Uno d elos integrantes de la caravana.
Uno d elos integrantes de la caravana.

El pasado día 15 de julio, un grupo de Vallisoletanos decidió sumarse a la carvana Abriendo Fronteras con destino a Grecia. Uno de los participantes en la iniciativa, Martín Rodríguez Rojo, escribe para últimoCero un pequeño dietario del viaje.

Día 15 de julio: Kilómetro tras kilómetro llegamos a Poble Nou

A las 9 de la mañana del día 15 de julio de 2016 un grupo de activistas vallisoletanos despedía a otro grupo de castellanoleoneses montados en un autobús camino de Grecia. La primera parada sería Barcelona. Eran los primeros minutos de la precaravana “Abriendo fronteras” para denunciar la política migratoria de la UE y de todos los Estados que la componen. A partir del día 16 los autocares que se juntaran en el Pueblo Nuevo, junto al mediterráneo barcelonés, comenzarían la caravana propiamente dicha.

El día transcurrió como sigue. A la estación de autobuses de Valladolid llegaron 20 salmantinos y 5 leoneses. A ellos se añadieron 15 vallisoletanos. 45 minutos más tarde montaron 6 palentinos que nos esperaban en la plaza España de su ciudad. Más tarde se añadirían hasta un número de 49 viajeros que pertrechos de sacos de dormir, tiendas de campaña y algunas viandas para los 10 días de durará la Caravana, hicimos juntos el camino.

Primera parada: estación de servicio de Calahorra.

Kilómetro tras kilómetro llegamos a Poble Nou donde nos esperaban los compañeros de la Ciudad Condal que al día siguiente se unirían a nosotros para hacer juntos cerca de 3000 kilómetros con final en Tesalónica, segunda ciudad de Grecia y próxima a Idomeni, lugar de la vergüenza europea por su comportamiento con las personas refugiadas.

Venían de celebrar una manifestación donde reivindicaron la apertura de las fronteras. Nosotros terminábamos de aparcar el bus en el deportivo “Mar Bella”. Nos unimos en el parque del Barrio citado. Ellos nos entregaron la copia del manifiesto que leyeron durante la manifestación y nosotros levantábamos las pancartas y banderines. Nos invitaron a sentarnos en las sillas preparadas de antemano, mientras iban aplaudiendo la llegada de cada grupo procedente de los distintos territorios del Estado Español.

La velada comenzó a las 20.30. El sol acompañaba a la música y a los cantos que entonaban los asistentes y resaltaba el brillo de los letreros que tantos portadores habían escrito en las pancartas, lienzos y banderas que coloreaban la concentración.

“Caravana a Grecia. No fronteras”. “A desalambrar, a desalambrar, (acompañando unas tijeras que cortaban las concertinas), rezaba la ilustración del pintor leonés Manuel Sierra. “Angi etorri, errefuxiatuak”, “Bienvenguda Caravana a Grecia. Brim fronteres”. “Las fronteras, los derechos vulneran”. “Personas libres, en territorios libres”. Y por este estilo, más de una docena de letreros inundaban las filas de las más de 300 personas que llenaban el rincón arenoso cercano al mar barcelonés. Inauguró el acto, dando la bienvenida a los asistentes, una representante de los movimientos

sociales de mujeres. Barcelona se sentía orgullosa de poder ejercer de anfitriona de estos estimados visitantes. Entre saludos, manifiestos, lectura de declaraciones y poemas, escenificaciones, agudas payasadas, jotas, canciones y música popular, moderna y rapero-feminista se fue deshilachando el ovillo de una velada alegre, seria, responsable y comprometida con el problema de los refugiados. No faltaron las alusiones a la reciente masacre de Niza ni al golpe de Estado en Turquía. Tampoco se libró la política migratoria europea de una crítica acerva y dolorida al verse obligada la ciudadanía organizadora de entonar el desgraciado, por real, estribillo “Europa canalla, abre la muralla”. Sobre el Estado español se enfatizó que su ley de extranjería es una de las peores que se han escrito sobre el derecho de asilo. Supuso una alegría para los anfitriones catalanes el poder reconocer con orgullo y con verdad que su Barcelona del alma es una ciudad dispuesta a la amable acogida y abierta a la bienvenida de refugiados, ya que contaba con infraestructura y voluntad política municipal de recibir a miles de personas perseguidas por la guerra. Prueba de ello es la asociación de barrios- refugio que ha ofrecido sus recursos para tal fin, así como también las 250 entidades de Cataluña que han firmado el cierre del CIES por sus inhumanas y deficientes instalaciones.

Los payeses del Bajo Llobregat tuvieron su participación y quisieron mostrar su generosidad con la Caravana regalando a cada uno de los cinco autocares un cajón lleno de manzanas, tomates y melones que sirvieron de contundente compañía a los viajeros, rellenando los huecos alimenticios que no escasearán durante el trayecto.

Prácticamente todas las asociaciones y entidades sociales catalanas estuvieron presentes en la velada, tomando parte en el programa con sus distintos números que no cejaron de ensalzar a las personas refugiadas y perseguidas, al mismo tiempo que con su crítica se quejaban de una Europa insensible, insolidaria y raquítica. Las comarcas gironinas se solidarizaron con la Caravana e informaron que colocarían en la famosa, histórica y artística catedral de su capital, Girona, una pancarta de 50 metros cuadrados, presente en sus muros durante el tiempo que dure dicha aventura y en recuerdo permanente de esta militante hazaña. La Asociación de “Mujeres Palante” dedicó una fulminante crítica a la labor paternalista y legitimadora de la injusta política estatal que ejercían y representaban ACNUR y la Cruz Roja. Se resaltó, finalmente, el planteamiento de la Caravana, indicando su dimensión de denuncia frente a un mero postureo caritativo que no debería tener presencia en organizaciones y movimientos sociales, caracterizados históricamente por sus planteamientos rompedores.

Precisamente en este enfoque incidieron las palabras de la Alcaldesa Ada Colau quien en sus palabras de cierre del acto y escuchada desde el auditorio por el eurodiputado Miguel Urbán y por otros concejales de Barcelona en Común, resaltó la importancia de los Movimientos Sociales y de la Sociedad Civil en general. De ella salen los cambios, reconoció, y solicitó a los presentes que no cejaran en su lucha por la defensa de los problemas que sólo ellos pueden destapar y gracias a ellos las instituciones progresan. “Necesitamos de vuestras vidas para que la vida salga triunfadora”. El ayuntamiento de Barcelona está con vosotros y agradece vuestro esfuerzo. Buen viaje, terminó deseando a los componentes de la Caravana a Grecia Abriendo fronteras. El disco rojo se despedía de la tierra en ese momento, ocultando sus rayos en el horizonte marino. Pocos minutos más tarde la Caravana extendía sus sacos de dormir en el moquetado suelo del polideportivo municipal de Poble Nou.

A las 6.30 del día siguiente había que seguir viaje hacia el Milán de Berlusconi, pasando por la Marsella multicultural. Casi 1000 kms. a la vista.

Día 16 de julio: "Un sistema que recibe su castigo en Niza o su revancha en Turquía".

Después de tomar el desayuno que la Organización Local Catalana nos había preparado, partimos con una preocupación. Milán estaba lejos y el atentado de Niza cerca. La Caravana podía sufrir el cañonazo del olvido. Los medios de comunicación ya de por sí desdeñosos de estos acontecimientos, podrían verse animados a fijarse en el morbo del terrorismo y del interés neoliberal de los poderes, relegando la noticia de trescientos revoltosos que miran hacia la poco productiva solidaridad a favor de las personas refugiadas.

Por si fuera poco, la noche en que dormimos apaciblemente en el polideportivo “Mar Bella”, ubicado en Poble Nou, había sonado otra alarma: en Turquía se levantaban las navajas y el intento de golpe de Estado había desosegado a Europa. Constatábamos con seguridad que la información sobre la Caravana brillaría por su ausencia en la prensa nacional.

Alguien sugirió un remedio: escribir un comunicado. Tendría que unir los tres puntos de la actualidad: Caravana-Niza- Turquía. Y entonces surgió el manifiesto “Niza-Turquía y la Caravana”.

Los y las ocupantes del bus “Castilla y León” escuchamos su lectura, la reconocimos con un aplauso y recalcamos sus ideas en las intraconversaciones familiares que se daban en los asientos del autobús camino de Marsella.

Nuestra Caravana no es un acto finalista. “No termina en Tesalónica ni el día 25, cuando volvamos a España”, se oía decir a una pareja. “Nuestra Caravana tiene vocación universal y es una acción transdisciplinar”, apuntaba un sabio salmantino. En efecto, recordaba un vallisoletano: “los acontecimientos están encadenados. No se dan aislados. Todo es sistémico. Si se da el terrorismo en Niza es porque en el vecino Calais existe “La Jungla” con cerca de 4000 refugiados, olvidados, maltratados y oprimidos por la política migratoria anglo-gala. Están retenidos. Muere su capacidad de iniciativa al sentirse coaccionados y reducidos al seco espacio de blancas dunas”.

Nuestra Caravana, por tanto, denuncia no sólo a un elemento del sistema neoliberal, patriarcal, militarista y fundamentalista, materializado en los campos de Mitilene, Idomeni, Moria, etc.; sino también al sistema en su conjunto. Un sistema que produce personas refugiadas, expulsadas, perseguidas por las guerras y un sistema que recibe su castigo en Niza o su revancha en Turquía.

Abra los ojos el caminante, el ciudadano de a pie y reflexione. Si un loco suicida mata a 80, 100 personas, dando curvas con las ruedas de un camión, a no mucha distancia, se han ahogado miles de sirios, afganos, iraníes.

¿Sabría el común de la ciudadanía de este orden social, intencionalmente fragmentado, relacionar esta cadena de acontecimientos? La llamada de este manifiesto de la Caravana quiere llamar la atención sobre estos hechos nunca aislados.

Nos estábamos acercando al puerto de Marsella, “una ciudad de importantes mezclas culturales”. Los cinco autocares de la Caravana estaban a punto de hacer otra parada. Esta vez no sólo para reponer las fuerzas, también era para reponer las mentes y repensar la Historia.

Día 17 de julio: "Un continente olvidadizo de la justicia e incluso de la ley"

Habíamos llegado a Milán desde Barcelona. Desde las 8 de la mañana del 16 a las 10 de la noche del mismo día. Era sábado.

El viaje había sido difícil. Un atasco de más de una hora, producido por un accidente,   nos retrasó la llegada y nos impidió asistir a la manifestación que se celebró a las 20 horas en las calles céntricas de Milán. Esta manifestación fue organizada por compañeros y compañeras milaneses. El autobús de los vascos y vascas apenas pudo llegar a los amenes de la manifestación. El nuestro, ni aún a esos finales. Una cierta sensación de fracaso y de rabia bullía por los andamios de las conversaciones. Estábamos cansados. Queríamos no fallar al día siguiente, domingo, 17 de julio. Apenas nos enteramos de que íbamos a dormir en un edificio de okupas. Sí señor, de okupas. Unas 200 personas se han apoderado de una antigua fábrica de material automovilístico. A unos 20 kms. de Milán se encontraba esta fábrica donde veíamos armarios y mucha madera. Lo cual nos hizo pensar que la fábrica había sido de carpintería. Pero no. Lo fue de fabricación de tubos de escape. En cuatro salas desiertas de mobiliario extendimos los sacos y algún que otro colchón inflable.

A las 8 de la mañana los amigos y amigas okupas tenían preparadas las cafeteras, las mermeladas, los jugos y algún alimento más contundente. Abonamos lo que la voluntad de cada uno consideró y los cinco autobuses de la caravana encendieron los motores. Ocupamos los asientos y no quisimos perder el tiempo. A los pocos minutos, Fernando, el representante de los salmantinos en la Coordinadora Nacional, toma el micrófono. Quería informarnos de la reunión celebrada hacía unas horas en Milán. Y nos comunicó que se habían tratado tres puntos: las cuentas, el programa a desarrollar en Tesalónica y la estancia en Atenas. Estos tres puntos se volverán a retomar en la asamblea que celebraremos unas horas más tarde en el ferry. Esperemos a ese momento. Fernando pasa la palabra a Raquel, otra representante extremeña en la Coordinadora. Y esta espabilada activista nos emociona contándonos parte de sus experiencias entre los campamentos que ha venido visitando de un tiempo hasta hoy. Pero no era ésta la mejor ocasión para hablar de las hazañas personales y humanitarias, sino más bien acerca de las sugerencias que nosotros pudiéramos ofrecer a la Caravana en pleno para cubrir la estancia en Tesalónica y también sobre el programa ya diseñado por la Coordinadora en Madrid. De este modo salieron algunas ideas clave que deberían servir como orientaciones generales de nuestra actuación durante estos días de Caravana. Nuestro cometido, se dijo, no es hacer caridades ni traer recursos a las personas refugiadas. Esto se potenciará en otro momento. Hoy toca denunciar, presionar a los Gobiernos y unirnos a la Organización “No Borders” que está realizando en Grecia y en otros países una labor encomiable. De hecho nos han ofrecido participar en una protesta que quieren realizar delante de un Campo de refugiados cercano a Tesalónica, engrosar además la manifestación que tienen pensada para el día 21. Ahí deberemos estar. El día 22, viernes, regresaremos de Tesalónica hacia Atenas y allí podremos hacer dos actividades: por la tarde del viernes, 22, existe la posibilidad de acudir al Pireo donde podremos realizar alguna concentración donde dejemos claro a los refugiados allí asentados que la sociedad civil está con ellos, que existen ciertas estructuras en los municipios españoles que pueden acogerlos. Al día siguiente, sábado, por la mañana, podríamos manifestarnos ante la Embajada Española, leer algún manifiesto reivindicativo y celebrar una rueda de prensa con periodistas griegos para dar a conocer la finalidad de la Caravana y la crítica a la política migratoria europea.

Raquel siguió su discurso. Calificó a la organización ACNUR como la Cáritas de los Gobiernos, criticando su labor colaboracionista con la Administración estatal. Incluso llegó a decir que era cómplice del genocidio cometido por Europa contra los refugiados. Moderó estas críticas, añadiendo que estas afirmaciones representan sólo su opinión, pero se reafirmó, al mismo tiempo, proponiendo a los afiliados y afiliadas a que se dieran de baja de esta entidad. Resumiendo, pues, nuestra conducta como miembros de la Caravana se debería centrar no en la ejecución de obras más o menos asistencialistas, no en potenciar propuestas personales o individuales relativas a proyectos concretos que cada uno y cada una pudiera estar desarrollando, sino en planteamientos políticos que incidan en el cambio de la estrategia europea y española, y en la realización de aquellas acciones comunes y programadas por “No borders”, organización anfitriona que en esta ocasión merece ser considerada como la protagonista de la presente intervención.

El autobús avanzaba con constancia atravesando túneles, peajes y viveros. Sombreaban la carretera las montañas que a uno y a otro lado sonreían de admiración al paso del vehículo. Esta vez íbamos a llegar al destino prefijado con alguna antelación. Era Ancona, el puerto donde atraparíamos al ferry. Abandonábamos Italia y entraríamos en tierras griegas. Olvidaríamos por pocas horas el estrecho y cansino asiento del bus para cambiarlo por los paseos que nos habría de proporcionar la larga y ancha cubierta del barco perteneciente a la familia Grimaldi.

Pero en el entreacto habría que apropiarse del billete para embarcar. Allí estaban preparados para distribuir esos pasajes algunos compañeros y compañeras vascas. Al son del nombre de cada pasajero y pasajera cantado a viva voz por recias gargantas, íbamos acudiendo a recibir el boleto a cambio de presentar nuestro DNI. Nos indicaron que cogiéramos de las respectivas mochilas aquellas pertenencias que necesitaríamos para dormir en el ferry. Mientras se acercaba o más bien se prolongaba la hora del embarque optamos por cambiar el aburrimiento de la espera sentados en cada autobús, por introducirnos en el hueco de un numeroso grupo que cimbreaba el esqueleto al son de la música. Tocó la sirena. Todos en filas de a tres nos convertimos instantáneamente en componentes de una improvisada, pero contundente y acertada manifestación. Echamos mano de los gritos ya sabidos y volvimos a llamar canalla a un continente olvidadizo de la justicia e incluso de la ley. Desde la plaza donde habíamos bailado nos enderezamos al lugar asignado al ferry. Mientras éste tragaba autocares, camiones y turismos, los edificios de Ancona se regocijaban de satisfacción al contemplar banderas, oír canciones y observar como subía, envuelta en los brazos de la Caravana, Lili, de casi tres años de edad, la viajera más pequeña de la comitiva que con tanta inocencia como formalidad nos acompañaba sin pestañear durante todo el trayecto.

Ya en marcha, los voceros de la Caravana anunciaron que había que tomar asiento en el puro suelo de la cubierta. Hora de asamblea. Respecto a las cuentas nos informaron que el total de gastos había subido a 80.000 euros, que la media de cada autobús era de 11.000 euros y que el viaje en ferry de todas las cerca de 300 personas costaba 26.000 euros. Restados los ingresos de los costos aparecía un agujero de 3000 euros. Se proponía para taparlo un aporte de 700 euros por cada bus. Se pasó al punto segundo o programa en tesalónica. Norma general: integrarse en el de “No borders”. Cada día traería su malicia que el sano juicio de la Caravana trataría de superarla. Se insistió en que la Caravana no terminaba el día 25 de julio, sino que a partir de esa fecha comenzaba otra Caravana, más internacional y más dirigida hacia el problema donde se encuentra el nudo gordiano del malestar de los refugiados. Bruselas se vislumbraba como meta de más autobuses, de una mejor organización más internacionalmente nutrida y de mejor estrategia que intentará dar en la diana: la apertura de las fronteras será efecto de una distinta voluntad política de los distintos Gobiernos europeos. El último punto apuntaba a la capital de

Grecia. Hay que preparar una “performance” ante la embajada española de Atenas. Nos reciban o no, no faltará una rueda de prensa y la petición de vías seguras para la llegada de refugiados.

Bajamos de la cubierta al interior del ogro marino. Cada cual buscó refugio en rincones y pasillos para la noche que se avecinaba. Aunque misteriosa e insegura nos la imaginábamos no más dura que las transcurridas en suelos menos enmoquetados que los salones de un aspirante a crucero. Próxima bajada en Igoumenitsa, no lejos de Patras, camino de Tesalónica.

Día 18 de julio: "Primer plato caliente"

En Ancona cambiamos de transporte, como ya dije en la crónica anterior. Tierra por agua. Bus por barco. Cierta novedad para varios de los que montaron en el ferry. Nos tocaba pasar en él la noche del día 17 al 18, de domingo a lunes. El destino final de aquella travesía e incluso del viaje en su totalidad era Tesalónica, al norte de Grecia, cerca de Macedonia, República de la antigua Yogoslavia, y a 40 kms.de Idomeni. Haríamos trasbordo en Igoumenitsa donde volveríamos a encontrarnos con los buses que se había tragado la bodega del gran barco, feroz gargantúa que hacia las 13 horas del día 18 devolvía a los conductores sus respectivos volantes.

En efecto, después de haber dormido en los pasillos o en alguno de los rincones de cada uno de los 11 pisos con los que contaba el ferry y después de haber cenado los pocos restos de comida que se habían metido en las bolsas de mano, después de haber logrado ver la puesta de sol o el amanecer sobre la llanura líquida del Mediterráneo nos montamos en los autobuses. Al bajar en Igoumenitsa nos encontramos rodeados de un círculo de montañas. Era una perfecta circunferencia poblada de una rica vegetación. Envuelta en ese admirable paisaje, Igoumenitsa es una moderna ciudad de unos 25.000 habitantes, desarrollada después de la Segunda Guerra Mundial a lo largo de su puerto. Este puerto es uno de los más activos de Grecia y en él nace una autopista que atraviesa el Epiro, Macedonia y Tracia y una serie de transbordadores y cruceros le conectan con las italianas ciudades de Bari, Brindisi, Ancona y Venecia, así como con Corfú y Patras en Grecia.

La carretera que nos conducía a Tesalónica no era un dechado de perfección, pero cumplía su oficio con dignidad. El paisaje no era el de la Costa Azul ni el del círculo que rodeaba a Igoumenitsa. Las montañas que custodiaban los laterales de la autovía no muy altas y con escasa vegetación.

Desde la salida del puerto la policía nos precedió, cambiando de pareja y de coche al socaire de la asignación del recorrido encomendado a cada una de ellas. El viaje nos dio de sí para malcomer en una tienducha que apenas tenía subsistencias, pero a donde nos indicó la policía que paráramos. También nos proporcionó la ocasión de ensayar los gritos que deberíamos usar en las manifestaciones o concentraciones que nos faltaba por realizar a partir de este día. Estos gritos fueron los siguientes, pronunciados en diversas lenguas:

  1. Europa canalla, abre la muralla. En inglés: Shame of Europe, open the borders.
  2. Paremos las guerras. En inglés: Stop the war. En griego: Ogi polemic.
  3. Ningún ser humano es ilegal. En inglés: Nobodi is ilegal.
  4. Abrir las fronteras. En inglés: Open de borders. En griego: To enigma ton sinoron.

 

Tesalónica se abrió a nuestros ojos como una doncella deseada. Eran las cinco de la tarde cuando pisamos sus calles y conectamos con la mirada de muchos de sus habitantes. Hubiéramos querido que su más de un millón de moradores se hubiera enterado del objetivo que nos trajo al campus de su Universidad “Aristóteles”, pero nos conformamos con cientos de personas que veían nuestra bajada del autobús y que oían nuestros gritos pronunciados durante la improvisada manifestación que montamos desde el lugar donde aparcamos hasta la mencionada Universidad. Allí se abría la fase de más larga permanencia de la Caravana. Cientos de tiendas ya instaladas se vieron aumentadas por las 15 que plantamos nosotros en el ángulo de uno de los parques que componen el campus universitario. Cerca de este espacio, las letrinas y las duchas. Enfrente, la Facultad de Derecho, una de cuyas instalaciones está “okupada” por la organización griega “No borders”. En uno de sus patios, la Caravana asistiría a la primera asamblea de celebraríamos unidos a dicha organización. El contenido de la misma se limitó a una pequeña presentación de “No borders”, señalando sus objetivos y actividades, y a una serie de advertencias sobre usos y costumbres de sus miembros. Pero de estas peripecias tendremos ocasión de seguir hablando a lo largo de los tres días siguientes que aún nos queda por vivir en Tesalónica.

Terminada la asamblea pasamos a la cena que los residentes en estas instalaciones universitarias “okupadas” y en el césped que las rodea, nos ofrecieron a cambio de nuestra libre y generosa aportación. Fue el primer plato caliente que desde hacía cuatro jornadas no habían consumido los viajeros de la Caravana. Arroz con verduras, acompañado de una plancha de pan y de un vaso de té, de agua o de café.

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