asesinatos de figuras de la cúpula del poder”xii. El golpe estaba preparado para ejecutarlo entorno a las elecciones de octubre de 1982, teniendo de nuevo como referentes a Milans del Bosch y a Antonio Tejero con una larga lista de potenciales colaboradores. El centro de espionaje (CESID) pudo parar su realización, los protagonistas fueron condenados a doce años de prisión y expulsados del ejército en 1984. Las intentonas continuaron, siendo la más espectacular la que se planeó con motivo de la celebración del Día de las Fuerzas Armadas en La Coruña en 1985, el objetivo era volar la tribuna de autoridades. Un chivatazo de última hora lo impidió pero no pudo inculparse a nadie por falta de pruebas.

Con este panorama, lo militar cotizaba a la baja, mientras crecía un sentimiento antimilitarista en el sentir popular, a ello se unían las reflexiones de grupos a favor de otros valores de paz y de plantear otros medios en la resolución de conflictos sociales y en las relaciones internacionales. Para el profesor Oliver era evidente que el ‘pacifismo sociológico’ estaba inserto en la cultura política del momento como un rasgo de intuición que abría otras perspectivas de convivencia social, que impulsaba la movilización pacifista con una composición peculiar de grupos de noviolencia, antimilitaristas y objetores de conciencia. En su opinión destacan dos características genuinas: “La primera de las singularidades nos sitúa ante un movimiento pacifista ideológicamente radicalizado, en dos vertientes trascendentes para la época y para el futuro: por un lado, el uso de la desobediencia civil frente al servicio militar obligatorio, cuyo significado, de por sí radical y provocador, se amplificaba aún más de manera circunstancial porque se ejercía frente al ejército heredado de la dictadura; y por otra parte, el hecho de que ganara un peso tan importante la impronta antimilitarista del pacifismo, un rasgo que en otros países nunca adquirió esa relevancia. La segunda peculiaridad importante nos muestra a un movimiento pacifista que tuvo que crecer en solitario pero dentro del imaginario de la izquierda política, algo que no debe interpretarse como sinónimo de aislamiento (buena parte del movimiento pacifista nunca dejó de estar entramado con otros movimientos sociales)”xiii. Un brote más de desobediencia civil se sumo la objeción fiscal a los gastos militares y la renuncia de algunos trabajadores a ocupar puestos de trabajo en las líneas de producción de vehículos miliaresxiv

Mientras tanto desde el Gobierno se diseño una reforma del ejército con un objetivo más o menos claro sobre la primacía del poder civil sobre el militar, que se conocerá a lo largo de 1985, se propuso incorporar al ejército a los militares de la UMD, se constituyeron las primeras asociaciones de soldados para la defensa de los derechos humanos en los cuarteles, se elaboró el texto para su discusión de la Ley de Objeción de Conciencia, que se publicará en el BOE el día de los santos inocentes (28 de diciembre de 1984)xv. En consecuencia se quiso disminuir más que acabar con la evidente autonomía militar de la que hacía gala el ejército español en esos tiempos. Y quedaba sin decidir la continuidad de España en los comités políticos y militares de la OTAN, habrá que esperar a marzo de 1986 para ver la contradicción y el engaño del Gobierno socialista.

Otro cartel editado contra el desfile de las FFAA.
Otro cartel editado contra el desfile de las FFAA.

¿Y en Valladolid?

El doctor en historia Constantino Gonzalo lo resume de esta manera: “En el año 1984 la campaña por la salida de la OTAN se desarrolla con el ruido de fondo de los tanques y la protesta vecinal. La polémica vino cuando Valladolid asumió la organización del desfile del Día de las Fuerzas Armadas, que debía desarrollarse en la principal avenida de la ciudad, el paseo de Zorrilla, para lo cual debía adaptarse al tráfico de vehículos de gran tonelaje como son los carros de combate. Para ello el Ayuntamiento tenía que eliminar las medianas del paseo, medida a la que se opuso la Federación Vecinal, por acuerdo de su Junta Directiva” xvi. Era una buena ocasión para poner sobre la mesa, una vez más, cuestiones tan transcendentales como “la problemática de la paz, el desarme, los gastos militares, la educación relacionada con estos temas, la contribución que puede realizar nuestro país para conseguir un clima de paz y justicia en el mundo que garantice la libertad, bienestar y seguridad de la humanidad…” en estos términos se expresaba el Colectivo Ciudadano por la Paz y el Desarme (CCPD) en febrero de 1984, y que se recogía como texto de motivación en el folleto informativo de una Semanaad hoc que combinaría desde el 7 al 13 de mayo en distintos espacios del edificio de la Universidad, proyecciones de películas (“El juego de la guerra”), charlas-coloquio sobre objeción de conciencia, sobre la OTAN y las Bases norteamericanas, sobre gastos militares y crisis económica, sobre pacifismo frente a militarismo, sobre el partido de los Verdes alemanes, con la realización de una cadena humana que uniera la sede de Capitanía, el edificio del Ayuntamiento y la Academia de Caballeríaxvii. El lunes 14 de mayo, en el Colegio San Viator, de carretera de Circunvalación, doce personas harán un ayuno político, convocado por el CCPD, durante siete días. Los objetivos de esta acción eran: “Denunciar públicamente la inmoralidad que suponen los actos de exaltación militar, la violencia que azota nuestra sociedad y los gastos desmesurados, en progresivo aumento, dedicados al ejército y armamento en detrimento de los sectores más desfavorecidos de la sociedad… Invitar a la reflexión y participación activa en acciones por la paz”. Las razones que se exponían para justificar la elección del ayuno político tenían su base en ser una acción no-violenta, destacando su coherencia, siendo un gesto “que nos compromete a nosotros mismos sin perjudicar a nadie…” y por tanto” eficaz para el cumplimiento de nuestros objetivos y comprensible para la opinión pública”xviii. Se puede leer en el diario de uno de los participantes:

“Llevamos cuatro días de ayuno y, aunque estamos debilitados, nuestro ánimo no decae; el motivo de nuestro ayuno nos hará resistir hasta el final. Y nos sentimos apoyados por las personas que nos visitan, más de 250 hasta hoy, así como las que se van uniendo a nuestro ayuno. Hoy, jueves, somos 18 y para mañana viernes se han comprometido más de 30. El tiempo lo pasamos en estudiar, pasear, reflexionar sobre el armamentismo, la noviolencia, la convivencia difícil, defensas alternativas…”xix

A su vez con este gesto los ayunantes querían denunciar, así se refleja en el texto que se hizo llegar a los medios de comunicación, los gastos que se estaban realizando en los preparativos del desfile militar a celebrar el día 27 de mayo, la violencia inusitada por parte de la policía en reprimir las protestas por el levantamiento de las medianas del paseo Zorrilla y de la cadena pacífica en protesta por el desfile militar. “Queremos denunciar”, se dice textualmente, “el cinismo del gobernador civil al manifestar que era incierta la utilización de porras eléctricas por parte de la policía…la detención abusiva durante estas acciones…” Y concluía denunciando “el significado de educación para la violencia que significa (sic) la exaltación de lo militar, especialmente entre los niños”.

Portada del díptico de la 'Semana por la paz y el desarme'.
Portada del díptico de la 'Semana por la paz y el desarme'.

Las acciones se incrementaban, desde el domingo 20 hasta el sábado 26 de mayo, cine-forum en el Instituto Superior de Filosofía de Plaza de San Pablo, con debates sobre las características de la acción noviolenta, sobre economía y gastos militares, sobre grupos alternativos en Valladolid, sobre objeción fiscal, sobre evaluación de las acciones realizadas, y mientras “sentadas silenciosas en la Plaza de San Pablo de 20 a 20,30 a lo largo de toda la semanaxx. El CCPD, convocante de la sentada, hizo público este comunicado de cuatro puntos el 23 de mayo ante la detención y arresto de varios manifestantes:

1.- Denunciamos la actitud intransigente de las autoridades, que nos impide expresar nuestra opción pacifista y además contribuye a crear respuestas ajenas a nuestros objetivos

2.- Valoramos positivamente el desarrollo de la sentada, pues se atenía estrictamente a las características no-violentas (sic) de la misma, y denunciamos la intervención policial

3.- Asimismo (sic) no asumimos las posibles acciones violentas de quienes son ajenos al espíritu de la convocatoria

4.- Pedimos a quienes se unen a nuestra acción compartan nuestra actitud no-violenta”

Al estilo gandhiano se daba cuenta de las acciones y se asumía su realización:

“Hoy sábado, pasadas las 19 horas se han colocado carteles y adhesivos en un buen número de autobuses urbanos de la ciudad. En ellos, sobre frases tales como “CIUDAD OCUPADA”, “CIUDAD-CUARTEL”, aparecía una señal de peligro con un tanque en su interior y la expresión: PELIGRO…MILITARES”

Y se explicaba la acción:

- “LA OCUPACIÓN MILITAR DE LA CIUDAD, que lejos de ser estos días un lugar de convivencia y de vida, se ha convertido en un auténtico cuartel

- “EL CONTROL Y DESPLIEGUE POLICIAL QUE SE ESTÁ LLEVANDO A CABO SOBRE LOS CIUDADANOS, coaccionando hasta el silencio toda disidencia

LA AUSENCIA DE PLANTEAMIENTOS CRÍTICOS Y LIBRES EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, que una vez más aceptan el tabú del ejército

Con la siguiente proposición:

“No seamos hipócritas. La lucha por la paz está lejos de los espectáculos de exaltación del ORDEN ARMADO, la política de bloques, la presencia de bases extranjeras, los gastos militares y la constante sombra del golpismo y las presiones

Se anunciaba en forma resolutiva:

“Por todo ello, mañana domingo no iremos al desfile, convencidos de que el paseo Zorrilla NO SERA UNA FIESTA”xxi

Desfile ante la tribuna, en la que estaban los reyes y el presidente del Gobierno, Felipe González. Foto: Cacho
Desfile ante la tribuna, en la que estaban los reyes y el presidente del Gobierno, Felipe González. Foto: Cacho

Pero aún permanecía la duda de una acción espectacular. Si se había hecho un trabajo de oposición al levantamiento de las medianas del paseo de Zorrilla, tarea realizada por obreros municipales a las órdenes del Ayuntamiento socialista, cómo no culminar con una presencia simbólica de oposición en la misma celebración del desfile. Más de dos mil miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado iban a llevar acabo la protección de los actos. Se habló de un coste cercano a los doscientos millones de pesetas. Voluntarios había para hacer la acción, unos veinte; la noche anterior se había debatido el modo de realizarla y dónde si en el izado de bandera de la plaza Zorrilla, o en las proximidades de la tribuna de honor. Se acordó hacer el salto lo más cerca del cruce con la calle García Morato al paso de una de las unidades a pie. En la tribuna de honor estaría el presidente de Gobierno, el rey Juan Carlos, los miembros de la JUJEM y representantes de las instituciones con sede en Valladolid. La acción se conformaría a modo de cadena saliendo de ambas orillas del paseo. El desfile comenzó a las 12.30 horas encabezándolo el teniente general Prudencio Predosa Sobral, capitán general de la VII Región Militar y detrás de él más de seis mil hombres y cuatrocientos vehículos. La fuerte vigilancia policial y militar, la incomunicación y la falta de acuerdo del momento de saltar, las dificultas físicas para sobrepasar el cordón de seguridad, la poca preparación emocional para tomar la decisión, y muchas más incertidumbres fueron mucho más que evidentes. Ninguno de los componentes tomó la iniciativa y la acción se frustró xxiiEsta vez sí, los medios de comunicación habían respondido al interés como lo reflejan las crónicas, había habido más de 250 detenciones previas, unos para criticar y desmerecer las acciones ya realizadas, y otros para echar de menos una incidencia en el desfile y poder recoger la imagen de impacto del momento, pocos hicieron referencia al fondo de lo planteado, esto es, poner en cuestión la necesidad de los ejércitos y la vía pacifista.

En cambio tuvo lugar al mismo tiempo la concentración autorizada por el Gobierno Civil y organizada por el CCPD. Unas dos mil personas se reunieron en la campa de la Fuente del Sol para celebrar un festival pacifista. Varios grupos musicales amenizaron el ambiente y al final se leyó un comunicado firmado por unos veinte grupos ecologistas y pacifistas de Valladolid, en el que se mostraba “su oposición a la política de bloques y alianzas militares que contribuyen al incremento de la tensión mundial”xxiii.

Hasta aquí la crónica de un tiempo, de unas reflexiones y de unas acciones que, al entender del que suscribe, han contribuido a hacer opinión y dar sentido a otra forma de hacer más humana y habitable la vida en sociedad.


i Hannah Harendt, la teórica política alemana, como gustaba decir de sí misma, reflexionaba en el último periodo de su vida sobre el contenido de los verbos ‘conocer’ y ‘pensar’, para ella era determinante, si la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo está en relación con la capacidad de pensar, en rigor “debemos poder exigir su ejercicio a cualquier persona que esté en su sano juicio, con independencia del grado de erudición o de ignorancia, inteligencia o estupidez, que pudiera tener”. En Arendt,H.(1971) “Thinking and moral considerations”, Social Research, 38/3, pp.417-446.Traducción en castellano: Arendt,H.(1995) “El pensar y las reflexiones morales”, en De la historia a la acción, Barcelona: Paidós, p.114

ii En Martínez , J.(ed.)(2000) La transición española en Valladolid 1974-1982 (De las huelgas de FASA al Mundial de fútbol), Valladolid: DIFÁCIL Ed. p.12

iii Ante el fenómeno de la objeción de conciencia al servicio militar en las Cortes franquistas se habían hecho estas valoraciones: “Los objetores de conciencia son en su mayoría gente trastornada, paranoica, a la que no conviene llevar la contraria para evitar su lógico enfurecimiento” Lafuente del Campo, J.L., Viñas i Cirera, Jesús (1977), Los objetores, historia de una acción, Barcelona: MOC, p.88. Este libro fue secuestrado por la autoridad militar antes de que viera la luz pública, permaneció sellado en los locales de la imprenta hasta que un juez militar levantó el secuestro tres años después.

iv Schmitt, C. (1933)Der Begriff des PolitischenDuncker & Humblot. Berlín.. Traducción en castellano: Schmitt, C (1999) El concepto de lo político, Barcelona: Paidós Estado y Sociedad. El jurista alemán con responsabilidades en el régimen nazi del III Reich, mediante la idea amigo-enemigo teorizaba en 1932 para defender el pensamiento nazi y dar sentido a las leyes de Nuremberg que Hitler promulgó en 1935. Con las ideas schmitianas se han justificado las actuaciones en el régimen franquista (vid. las obras y traducciones de los profesores Francisco Javier Conde y Luis Legaz Lacambra, y las de sus alumnos Sánchez Agesta, Carlos Ollero, Jesús Fueyo, Manuel Fraga…) El mismo Carl Schmitt visitó España dos veces en los años cuarenta, llegando a justificar el golpe de Estado y la contienda incivil como respuesta necesaria. “Todo antagonismo confesional, moral, económico, étnico, etc., se torna en antagonismo político apenas se ahonda lo suficiente para agrupar efectivamente a los hombres en amigos y enemigos» Schmitt, C.(1942): «El concepto de lo político», Estudios Políticos, Cultura Española, Madrid, p.129, citado por López García J.A. La presencia de Carl Schmitt en España. Disponible en la web:

<http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=27373> [Consulta: 10 de abril de 2012]

v Es el caso de José Luis Beunza, más conocido como Pepe Beunza. “…la verdad es que no demasiados lucharon con él en lo que acabó siendo su auténtico vértigo vital y su experiencia política más genuina: la de ser el primero de la reciente historia de la desobediencia civil al ejército. Fue el primer objetor de conciencia antimilitarista en los cuarteles militares de Franco y por eso mismo ha sido invocado infinidad de veces por otros muchos que siguieron su camino. Tal es su auténtica fama” Oliver Olmo, P. (2002) La utopía insumisa de Pepe Beunza. Barcelona: Virus Editorial, p. 7s

vi En palabras del historiador ya fallecido Javier Tusell no se puede hablar propiamente de una reforma política, “en el sentido de que la ultima decisión y el contenido definitivo del cambio quedaba en manos de los ciudadanos…La flexibilidad era tal que bien se pudo decir del texto que venía a ser una ley de transacción para la Transición”, siendo lo fundamental de la misma “la convocatoria de elecciones y la configuración de un marco institucional mínimo para realizarlas” .Tusell, J. “La transición a la democracia”. En Linch, J. (dir) ( 2008): Historia de España, t.20, Madrid, Ed. El País, p.47

vii Oliver Olmo, Pedro El movimiento pacifista en la transición democrática española.p.1 Disponible en la web: <http://webpages.ull.es/users/ctinobar/1docencia/Movimientos/OLIVER.pdf> [Consulta: 10 de abril de 2012]

viii Ibidem

ix Tusell, J. Op.cit.p.90

x Disponible en la web:

<http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/18/espana/1298029534.html> [Consulta 11 de abril de 2012]. Así lo documenta Francisco Laína, presidente del Gobierno provisional en el 23F, en una entrevista con el periodista José Luís Barbería, Disponible en la web:

<http://elpais.com/diario/2011/02/20/domingo/1298177553_850215.html> [Consulta 11 de abril de 2012].

xi Todavía hoy algunos recordamos cómo, con mesa y mantel, el ministro y los mandos militares de La Junta de Jefes de Estado Mayor (JUJEM) en 1984 se jugaron “a los chinos” el tiempo para quienes realizasen los servicios civiles en lugar del servicio militar, con una mayor duración en tiempo como medida punitiva.

xii Tusell, J. Op.cit.p.141

xiii Oliver Olmo, P. El movimiento pacifista en la transición democrática española. Ibídem

xiv El periodista Fernando Valiño escribía en las páginas del desaparecido diario Liberación (12.12.1984) sobre los objetores fiscales en Valladolid que desde años anteriores en la declaración de la renta hacían constar su negativa contribuir con los gastos de defensa: “La objeción fiscal es una buena respuesta. Es la no-colaboración con el despilfarro social que suponen los gastos del Ministerio de Defensa” p.4; y a la Casa de Paz en la calle S.Blas, sede del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) llegaban noticias de que algunos trabajadores de la empresa SAVA-ENASA, al ser desplazados de su habitual puesto de producción de camiones, se habían negado a ser trasladados a las líneas de producción de tanquetas

xv Se hace necesario escribir en otro momento sobre los debates, las presiones y las matizaciones con las que el articulado de la Ley de Objeción se aprobó. Sigue presente en la memoria del que escribe la larga noche de debate con la senadora socialista Carmen Delgado Morais, ya fallecida, antes de la mañana que se iba a realizar “la segunda “lectura del texto en el Senado. El periódico El Norte de Castilla en su edición local del domingo 11 de marzo de 1984 recogía la noticia de que 50 objetores ocuparon la sede del PSOE para manifestar su rechazo al proyecto de Ley Orgánica Reguladora de la Objeción de Conciencia, elaborado por el Gobierno; con esta acción se pretendía ‘refrescar la memoria al PSOE’: “Cuando el partido estaba en la oposición rechazaba la Ley de Objeción que elaboró el anterior Gobierno por considerarla negativa para el derecho a la objeción. Ahora, ya en el poder, su ley no se distancia en nada de aquella de UCD y ha dejado en el cajón su texto alternativo, que aunque no era del todo del agrado de los objetores, era bastante positiva (sic)”p. 8. Después del encierro los objetores encarcelados se dirigieron a la zona de la Rubia para apoyar la protesta contra el levantamiento de las medianas del Paseo Zorrilla

xvi Romero, C. El movimiento vecinal español frente a la OTAN: El caso de Valladolid p.255 Disponible web:http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3795071[Consulta 11 de abril de 2012]. El autor también recoge cómo en la asamblea anual de 1985 se hicieron patentes las posturas en contra de algunas de estas acciones y campañas que distraen esfuerzos del trabajo vecinal por la mejora de la ciudad [Cfr. Federación de Asociaciones de Vecinos de Valladolid (2005), 25 años haciendo ciudad, Valladolid, Edición propia, p.9]

xvii Colectivo Ciudadano por la Paz y el Desarme, Semana por la paz y el desarme del 7 al 13 de mayo, Tríptico policopiado, enriquecido con el cartel de Manolo Sierra, “Mano Negra” a doble imagen de un esqueleto vestido con casco militar, botas, guantes y fusil al hombro

xviii Texto policopiado como octavilla

xix Cuaderno rojo, de titularidad particular, p.3

xx En el texto repartido se decía: “No vamos contra nadie, sino a favor de la paz”. “Si la policía provoca, domina tus nervios”. “Una sentada de paz, vale más que una pedrada”. “El insulto hiere a quien lo profiere”.Y concluía: “Terminada la sentada, nos disolvemos ( A las 8,30 p.m) Texto policopiado como octavilla

xxi Texto policopiado entregado a los medios de comunicación, Valladolid, 26 de mayo de 1984

xxii Un periodista amigo de RNE, Paco Alcántara fue testigo del fiasco.

xxiii Disponible en la webs: [Consultas 11 de abril de 2012].

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1984/05/28/pagina-10/32835320/pdf.html

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1984/05/28/013.html

http://www.portalcultura.mde.es/Galerias/revistas/ficheros/RET_533.pdf

- http://elpais.com/diario/1984/05/27/espana/454456802_850215.html

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