Momento de la presentación del informe de Amnistía Internaciona. FOTO: Gaspar Francés
Momento de la presentación del informe de Amnistía Internaciona. FOTO: Gaspar Francés

De unos años a esta parte, cualquier descripción de la realidad siria se basa en el relato de las torturas, violaciones, ejecuciones y otras atrocidades que tanto el régimen en el poder como distintos grupos armados protagonizan. Protagonista es también la comunidad internacional, tan pasiva como cómplice, condicionada por los intereses que numerosos Estados tienen en el país árabe. En el informe presentado en la Facultad de Derecho de Valladolid, Ana Victoria Pérez, presidenta del Comité Ejecutivo de Amnistía Internacional de Castilla y León, resalta que al menos 13.000 personas han sido ejecutadas en Saydnaya desde 2011, circunstancia que da una muestra de la magnitud de la tragedia y ha valido a la prisión el calificativo de “matadero humano”.

El acto, presentado por Javier García Medina, director del Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad de Valladolid, ha arrancado con un resumen de lo detallado en el informe ‘Matadero humano: Ahorcamientos masivos y exterminio en la prisión siria de Saydnaya’. En él Amnistía destaca que entre 2011 y 2015 existió una rutina de ejecuciones extrajudiciales masivas mediante ahorcamiento dentro de la prisión de Saydnaya, y todo indica a que estas prácticas siguen llevándose a cabo a día de hoy y sin duda pueden ser calificadas como crímenes de guerra y de lesa humanidad. Estas personas son principalmente manifestantes, periodistas, disidentes o defensoras de los derechos humanos, detenidas de forma arbitraria para su exterminio. El informe se basa en las entrevistas directas, e individuales, realizadas a 84 testigos, entre los que había ex guardias y funcionarios de Saydnaya, reclusos, jueces y abogados, entre otros. El gobierno sirio, requerido por Amnistía Internacional ante esta realidad, guarda silencio.

Noura Ghazi junto a su traductor. FOTO: Gaspar Francés
Noura Ghazi junto a su traductor. FOTO: Gaspar Francés

Noura Ghazi, abogada siria y activista de los derechos humanos, ha relatado visiblemente emocionada esta realidad ya que su marido Bassel Khartabil, activista de derechos humanos sirio que utilizaba las nuevas tecnologías para defender el derecho a la libertad de expresión y el acceso a la información, fue detenido en 2012 y posteriormente recluido en esta prisión: “Están pagando lo que han hecho los que han portado armas contra el régimen”, ha asegurado. Actualmente se encuentra en paradero desconocido, aunque algunos rumores apuntan a que ya ha sido ejecutado. Naoura no ha podido evitar las lágrimas durante la reproducción del vídeo animado que ha servido como introducción al acto en el que se presenta, con toda crudeza y en primer persona, la vida de un recluso de Saydnaya.

Naoura ha mostrado su visible dolor, no solo por el caso de su pareja, sino también por los cientos de personas con las que se ha entrevistado y ayudado desde 2011. Su trabajo de hecho va más allá de la asistencia letrada, además de recabar los datos que dan forma a estos informe, está también enfocada a la preparación de estas para el momento en el que sean liberadas. La implicación personal que ha significado la desaparición de su marido, con quien tuvo que casarse ya en prisión, está haciendo su lucha y trabajo, que realiza principalmente con varones, cada día más difícil y doloroso, aunque recibe constantemente el requerimiento tanto de otros presos como de su familiares para que prosiga con su labor. Se resiste a aceptar los rumores que apuntan la ejecución de Bassel Khartabil: “Si mi marido se ha ido, también lo han hecho otras 300.000 personas”.

Asistentes al acto de Amnistía Internacional. FOTO: Gaspar Francés
Asistentes al acto de Amnistía Internacional. FOTO: Gaspar Francés

La relación de Naoura con las prisiones viene de largo, antes incluso de dedicarse a la abogacía, ya que su padre también fue apresado y torturado durante los años noventa, aunque la situación actual es ya límite. “No se qué más hacer”, reconocía argumentando que, a raíz del informe, han prohibido las visitas a la prisión. Durante su trabajo ha documentado como las vejaciones y humillaciones son diarias hacia los presos, privados de todo derecho y que reclaman, por encima de todo, dignidad.

“El problema sirio no es sirio, hay muchos intereses”, ha declarado ante las preguntas de un empático público que ha escuchado en un solemne silencio su intervención. En este contexto ha hablado del papel de las mujeres, tradicionalmente reprimidas y recluidas en el hogar, que ante la situación que vive el país han gozado paradójicamente de un espacio para poder formarse y acceder al trabajo, sin descuidar sus obligaciones impuestas de crianza: “Son las que están sustentando el país”, argumentó ante esta responsabilidad a la que están haciendo frente.

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