Martín Rodríguez Rojo y Carmen Lozano esta mañana. FOTO: Gaspar Francés
Martín Rodríguez Rojo y Carmen Lozano esta mañana. FOTO: Gaspar Francés

Carmen Lozano y Martín Rodríguez Rojo, dos activistas sociales vallisoletanos, han viajado a Grecia. No han ido de turismo para ver el Partenón si no para conocer "en vivo y en directo" lo que está pasando en los campamentos y asentamientos de refugiados (Myrsini, Patras, Atenas, El Pireo...), donde se hacinan miles de personas que han huido de sus países en conflicto.

"No hemos podido desplazarnos a Idomeni, a 600 kilómetros de Atenas, por razones económicas y de tiempo. Nos hemos pagado el viaje, la comidita... todo nosotros", afirman.

Tras una semana en Grecia (del 4 al 10 de mayo), los dos activista sociales han regresado a Valladolid con una triple impresión: "Pena, optimismo y vergüenza".

Martín Rodríguez, con años de experiencia acumulada por su dedicación en el Voluntariado de la Universidad de Valladolid, se siente apenado por lo que ha visto: "La mayoría de los refugiados están viviendo en unas condiciones infrahumanas, sin haber visitado Idomeni, donde todos hemos visto imágenes a las personas durmiendo sobre el barro, al borde de la vía del ferrocarril, con niños solos deambulando... Una pena".

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Foto cedida por Carmen Lozano.

"El campamento de Atenas", añade el que ha sido profesor de la UVa, "se ha levantado sobre lo que iba ser el nuevo campo del Panathinaikos Fútbol Club y está formado por barracones, ordenados; cuenta con médicos y profesores de idiomas europeos. Tiene calefacción, agua caliente, refrigeración... El ejército se encarga del mismo y sirve tres comidas al días. Pero todo esto es una excepción. Hay otros 40 campos repartidos por toda Grecia, antes del Pacto de la UE-Turquía, sin que estén bajo una autoridad coordinada. El del Pireo, que es un asentamiento, hay 3000 personas amontonadas, con contenedores de alimentos y ropas cerrados, sin distribuir".

"El campamento de Atenas", añade el que ha sido profesor de la UVa, "se ha levantado sobre lo que iba ser el nuevo campo del Panathinaikos Fútbol Club y está formado por barracones, ordenados; cuenta con médicos y profesores de idiomas europeos. Tiene calefacción, agua caliente, refrigeración... El ejército se encarga del mismo y sirve tres comidas al días. Pero todo esto es una excepción. Hay otros 40 campos repartidos por toda Grecia, antes del Pacto de la UE-Turquía, sin que estén bajo una autoridad coordinada. El del Pireo, que es un asentamiento, hay 3000 personas amontonadas, con contenedores de alimentos y ropas cerrados, sin distribuir".

"Por otro lado, esta situación", continúa el profesor Martín Rodríguez, "supone una oportunidad para construir una sociedad más universal, más universal, más multicultural... Hay que aprovechar y sacar experiencias positivas". 

Los dos activistas sociales cuentan los proyectos que tiene un grupo de profesores de la universidad de Patras para implicarse en ayudar a los refugiados, o los danzantes griegos que ofrecieron sus bailes en un campamento y el agradecimiento expresado por sus residentes.

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Foto cedida por Carmen Lozano.

La última impresión recogida la describen los dos activistas con una palabra: 'Vergüenza'.  Y añaden: "Europa se está portando como una madastra. No quiere que vengan... Sientes vergüenza de ser europeo".

Martín Rodríguez y Cramen Lozano han regresado impresionados también por "el tremendo esfuerzo que está realizando el pueblo griego. Grecia es un país con una economía en crisis. Nuestra estancia ha coincidido con dos huelgas generales por las pensiones, y hemos asistido a algunas manifestaciones".

La estancia de una semana ha dado para un amplio anecdotario: desde encontrarse con los bomberos de Castilla y León hasta con la familia del niño Osman, refugiados afganos que han venido a España.

"Coincidimos con Osman y su familia a la puerta de la Embajada, un edificio precioso en una de las mejores zonas de Atenas, donde no nos querían recibir. Dijimos que no nos moviamos de allí hasta que pudieramos hablar con alguien. Tras una buena espera, nos recibió un cónsul -Juan Saenz de Heredia-  que nos entregó una carta para que nos dirigieramos al Ministerio de Asuntos Exteriores", relatan los dos activistas.

Foto cedida por Carmen Lozano.
Foto cedida por Carmen Lozano.

"El Gobierno español -en funciones o en defunciones- no está haciendo nada, pasa olímpicamente. El Ministro de Exteriores como el resto de ministros de Exteriores del resto de países, tampoco. Hay que poner la mano en la llaga para que el Ministerio destapone las fronteras para que los 17.000 refugiados que dijeron que iban a venir lo hagan", expresan Martín y Carmen, quienes han conocido a gente que quiere regresar a su país en guerra.

"Nos impresionó una mujer en avanzado estado de gestación que nos dijo que quería regresar a Siria. También hemos estado con un chico joven, también sirio, que quiere venir a España. Tiene todos los papeles en regla para venir. Tenemos que hablar con la Delegación del gobierno, con el Ayuntamiento... para que las casas que dicen tienen a disposición de los refugiados se ocupen. Estamos hartos de palabras y gestos, como los que ha habido en la Junta o en la Federación de Municipios. Lo que hace falta es actuar", expresan Carmen Lozano y Martín Rodríguez, que mañana, a las 20.00 horas, estarán en la cacerolada convocada en la plaza Fuente Dorada para contar su experiencia.

Foto cedida por Carmen Lozano.
Foto cedida por Carmen Lozano.

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