Rafael Flores en el Ateneo Republicano de Valladolid. Foto: Gaspar Francés
Rafael Flores en el Ateneo Republicano de Valladolid. Foto: Gaspar Francés

La Historia que fue. Los intentos de revisión histórica del genocidio de la dictadura argentina, así se titulaba la conferencia o charla ofrecida por Rafael Flores para el Ateneo Republicano de Valladolid. Llegó y habló pausado, reflexivo, midiendo bien las palabras que destilaba sobre una cuestión en la que Rafael está implicado de modo personal y por lo que hubiera resultado más fácil hacer una arenga que reflexionar. Pero no. Reflexiona.

Rafael Flores Montenegro es argentino de Córdoba. Era miembro del gremio (Sindicato) de los trabajadores del caucho cuando fue detenido el 9 de marzo de 1976. Fue sometido a torturas. Le movieron de prisión en varias ocasiones hasta que en febrero de 1979 fue liberado con la condición de que se marchara al exilio- Vive en Madrid desde entonces. Hizo de carpintero, de fontanero… Es escritor. Su novela Otumba tiene varias ediciones, en España y Argentina, y ha sido traducida a diversos idiomas. En ensayo ha publicado Pasión y Caída. Memoria de la de la Mesa de Gremios en Lucha. Argentina, 1973-1976 (2009) y Semblanzas, prólogos y vivencias (2016).

Menciona la dictadura. La represión, las desapariciones... Las madres de la plaza de mayo. Relata los años del retorno a la democracia. Los temores. La “Ley de obediencia debida”, la “Ley de punto final”. El intento de dejar todo atado y enterrado. La llegada de Néstor Kirchner, un hombre de Menem, su participación en las privatizaciones. La coyuntura favorable a la reclamación de verdad y justicia. El proceso abierto en España por el juez Garzón con el caso Scilingo y el inicio de los procesos en Argentina, la reversión de la obediencia debida y del punto final. Setecientos represores juzgados y condenados, más de mil en procesos abiertos. La diferencia con España. La comprensión nacional en Argentina del dolor de las madres de la plaza de mayo. Su victoria en la reclamación de sus hijos y nietos. No tiene vuelta atrás.

El intento del nuevo presidente Mauricio Macri de dar vuelta al discurso. De retornar a la idea de que “hubo demonios contra demonios”, de considerar que la represión y el genocidio estaban legitimados por la subversión. “No hubo demonios contra demonios. Fue terrorismo de Estado”, dijo Flores. Casualidades de que los militares genocidas en América Latina, los represores de los distintos países con dictaduras militares, hubieran pasado todos por las escuelas militares norteamericanas, la escuela militar de Panamá o de la de Fort Benning, de Columbus, en Georgia.

A los pocos días de asumir el cargo el presidente Macri, el diario La Nación, el diario oficialista tradicionalmente en Argentina, sacó un editorial donde cuestionaba el tratamiento a los genocidas y la política de derechos humanos, tildándola de “venganza”. Las reacciones  contra el contenido fueron de lo más variadas, pero resaltó la de los propios trabajadores del periódico que rechazaron sus términos (Polémica y reacciones por un editorial de La Nación sobre Derechos Humanos). El caso mostró la madurez y claridad con la que ha calado en la sociedad argentina la valoración de los derechos humanos y de sus violaciones por la dictadura militar. Ahora incluso, en los últimos años, ha ido precisándose en los medios de comunicación que se trató ya no únicamente de un golpe militar, ni siquiera cívico-militar. Ahora se ha ido precisando el carácter de golpe cívico-militar confesional, por el papel de la Iglesia santificando el horror, con significativas pero limitadas excepciones.

Paralelismos con España. Lo relevante del caso argentino es el esfuerzo de conciencia social de la tragedia humana. Eso no ha pasado en España. No hay aquí un relato colectivo que supere por la vía de la comprensión del sufrimiento humano el enfrentamiento. No se ha tomado conciencia social del dolor. Mejor olvidar. Tampoco aquí fueron “demonios contra demonios”. Se practica la equidistancia, cuando no fue verdad. Aquí fue terrorismo de Estado durante 40 años.

Con todo, lo más relevante, lo verdaderamente relevante, es que a la gente no hay que convencerla ideológicamente. Hay que convencerla por vía de la humanidad y eso es lo que ha faltado en España, la humanidad de reconocer la tragedia. Lo que realmente fue, más allá de las cuestiones ideológicas que lo motivaron. Pues a través de la cuestión ideológica, de la controversia ideológica, se oculta la tragedia.

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