Niños de familias LGTBI participaron en talleres durante el encuentro.
Niños de familias LGTBI participaron en talleres durante el encuentro.

“Pese al frío y la niebla que tenemos en Urueña, espero que tengáis un gran día de trabajo”, así dió la bienvenida Francisco Rodríguez San José, alcalde de la localidad vallisoletana de Urueña que este domingo albergó el II Encuentro de familias LGBTI de Castilla y León, organizado por Fundación Triángulo con la colaboración de la Diputación de Valladolid.

Varias familias y activistas de diferentes lugares de la Comunidad madrugaron para pasar un día de convivencia, reflexión y trabajo. Mientras las niñas y niños iban llegando a la sala de juegos, donde luego trabajarían con la artista Miryam Anlló (DiLab) en un taller de arte contemporáneo (“Otras miradas”), los mayores iniciaban el día con las palabras de Yolanda Rodríguez, miembro del patronato de Fundación Triángulo y voluntaria de la organización.

Rodríguez presentó el trabajo realizado a partir de las conclusiones del encuentro de 2015, principalmente en relación a la Consejería de Educación y al Plan de Atención a la Diversidad. Recordó, asimismo, que “2017 es un año muy prometedor en Castilla y León, con el nuevo horizonte del borrador de ley que hemos presentado a los grupos parlamentarios, gracias al trabajo conjunto de todas las organizaciones LGBTI de nuestra comunidad”.

“Hoy algunas de las personas que estamos aquí somos de Triángulo, otras de Chrysallis, otras no pertenecéis a ninguna asociación”, señalaba Rodríguez, “pero lo importante es cómo actuamos para encarar los problemas y conseguir juntas un entorno más amable con la diversidad”.

“Yo soy activista por necesidad”, comentaba Raquel Ruiz madre de un chico trans y miembro de Chrysallis, que lamentaba la baja visibilidad de familias con menores transgénero. “En Zamora o Segovia no tenemos asociados, parece que allí no hay nadie. Y hay gente que tampoco quiere visibilizarse para que no sepan que sus niños son transexuales”. María Luisa López Municio, que presentaba la primera mesa de la jornada, “Actuaciones para promover la sensibilización sobre la diversidad familiar”, coincidía en el diagnóstico, por ello, opinó que “la propia presencia de estas asociaciones y familias en los colegios” es relevante.

Desde Fundación Triángulo, Municio realiza talleres de sensibilización en institutos de la región, donde trabajan sobre todo “la expresión género, y cómo se viven ellos y ellas como hombres y mujeres”. Mantiene comunicación constante con Dialogasex, que se dedica a formar a alumnado, profesorado, y padres y madres através de las AMPAS, en educación sexual integral. “Ojalá pudiéramos hablar de sexualidad en general, porque es la base para entender mejor cualquier tipo de diversidad”, expuso María Eugenia Martín Domínguez, sexóloga perteneciente a esta última asociación.

“También en las AMPAS se puede intentar arrimar a gente con intereses comunes”, afirmó Ana Muñoz, organizadora del encuentro. Fomentar la participación entre asociaciones que abordan diferentes formas de discriminación fue una idea compartida por todas las organizaciones asistentes, que señalan esta como la forma más efectiva para promover iniciativas como el Protocolo trans en los colegios o la inclusión de determinadas medidas en el Plan de Atención a la Diversidad.

“Las alianzas se han de construir entre diferentes áreas”, prosiguió Muñoz, que puso como ejemplo el caso de las librerías: “Si se les pide que traigan libros de diversidad familiar y sexual, luego las familias irán a comprarlos allí, y se beneficia quien los vende y a quien se visibiliza”.

Ana Muñoz y Maria Luisa López Municio, voluntarias de Fundación Triángulo Castilla y León presentando algunas herramientas de sensibilización.
Ana Muñoz y Maria Luisa López Municio, voluntarias de Fundación Triángulo Castilla y León presentando algunas herramientas de sensibilización.

Félix Peña Rubio, monitor de tiempo libre, acercó la realidad de los campamentos urbanos, donde “también se pueden organizar actividades de concienciación”. Él, que las ha trabajado en la localidad palentina de Venta de Baños, afirmó que “los niños y las niñas lo normalizan todo, el problema mayor es con los adultos”.

“No hay que olvidar que nos socializamos en familias, y nos educamos en un concepto de lo natural, que guía nuestras conductas”, indicó Conchi Unanue Cuesta, ya en su sesión “Vacunando a nuestras familias del amor romántico”. “El amor romántico nos limita como personas”, advirtió la ponente, “porque nos marca qué cuerpos son deseables y cuáles no”. Es el ejemplo de la Bella y la Bestia, donde al final el protagonista se convierte en un hombre atractivo. Por ello, critica cuentos tradicionales como los representados en las películas de Disney, pues construyen una realidad de “heterosexualidad y normatividad en los cuerpos y en las personas en general”.

Estas reproducciones también “son asumidas por parejas homosexuales, y a veces no nos damos ni cuenta”, señaló Unanue Cuesta, “Malú, por ejemplo, es un icono lésbico y tiene letras como ‘toda, entera y tuya, aunque mi vida corra peligro’”. Por todo ello, no se pueden invisibilizar los problemas que el amor romántico conlleva también en las familias homoparentales: “Hay casos de violencia intragénero, no siempre física, a veces psicológica”, que no han sido abordados desde instancias gubernamentales. Además, en el caso concreto del deseo, “nos sentimos mal si nos gusta algo diferente de la norma”, lo que frena el desarrollo personal.

La exclusividad y el control, otros de los mitos de amor romántico, también son comunes entre las personas LGBTI: “Cómo socializamos a través de Internet, el control de las redes sociales es algo bastante común en estas corrientes de amor romántico”. Para la antropóloga e investigadora también lo es el chantaje, que se manifiesta en frases como “si me dejas, voy a tu trabajo a decir que eres lesbiana”. “Nos queremos como se han querido nuestros padres”, por eso, “estamos a tiempo de cambiarlos, enseñando a nuestros hijos e hijas que ellos mismos están completos”.

Conchi Unanue Cuesta con Ana Muñoz, Maria Luisa López Municio y Yolanda Rodríguez durante el taller “Vacunando a nuestras familias del amor romántico”.
Conchi Unanue Cuesta con Ana Muñoz, Maria Luisa López Municio y Yolanda Rodríguez durante el taller “Vacunando a nuestras familias del amor romántico”.

Tras las reflexiones teóricas de Unanue Cuesta, que imparte clases de Derechos Humanos en la Universidad de León y la UNED en Palencia, la jornada terminó con la mesa alternativa “Infancia y transexualidad: ¿Qué proponemos para nuestra comunidad?”, coordinada por Hugo García, responsable del área Trans de Triángulo. La falta de una ley integral estatal de transexualidad y la extensión de Castilla y León, dividida en nueve provincias, complica el desarrollo de un protocolo trans “y el actual es muy mejorable”, valoró Raquel Ruiz, de Chrysallis.

La activista propuso la creación de un espacio donde se aborden las necesidades sociales para las familias y los menores, “porque lo médico, tiene que quedarse en lo médico, ya que la transexualidad no es una patología”. El problema es la falta de recursos e información en las capitales de provincias: “En Valladolid hay posibilidades de ejercer seguimiento y derivar, pero no sé si es así en todas las provincias, es fundamental tener referencias y poder realizar acompañamiento”, reconoció María Eugenia Martín Domínguez, de Dialogasex.

Aunque la materia educativa es imprescindible para transformar la sociedad, la sexóloga duda de que deba limitarse a este ámbito la transexualidad, “pues algunas personas tienen necesidades médicas, como la hormonación”. Asimismo, Maria Luisa Municio matizó que “educar se realiza en muchos más espacios que el colegio”, por lo que “el problema es complejo y la solución hay que articularla desde diferentes ámbitos”. Ana Muñoz recordó que el retraso en materia trans de Castilla y León permite “conocer qué se ha hecho en cada comunidad autónoma”, con especial atención al caso de Madrid y sobre todo de Cataluña, que son las comunidades que mejor han tratado la despatologización trans. “Así podremos pedir cuestiones concretas que poder exigir”, entre las que se encuentran “formar a todos los profesionales de atención primaria”, concreta Muñoz.

“He dado clases a orientadores de institutos, enfermeros, médicos...” reconoció Raquel Ruiz, “pero al fin y al cabo yo soy la mamá de un niño trans”. Tanto Chrysallis como el resto de asociaciones coincidieron en considerar que estas labores no pueden estar sostenidas por el tercer sector, sino que son imprescindibles personas formadas y con financiación para ello, haciendo gran hincapié en las sexólogas y sexólogos. Ana San José, psicóloga, apuesta por la formación en atención primaria, “incluso a áreas especializadas”. Para la asistente es importante dar a conocer los conceptos sobre diversidad en el ámbito médico, porque cada persona que conozca y se interese en ellos será influyente en su ámbito, porque “la gente quiere saber”.

Hugo García corroboró con su experiencia personal “cada vez que me pincho mis hormonas, me preguntan qué tal, aunque los pasos que tenía que dar en mi transición los recibí a través de asociaciones”.

De la última sesión se formaron grupos de trabajo que acudirán a las reuniones del Sacyl para poder trabajar todas las propuestas. “Queremos personas felices”, concluye Raquel Ruiz. El encuentro cerraba comprometiéndose con las palabras que lo inauguraron: trabajar en conjunto desde las distintas entidades, conseguir un mundo en el que la diversidad se valore como positiva.

En materia de transexualidad, la próxima cita serán las I Jornadas sobre Transexualidades organizadas por Fundación Triángulo y Dialogasex en Valladolid los próximos días 13 y 14 de marzo, un espacio de diálogo y reflexión para avanzar en la construcción de una cultura de conocimiento y respeto trans.

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