Movilización del colectivo Mujeres Bici-bles en Argentina. FOTO: Mujeres Bici-bles Salta
Movilización del colectivo Mujeres Bici-bles en Argentina. FOTO: Mujeres Bici-bles Salta

El movimiento Mujeres Bici-bles nace en Bucaramanga, Colombia, a partir de un ejercicio de observación de su impulsora: “Cuando empecé a ir en bicicleta a la universidad veía que eramos menos las mujeres que íbamos en bici, tres incluso hasta menos, y en la ciudad lo mismo”, explica Andrea María Navarrete entre las motivaciones que la movieron a crear el colectivo social que me pretende ayudar a las mujeres a subir a la bicicleta.

Es un proyecto con una importante componente ecofeminista, aunando la perspectiva de género y el empoderamiento apostando por una movilidad ecológicamente sostenible: ”No es nuevo, desde finales del siglo XIX las bicicletas van acompañando por ejemplo las sufragistas y cómo la bicicleta significa hoy día un vehículo que permita que las mujeres se muevan solas, que conquisten territorio, que generen cierta autonomía con su cuerpo e incluso autonomía económica; la bicicleta sigue siendo una máquina para la libertad y el empoderamiento femenino”.

En comparación con el transporte motorizado, la bicicleta es mucho más accesible: “Un carro implica también mayores inversiones y de pronto no todas las mujeres tienen dinero para comprar un auto, mantenerlo”, aparte del enormemente menor impacto de la bicicleta respecto al coche medioambientalmente. Esta es una de las razones para impulsar su uso: “Con estas tendencias estamos buscando una nueva mirada de la vida, la formas de vida, los hábitos de vida, qué comemos, cómo nos movemos, qué votamos, qué estamos desechando”. Esto sigue la senda de la llamada perspectiva del ‘buen vivir’, basada en el equilibrio equitativo entre economía y naturaleza: “El buen vivir y la buena vida que muchas veces creemos que tiene que ver con tener el último carro y la casa más grande”, puntualiza.

Charla de Andrea María Navarrete en Gijón. FOTO: ConBici Gijón
Charla de Andrea María Navarrete en Gijón. FOTO: ConBici Gijón

Poco a poco, este movimiento ecofeminista fue extendiéndose desde Colombia a México, surgiendo grupos en distintas localidad, expansión que acompañó y potenció Andrea Navarrete: “El año pasado se me ocurrió hacer un viaje en bicicleta para extender la red en otros países de Sudamérica, mi viaje pasó por Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Argentina, Paraguay y terminé en Brasil, y en algunos lugares fui dejando grupos de Mujeres Bici-bles”. Desde entonces los grupos siguen funcionando de forma autónoma: “Cada grupo en cada ciudad hace lo que pueda, también dependiendo del contexto, algunos tienen escuela, otros simplemente motivan desde las redes sociales, otras hacen foros, otras son más activas, depende del contexto”. “Mujeres Bici-bles en Bucaramanga hacíamos rodadas, organizábamos foros, yo misma participaba en otros foros, hacíamos actividades de urbanismo táctico, como recuperación de los espacios para la gente, y la actividad bandera que es la 'biciescuela' que enseñábamos a muchas mujeres a pedalear de manera voluntaria y gratuita, generalmente en un parque”.

“Yo siento que estamos en situaciones similares”, reflexiona confrontando el escenario latinoamericano y el español, “hay mucho trabajo colectivo civil de la gente organizándose promocionando la bici, generando escenarios de sensibilización, y también mucha resistencia por parte de los gobiernos o procesos muy lentos para aportar cicloinfraestructuras, aportar otras dinámicas que generen el uso de la bicicleta, como poner aparcamientos para bicis”. Apunta también a la violencia en las vías, la falta de trabajo en seguridad víal, aunque también encuentra ejemplos positivos: “Por ejemplo en Lima hay un carril de bici que está por toda la parte turística, sistemas públicos de bici, hay ciudades que está mejor conectadas como Bogotá que tiene más de 400 km de bicicleta, tiene una mejor conexión pero todavía falta mucho trabajo”.

"Pasó de ser un vehículo para moverse la gente para ser un vehículo más de recreación porque llegó el auto con todo su poderío y su capacidad invasiva, creo que hay que recuperar ese espacio para la bici y para la gente” Andrea Navarrete

Uno de los caballos de batalla más importante es el acoso callejero: “Hay mucha violencia en las vías, mucha violencia verbal sobre todo, siento que falta más autonomía ciclista, que las mujeres aprendan más sobre la mecánica básica”. Los roles de género siguen estando arraigados, según cuenta Andrea, en Colombia “es más difícil que te regalen una bici siendo mujer, pero no es una generalidad, hay casos excepcionales”. “Sigue siendo una constante, falta mucho trabajo para prevenir el acoso callejero, la violencia verbal o simbólica y necesitamos trabajar en eso”, concluye la activista colombiana.

Más allá del impacto ciclista en las grandes ciudades, según sus experiencias en esta gira por la península, pone el ejemplo de Villamalea, en Albacete, un pueblo de cuatro mil habitantes en el que todas las mujeres acudieron a su charla en bicicleta, siendo éste el medio habitual de transporte en la localidad: “Por ejemplo la bicicleta también es muy usada en los pueblitos, si tú te pones a revisar la historia de la movilidad del mundo, la bicicleta fue parte importante hace muchos años, pasó de ser un vehículo para moverse la gente para ser un vehículo más de recreación porque llegó el auto con todo su poderío y su capacidad invasiva, creo que hay que recuperar ese espacio para la bici y para la gente”.

Mujeres Bici-bles en Valladolid. IMAGEN: Dibuja y Pedalea
Mujeres Bici-bles en Valladolid. IMAGEN: Dibuja y Pedalea

Organizado por Tejiendo en Morado, en colaboración con Asociación La Curva, Baba Yagá y Hacia el Sur en el Atlántico, a su paso por Valladolid dará una charla sobre movilidad ciclista desde la perspectiva de género el miércoles 12 de julio a las 19:30 en Librería La Otra y un taller práctico confrontando el sexismo en los espacios ciclistas en la Casa de las Palabras el jueves 13 a la misma hora. Ambas actividades son para el público en general, adeptos o no, en su opinión, todo el mundo ha de conocer la información: “La primera charla tiene que ver con la historia de las mujeres en bicicleta, desde los primeros pedalazos, por qué las mujeres nos subimos en la bici, qué implicaciones sociales tuvo, cómo se mueve la bicicleta en Latinoamérica o cómo en algunos lugar del mundo las mujeres no pueden usarla bicicleta hoy día”.

La segunda cita vallisoletana es un taller de sexismo: “Lo que yo hago es poner situaciones donde se evidencia bastante la violencia de género, con el objetivo de buscar aliados, cómo podemos ser aliados de esas situaciones para contrarrestarlas, no para criticarlas ni juzgarlas, qué podemos hacer nosotros para liberarlas y para que no se presenten nunca más”. Es la segunda vez que lo imparte, la primera fue la pasada semana en Gijón, de donde salió con una excelente sensación y con unas cuantas interesantes reflexiones, destacando lo importante que es aprender a escucharse en talleres que provocan tanto debate como son los de género. Además puntualiza que está dedicado a un público mixto, no solo a mujeres: “Creo que la sensibilización la tenemos que hacer en comunidad, no segregados por género”.

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