250 eslabones por 250 días encierro conformaron esta mañana la cadena humana organizada por la Asociación de Vecinos del Barrio de Pilarica que ha recorrido las principales calles del centro de la ciudad hasta llegar a la Estación para protestar por la situación de aislamiento que padecen los vecinos desde que el pasado mes de septiembre el Ministerio de Fomento decidiera cerrar el paso a nivel.

Agarrados a una cuerda y perfectamente numerados para que cada uno ocupara el lugar correcto, los eslabones, entre los que se encontraban varios concejales del PSOE (Ana Redondo, Luis Vélez y Rafaela Romero), de Valladolid Toma La Palabra (María Sánchez, Manuel Saravia y Rosalba Fonteriz) y Sí se Puede (Charo Chávez y Héctor Gallego) y vecinos de otros barrios, fueron formando una cadena humana en la Plaza de Rafael Cano.

Mientras se repartían dorsales y los participantes encontraban su sitio, el concejal de Urbanismo (que participó en la marcha, aunque sin dorsal) explicó a los medios de comunicación que “después de tantas promesas incumplidas”, veía “lógico y natural” que los vecinos quisieran mantener viva la presión no solo contra ADIF, sino también contra el propio Ayuntamiento.

Saravia indicó que nada hace pensar que el inicio de los trabajos para remodelar la plaza para solventar el problema del aislamiento del barrio no pueda comenzar a finales de este año. “Ya se están redactando los documentos previos y la cosa no va mal. Prueba de ello es que ya se han hecho catas geotécnicas para el proyecto de ejecución”, explicó el concejal de Urbanismo.

Las obras del túnel de la Plaza del Aviador Gómez Barco también comenzarán a finales de año, aunque en este caso corren por cuenta de Adif, después del reparto de intervenciones acordado con el Ayuntamiento. “En esta intervención se está adaptando el proyecto, ya que el Ayuntamiento, en enero de 2015, descartó el túnel largo y ahora hay que recuperarlo. Nosotros ya hemos mandado a Adif un proyecto de ejecución, pero ahora tienen que adaptarlo”, explicó el responsable del Urbanismo Municipal.

Marga, presidenta de la Asociación Vecinal de Pilarica, comenzó su arenga a los vecinos recordando los 250 días de encierro en el barrio y recordando que el objeto de la movilización era no bajar la guardia. “Ya hay un acuerdo para hacer las obras pero queremos que tengan claro que no basta el acuerdo y que queremos que las obras comiencen ya, Todos vamos a estar vigilantes y alerta”, advirtió.

Cuando el reloj marcaba las 12,10 horas de la mañana y un tren de alta velocidad pasaba justo por el viejo paso a nivel clausurado, la cadena humana de 250 eslabones por 250 días de encierro se puso en marcha.

Durante el largo recorrido y con una discreta escolta policial que fue abriendo paso a la comitiva, los participantes gritaron algunas consignas: “Pilarica pide paso”, “¡Qué carajo, la vía por debajo!”, “Soterramiento en Valladolid”, “Si nos encierran, guerra, guerra, guerra”, “el soterramiento es una emergencia”, “Esta cadena es nuestra condena”, “Adif, escucha, Pilarica está en la lucha” o “Pilarica, no es una cárcel”.

No pocos viandantes, al paso de los integrantes de la cadena, mostraron su extrañeza por tan peculiar forma de manifestarse. Especialmente cuando los ‘encadenados’ atravesaron las zonas de mayor concurrencia como las inmediaciones de la Catedral, la Plaza Mayor o la Calle Santiago, que enfilaron hasta la Acera de Recoletos hasta alcanzar la Estación, donde se dio por concluida la protesta.

Uno de los eslabones de la cadena humana, en concreto el número 13, fue el escritor y vecino del barrio de Pilarica, José Manuel de la Huerga, que al término de la protesta no dudó en ponerse manos a la obra para comparar la movilización vecinal con un pasaje quijotesco:

José Manuel de la Huerga a la izquierda de la imagen junto a Marga de la Asociación de Vecinos del Barrio de la Pilarica en primer plano. FOTO: Gaspar Francés
José Manuel de la Huerga a la izquierda de la imagen. Marga de la Asociación de Vecinos del Barrio de la Pilarica en primer plano. FOTO: Gaspar Francés

De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que, mal de su grado, los llevaban donde no quisieran ir

Por José Manuel de la Huerga

Don Quijote alzó los ojos en la plaza Mayor de Valladolid (donde los libreros estaban a punto de volver a levantar sus ventas de refresco para sedientos y expatriados lectores, que mucho tiempo ha no frecuentaban estos pagos) y vio que desde la plaza de Fuente Dorada venían hasta doscientos y cincuenta hombres y mujeres a pie (algunos también en carritos por ser tiernos infantes o personas con algún impedimento), ensartados todos como cuentas en una gran cuerda de rafia, que más parecía gran cadena de hierro. Venían asimismo con ellos varios hombres de azul uniformado, caminando apaciblemente, aunque eran personas de autoridad, de palo y tentetieso si acaso fuera menester. Y así como Sancho Panza los vio, dijo:

—Ésta es cadena de galeotes, gente forzada del Adif o la Ministra de Fomento, que va a galeras.

―¿Cómo gente forzada? ―preguntó don Quijote―¿Es posible que nuestros gobernantes hagan fuerza a ninguna gente?

―No digo eso―respondió Sancho―sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al Adif en las galeras de su aislamiento, a la fuerza.

―En resolución ―replicó don Quijote―, como quiera que ello sea, esta gente, aunque la llevan, van a la fuerza, y no por su voluntad.

―Así es―dijo Sancho.

―Pues de esa manera ―dijo el viejo loco―, aquí encaja la ejecución de mi oficio: desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.

Llegó, en esto, la cadena de los galeotes, cuando iba a torcer para la calle Santiago en dirección a la estación del Norte, y don Quijote, con muy corteses razones, pidió a los que iban en su guarda que fuesen servidos de informarle y decirle la causa por que llevaban a aquella gente de aquella manera.

Uno de los guardas, subido en un carro automático a marcha lenta, respondió algo oscamente en un principio:

―Llevamos aquí el registro y la fe de la sentencia, pero es mucha la letra y menuda, y no está la autoridad para menudencias, más si cabe si anda en acto de servicio como claramente se ve. Si vuestra merced es servido, llegue y pregúnteselo a ellos mismos, que bien le dirán si quieren, que sí querrán, porque es gente que recibe gusto de hacer y decir las bellaquerías que dicen la autoridad les ha infligido.

Don Quijote se llegó a la cadena y a la primera mujer que iba en cabeza, con pinta de espabilada, la acometió. Y ella le respondió que por enamorados iban de la primera al último de aquella manera.

―¿Por eso no más?―replicó don Quijote―Pues si por enamorados echan a galeras, hace días que pudiera yo estar bogando en ellas.

―Pues sí ―continuó la galeota― llevamos doscientos cincuenta días encerrados por orden del Adif y su alcaidesa doña Ana Pastor, Dios la tenga a buen recaudo, y que parece que nos ama tanto y no puede vivir sin tenernos presos. Un agujero, una ratonera que se nos encharca con cuatro gotas es la única vía de salida para caminantes, impedidos con silla de ruedas que se las ven y se las desean, y otros vehículos pequeños a motor que aunque prohibidos se empeñan en colarse y causar más de un sobresalto a las buenas gentes del barrio de la Pilarica. Antes, cuando teníamos barrera junto a la iglesia, se formaban buenas colas de vehículos automáticos, pero la gente aguardaba civilizadamente y los peatones solían pasar con criterio de manera fluida y ordenada. Hasta que de buenas a primeras, engañados, con nocturnidad y alevosía, por el mucho amor que esta buena señora nos debe de tener, fuimos encerrados bajo fuerte hierro y paredes de cemento armado. Y lo más terrible: aún no sabemos cuánto tiempo nos va a seguir amando tan apasionadamente, o si nos están engordando como a Hansel y Gretel..., que nos estamos volviendo locos de tanta cábala como andamos haciéndonos. O acaso estemos acusados de algo, pero no sabemos de qué, qué delito hemos cometido, cuánto tiempo vamos a seguir permaneciendo así, privados de nuestro albedrío y libertad de movimiento.

Don Quijote se emocionó con las palabras tan sabias de la joven mujer, que a la pastora Marcela le recordaron. Y recordó enseguida a otros hermanos suyos de papel, de otras historias, también privados de la más alta gracia que los cielos han concedido a las personas: Segismundo, el príncipe de Polonia, encerrado por su propio padre, y Joseph K. que se levantó por la mañana de su cama y dos funcionarios le entregaron la carta de procesamiento sin indicar razón explícita, por lo que entró en un delirio de consecuencias funestas.

Entonces, el bueno del caballero andante, encomendándose a Dios primero y a la suma de la fuerza de aquella gente buena después, emprendió tal galopada contra las autoridades que se vino a empotrar contra el furgón de luces naranjas y azules parpadeantes. Qué zafarrancho, qué escabechina, griterío y confusión. Así vierais increpar y llorar al mismo Sancho y a todos y cada uno de los galeotes que se revolvieron de entre sus cadenas, y con uñas y dientes, tirones y empellones, vinieron a zafarse malamente y con profundas heridas de tan cruel penitencia.

Y todos a una, grito y puño en mano, levantaron el cuerpo adolorido de su viejo héroe, y lo fueron llevando en volandas, cual estrella de rock lanzada a un mar de brazos amigos que la sostuvieran, hasta las mismísimas puertas de la Estación del Norte: el despacho en diferido de la Ministra Pastor.

No les dejaron entrar, claro estaba y meridiano. Por mucho griterío y quejas bien aliñadas de cánticos y consignas. Pero muchos otros hombres y mujeres por todo el centro de la ciudad cervantina, y siguiendo el mismo camino de Cipriano Salcedo (el hereje de Delibes) a su sentencia final, vieron y comprobaron cuánta verdad y razón había en aquella causa justa, y cómo aquella gente buena de la Pilarica era digna de elogio por la santísima paciencia que llevaban soportando, y muchos se hacían cruces y decían, si yo no sé cómo no se han levantado en armas y todos a una, todos a una...

Porque, ¿quién arrambló con aquel vallado

que en Pilarica Adif ha levantado

y causa tanto dolor?

¡La Pilarica, señor!

¡La Pilarica, señor!

1 comentario

  1. ¡Vaya video guapo! Ese ritmillo entre burlón y tierno de los participantes y el tema musical elegido, con coincidencias espaciotemporales de vodevil, añaden arte a la verdad. Arte de crónica. Muchas gracias. Salud!os + “Pa’ delante”

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