La céntrica Plaza de Cantarranillas es quizá el más reconocible de los lugares de encuentro para el ocio y la cultura nocturna de la juventud local. Es habitual ver gente agrupada en la plaza pasada la medianoche, pero es raro de ver este enclave lleno de vida –tanto humana como animal- a media mañana.

Desde que Gabriel Reyes inició su taller de teatro imagen –una modalidad del Teatro del Oprimido ideado por Augusto Boal- con un numeroso y heterogéneo grupo de participantes, hasta el cierre con el abarrotado concierto de Reggaeliz de palo, la jornada “Cantarranas: por la plaza, desde la plaza”, organizada por el movimiento Valladolid no es ciudad para jóvenes por segundo año, consiguió que cientos de personas no solo transitaran este espacio público, sino que participaran en su vida cultural.

Durante el día, la plaza albergó un Truecadillo donde intercambiar objetos y prendas que han caído en el olvido de los rincones inhóspitos de casa. A su lado, un improvisado muro de cartón se convirtió en soporte de obras de arte efímero, sobre el que artistas locales como Gaspar Francés y Javier Reglero realizaron murales. Ulteriormente, unas jovencísimas promesas del arte urbano modificaron y completaron sus piezas en un ejercicio de experimentación libre y descubrimiento de esos mágicos botes de pintura que son los aerosoles.

Concierto de Rumba con Tumbao en Cantarranas. FOTO: Gaspar Francés
Concierto de Rumba con Tumbao en Cantarranas. FOTO: Gaspar Francés

El menú vegano preparado en el C.S.A. Las Dagas -conformado por falafel casero de garbanzos y lentejas, y patatas cocidas- fue un significativo preludio a lo que los organizadores querían transmitir en la charla. Con el regusto a canela del café de puchero se abrió debate sobre la próxima apertura de un centro social en el barrio de Batallas. El local, alquilado, con biblioteca y varias salas donde programar actividades, pretende ser un espacio para el diálogo y la reflexión social. La conversación versó principalmente sobre la independencia de su financiación.

Edades y alturas muy desiguales compitieron en los juegos populares que propuso la asociación sin ánimo de lucro Estarivel. Igual de diversas fueron las danzas del mundo que compartieron Nicolás de Torres y Alfonso Izquierdo. En cada nuevo baile se añaderon más y más personas al círculo, duplicando su tamaño.

Durante la caída del sol, la revisión del folklore cubano de Rumba con tumbao fue atrayendo a un mayor número de curiosos. Con esta baja iluminación, la asociación Rodinia dio luz a la proyección de una selección de cortometrajes de directores locales. Para el cierre de la jornada, la amplia banda de Reggaeliz de palo marcó el ritmo de esta celebración de la plaza de Cantarranas.


 

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