Seiskafes durante su concierto en Cantarranas. FOTO: Gaspar Francés
Seiskafes durante su concierto en Cantarranas. FOTO: Gaspar Francés

Pese al revuelo que cierto sector de Valladolid crea en cuanto algo que no sea un nuevo gastrobar o una nueva terraza quiere emplazarse en Cantarranillas, el fin de semana ha sido un nuevo ejemplo de convivencia y ocio sin conflictividad alguna con las actividades programadas por la Asamblea Popular de Fiestas. Y no solo ocio nocturno para adultos, ya que especialmente las actividades infantiles de la tarde del sábado tuvieron una gran afluencia de familias que pasaron allí la jornada carnavalera.

El jolgorio arrancó el viernes con el pasacalles popular de disfraces que no congregó a tanta gente como se esperaba y es que el frío de Valladolid en ocasiones no es buen aliado para estas iniciativas. La siguiente propuesta, ya en Cantarranas, empezó a templar el ambiente. Jhana y su beatbox electrorgánico cumplió con las expectativas e hizo bailar a la plaza que en un principio parecía entumecida, como si el carnaval la hubiera pillado a contrapié. Entonces una cuadrilla de gigantescos esqueletos irrumpieron en la explanada dejando boquiabiertos tanto al público como a la propia Jhana que recibió el abrazo de uno de ellos desde el escenario con sus descomunales brazos huesudos, mientras el resto se reunía en la parte trasera para bailar con su música. Con el calor que genera la descarga de ritmo de Jhana, las Shakin’ Piñas tomaron el escenario con sus platos y vinilos cargadas de funky para seguir burlando al frío. La fiesta concluyó puntual a la una de la madrugada, tal y como se había acordado para compatibilizar la celebración y el descanso.

El sábado por la tarde la actividad y el color retomó Cantarranas desde las cinco de la tarde. El colectivo Son-Risitas se encargó de completar los disfraces de los pequeños que se acercaron junto a sus familias con su pintacaras infantil, mientras que desde la asociación Estarivel desplegaron su arsenal de juegos, malabares y equilibrios. El ambiente que se respiraba en la plaza era excelente ya que sin duda los niños, que aun conservan esa ilusión por el juego y el disfrute sin complejos que muchos mayores han ido perdiendo, son quienes más disfrutan de estas celebraciones contagiándoselo al resto de asistentes. Tal y como se había anunciado, a las ocho de la tarde se interrumpió la programación festiva para asistir a la concentración que como todos los 25 de cada mes convoca ADAVASYMT en contra de las violencias machistas, en un mes especialmente dramático por el número de mujeres asesinadas. Al igual que ocurrió en el Pucela Rock, primer evento de la Asamblea Popular de Fiestas, la lucha contra el machismo en el ocio en particular y en la sociedad en general es uno de sus principales objetivos, siendo por desgracia el alcohol y los espacios de diversión sinónimo de acoso en demasiados casos.

La actuación más esperada y que más gente congregó fue la de Seiskafés. La banda vallisoletana lleva más de una década sobre los escenarios desarrollando su mezcla de ska, reggae y punk, entre otras hierbas, haciendo de cada concierto una fiesta. Tenían casi más ganas que el público de que llegara esta fecha ya que en esta plaza es donde se han desarrollado como banda, donde siempre se han reunido en sus diferentes bares y a la que dedicaron su primer single hace diez años. Tuvieron palabras de agradecimiento a muchos de aquellos locales que entonces aun seguían abiertos, otros ya habían cerrado sus puertas, haciendo de este espacio un referente para el rock pese a la criminalización y persecución policial y política que ha sufrido a lo largo de los años. De hecho invitaron a subir al escenario a Jose del mítico bar Otro Trastero, uno de esos pocos que aun resiste desde entonces en la plaza. Javi, Juanjo, Victor, Iñaki, Juanma, Dani, Cuadri e Iván dieron un sobresaliente concierto, visiblemente ilusionados y parlanchines, contagiando este espíritu al público que estuvo a la altura de un concierto memorable. Seiskafés nunca se han mordido la lengua y tanto en sus letras como en sus discursos sueltan dardos cargados de irritación y bien dirigidos hacia un sector de la sociedad que sigue viviendo a costa del resto y basa su existencia en la falta de respeto al prójimo, al diferente. Puntuales a las once de la noche, tal y como recordaron en respuesta a las quejas de la reaccionaria asociación vecinal de la zona centro, finalizaron su espectáculo pese a que tanto ellos como la gente que bailó enfervorecida hubieran seguido horas. Aun faltaba la traca final, Killmanjarto hizo mover las caderas al respetable con una sesión que calentó aún más un ambiente festivo que demostró no tener nada que ver con la distorsionada imagen que, de forma casi enfermiza, pretenden mostrar tanto un sector de los vecinos como la ex-concejala de cultura del Partido Popular Mercedes Cantalapiedra.

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