Concentracion antitaurina frente a la Plaza de Toros en San Pedro Regalado. FOTO: Marius Kolff
Concentracion antitaurina frente a la Plaza de Toros en San Pedro Regalado. FOTO: Marius Kolff

La voz de la Plataforma Ciudadana contra el Maltrato Animal se pudo escuchar esta tarde en Valladolid, a pesar de los insultos y silbidos que les regalaron los espectadores del festejo taurino de esta tarde que, por primera vez en muchos años, no ha contado con subvención municipal.

Una manifestación de media hora protagonizada por un reducido grupo, cercado entre vallas y vigilado por un gran despliegue policial, sirvió para que se pudieran escuchar a las puertas de la plaza cánticos en contra de una tradición que esconde “el asesinato y la tortura animal en el arte y la fiesta”. "¡El toro de la Vega ya cayó!", "¡la tortura no es arte ni cultura!" o "¡esta plaza la vamos a cerrar!" fueron algunas de las consignas lanzadas por los manifestantes mientras se recreaba una escena en el suelo de dos personas pintadas de rojo simulando la muerte del animal.

La protesta fue repelida con silbidos de desaprobación por parte de la facción taurina y de insultos tales como "tontos", "imbéciles" o "hijos de puta" que fueron caldeando el ambiente e intensificando la protesta aún más si cabe.

 

Varias personas, ataviadas con sus mejores galas para contemplar la muerte del toro, se encararon desde la distancia con los manifestantes con mofas y burlas a cual más pintoresca y casposa. Uno mostró a su pareja, vestida de gala para la ocasión, espetando: "Esto es una mujer y no vosotras, que no os ducháis”. Otro más veterano se tomó la libertad de aconsejar a la policía que “enterrase a los manifestantes bajo tierra”. Hasta adolescentes taurinos que allí se congregaron se dieron el lujo de insultar, gritar y burlarse de las personas que luchan y protestan en contra del maltrato animal.

Una escena poco edificante que a buen seguro se repetirá mientras “la tortura del toreo no sea suprimida”. Pese a la intolerancia taurina no hubo que lamentar agresiones físicas, en parte por el cerco que la policía hizo de los manifestantes, que demostraron que los más energúmenos y peligrosos eran los que iban entrando en la plaza de toros a presenciar la barbarie.

"¡Hoy a ver matar, y mañana a rezar!", les espetaron los manifestantes a los aficionados mientras iban accediendo al coso.

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