Actuación del Nuevo Mester de juglaría en una Plaza Mayor abarrotada. Foto: Gaspar Francés
Actuación del Nuevo Mester de juglaría en una Plaza Mayor abarrotada. Foto: Gaspar Francés

La exitosa actuación del Nuevo Mester de Juglaría en la Plaza Mayor, coincidiendo con el XXV aniversario de la peña Comuneros ha puesto esta noche el punto y final a las programación de las primeras fiestas no condicionadas por la gestión del PP al frente del Ayuntamiento. El programa diseñado por el nuevo equipo de Gobierno, que ha repetido prácticamente el mismo esquema de años anteriores con alguna novedad puntual, presenta luces y sombras. Estos son, según el equipo de últimoCero, los principales aciertos y errores:

LO MEJOR:

El tiempo: Ningún gobierno dispone de un termostato para regular la temperatura durante las Fiestas (qué más quisieran) pero lo cierto es que este año el buen tiempo ha acompañado. Algunos días quizás hasta en exceso. La buena climatología explica la masiva presencia de gente en las calles y las actividades programadas. No hay programación, por buena que sea, que resista los aguaceros o el frío.

Ausencia de incidentes: Las fiestas se han desarrollado con entera normalidad, sin que se hayan registrado incidentes graves. A destacar que en el primer tramo de Ferias, no se hayan podido contabilizar casos de comas etílicos entre menores de edad como sí ha ocurrido en años anteriores.

Servicio de limpieza: Una media de cien trabajadores cada día han conseguido que cada mañana la ciudad despertara lista de nuevo para un día de fiesta. Su trabajo, no siempre reconocido, merece no solo el aplauso de todos, sino mucha más colaboración.

Más Moreras: El intento de poner freno a la expansión del botellón con la programación de más actividades en Las Moreras es el camino a seguir. Aumentarlas y diversificarlas debe ser objetivo para las próximas fiestas.

Programación Alternativa: La programación alternativa organizada por distintos colectivos sociales y organizaciones ha vuelto a formar parte de la Fiesta. Iniciativas como el mundialito antirracista, la recuperación de la Plaza de Cantarranas para la celebración de conciertos o el descenso por el Pisuerga, que este año ha cumplido su segunda edición, han resultado aciertos que deberían contar aún con más respaldo municipal.

Conciertos de León Benavente y La MODA: Las actuaciones de ambos grupos se convirtieron en reivindicación de que otro tipo de conciertos durante las fiestas es posible. León Benavente demostró ser un soplo de aire fresco dentro de un panorama indie cada vez más carente de referentes y valores sociales centrado en la estética y un pop bastante facilón. La propuesta acústica y fiestera de La Maravillosa Orquesta Del Alcohol no defraudó y consiguió hacer vibrar a una Plaza Mayor abarrotada.

Valladolid Food Truck Festival: La mezcla de furgonetas de comida con talleres infantiles de cocina y animación musical ha resultado un acierto en el patio de central del recinto de la Feria de Muestras. El espacio, hasta ahora infrautilizado, se ha llenado de un público familiar que tras la visita a un certamen cada vez más devaluado han podido degustar distintas formas de comida rápida de calidad en un ambiente festivo.

Nuevo escenario: Una de las principales, sino la única, gran novedad con respecto a ediciones anteriores. El escenario en forma de media cúpula ha sido aplaudido en general por el público que ha asistido a los conciertos en la Plaza Mayor. Su forma de cúpula ha ‘vestido’ el ágora y su ubicación ha ganado algunos metros más a la plaza.

John Newman: La gran apuesta del equipo de Gobierno para el cartel de fiestas no ha resultado fallida. Semanas de promoción por parte del propio alcalde no resultaron inútiles y el sábado 3 de septiembre Newman consiguió llenar como nadie la Plaza Mayor. En el escenario se pudo disfrutar del chorro de voz del británico. La coincidencia de su actuación con la corrida de toros homenaje a Víctor Barrio que trajo hasta Valladolid a las principales figuras, impide determinar cuál fue su poder real de convocatoria.

LO PEOR:

Concentración en el centro: Los pasos dados para trasladar la fiesta a los barrios de la ciudad deben continuar. La Plaza Mayor y sus alrededores copan buena parte de los actos incluidos en el programa oficial. Es lógico que el principal espacio de la ciudad acoja los principales espectáculos, pero no todo debe concentrarse allí. Existen otros emplazamientos donde determinadas actividades podrían tener cabida.

Botellón: Las procesiones de adolescentes, bolsa en mano con litros y litros de alcohol a Las Moreras y la Rosaleda resultan poco edificantes. Los intentos por transmitir a los más jóvenes una cultura de ocio distinta a la del alcohol chocan con calles repletas de barras de bares y promociones de bebidas alcohólicas en forma de record Guinness. El reto es tan complicado como ineludible y hay que seguir dando pasos, como este año, para robar espacio al botellón y ganarlo para la sana diversión de los más jóvenes.

Dictadura de las radio fórmulas: Las principales cadenas de radio siguen dictando al equipo de Gobierno municipal cuáles son los grupos que actúan en la Plaza Mayor. Está claro que el apoyo de los grandes grupos de comunicación a la hora de programar conciertos es necesario, pero no resulta aceptable que en los ‘lotes’ ofertados se incluyan pufos infumables. La autonomía municipal debe estar por encima de los intereses de las radiofórmulas.

Generación Canalla: Su falta de calidad artística y musical sólo es comparable a su falta de respeto a los profesionales que, para colmo, sólo tratan de promocionar su ¿‘trabajo’?. Si impresentable es su presencia en un escenario como el de la Plaza Mayor más aún lo fue su comportamiento cuando trataron de ridiculizar a una presentadora de televisión. La reacción del alcalde, anunciando un veto al grupo tras el incidente, es de aplaudir, aunque no se puede echar la culpa de la programación a las radiofórmulas cuando precisamente se acepta su modelo para confeccionar el programa de fiestas.

Feria de Día: Es innegable que en buena medida los responsables del ambiente callejero que se vive en Valladolid durante las fiestas son los hosteleros, pero no es menos cierto que son ellos los que hacen caja ocupando (a veces de forma excesiva) el espacio público. Toda generalización es injusta, pero una vez más hay que denunciar la falta de calidad de los pinchos de feria que ofertan muchas casetas. Tampoco es de recibo que iniciativas como la del vaso ecológico sean torpedeadas por aquellos a los que se facilita una extensión del negocio durante los días de fiesta. Son los propios hosteleros los que deberían dar una vuelta a la Feria de Día para impedir la presencia de negocios con caseta que nada tienen que ver con la elaboración de comida el resto del año. No vale la excusa de que el público debe ser quien elija porque muchas veces, con todas las barras atiborradas de gente, no hay posibilidad de elección. Aumentar la calidad de los productos que se ofrecen bajo el amparo del ‘pincho de Feria’ resulta una obligación.

Zona VIP en el escenario: El cambio de escenario en la Plaza Mayor ha tenido como consecuencia la aparición (al menos durante algunas actuaciones) de una zona VIP anexa de difícil explicación. No hay motivo para que unos cuantos ‘privilegiados’ puedan tomarse una consumición sin ser molestados a los pies del escenario mientras la Plaza está abarrotada de público. Un tic elitista que debería desaparecer.

Presencia de cargos públicos en actos religiosos: Cualquiera puede asistir, a título personal, al acto religioso que considere oportuno. Resulta sin embargo anacrónico y discutible que a ellos asistan concejales y el propio alcalde, en representación del Ayuntamiento, una institución que representa a todos y tendría que moverse en la más absoluta laicidad.

Desfile de Peñas: De desfile tiene poco y las peñas, que cada año pierden más uniformidad, cada vez son más invisibles. El recorrido entre Recoletos y la Plaza Mayor se ha convertido en un paseo etílico sin atractivo ninguno para los que no participan en él. Dotar de mayor entidad al evento, restando alcohol y sumando un poco de imaginación es una de las tareas para futuras ediciones.

John Newman: Reconociendo que la presencia del cantante británico despertó interés y consiguió llenar la Plaza Mayor, su supuesta repercusión mediática no justifica el pago de tan alto caché al artista (más de 80.000 euros). Ese dinero da para muchas actuaciones de grupos que más que dignamente pueden suplir a un cantante con dos discos y un éxito radiofónico, por muy internacional que sea. Veremos a ver dónde está Newman el año que viene y a dónde van a parar los euros que este año se ha embolsado por su actuación.

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