Integrantes del Colectivo Indignado de Valladolid en la manifestación.
Integrantes del Colectivo Indignado de Valladolid en la manifestación.

14 de julio.

Día primero:

Dos miembros del Colectivo Indignado de Valladolid habían sido entrevistados por la Cadena Ser en la ciudad de Valladolid. 11 de la mañana. A las pocas horas de esta entrevista esos dos miembros de encuentran en la estación de autobuses. Allí estaba extendida la pancarta de la caravana 2017, denunciando el genocido del s. XXI. Otros compañeros del Colectivo habían llegado a la estación para despedir a las 13 personas que, pocos minutos después, subirían al autobús camino de Madrid- Melilla. Fotos, abrazos, una rosa y un adios. Hasta el 22 de julio. ¡Que no os pase nada, amigos! ¡Os esperamos vivos! Eran las 14 horas del día 14 de julio, 2017.

Casi atrapando las últimas palabras de nuestras compañeras, entraba en el andén el autobús procedente de Palencia. Trae a tres pasajeros, uno de ellos sirio. Son tres compañeros caravanistas. Juntos, palentinos y vallisoletanos, emprendimos viaje hacia Salamanca. Nos esperaban viejos amigos. Ferchu, Chema, Nestor, Sara y 10 compañeros más introdujeron sus equipajes en el maletero del autobús. ¡Seguimos!, se oyó decir. Y atravesamos el puente sobre el sabio Tormes. Carretera de Madrid y alguna añoranza de aquellos años durante los cuales varios pasajeros habían vivido su estudiantil juventud en los atrios de ambas universidades salmantinas. Otro adios, otro desgarro, otro proyecto. La Historia no termina, siempre empieza. Estábamos inmersos en la tragedia de los REFUGIADOS.

Apenas hubo tiempo para siestas. El conocicmiento de muchos de los ubicados en los asientos no permitió demoras. Enseguida hubo necesidad de decir quiénes éramos. Apiñados en los puestos traseros para mejor oírnos, comenzaron las presentaciones. Ya estaba caldeado el ambiente. Era distinto al del año pasado, cuando se inauguró la primera caravana de denuncia de 65 millones de desplazados, migrantes y refugiados por los mares y senderos de Europa. Un café a medio camino terminó de apretar las manos y sobre todo los corazones.

Eran las 7.30 de la tarde y Madrid se nos abría de par en par. Polideportivo Municipal de Arganzuela. Dejamos mochilas y atuendos en su gran sala de deportes. Unos compañeros de lucha, unos ugetistas de solera, nos habían preparado unos platos repletos de trozos de sandía y de melón. ¡Qué buena idea! Muy apropiada para una tarde de calor. Empezaba la solidaridad militante. Gracias, UGT del barrio vallecano.

Desde allí, a la fiesta de la “Karmela en Vallekas”. La Virgen del Carmen vestida de “k” comunista, de “k” comunitaria o de “k” de Vallecas, puerto de mar olvidado. A elegir. En el recinto ferial pancartas y letreros alusivos a los cuatro partidos del espectro político estatal: PP – Cs – PSOE – PODEMOS. En círculo. Tanques de cerveza y bullicio. Eran manifestaciones populares de la fiesta. No mucho más, aunque en las barras de los bares podemitas se podía encontrar el sentido profundo que movía a muchos de los allí presentes. En sus hojas se podía leer: 1 de cada 4 personas viven en la pobreza en España – Hay más de 500 desahucios al día – Más de la mitad de los jóvenes españoles están en paro – 300.000 de esos jóvenes han sido obligados a irse fuera por falta de casa y trabajo – Se pretende acabar con los derechos de las mujeres – Se destruyen la educación y la sanidad públicas – Represión policial contra quienes nos manifestamos por nuestros derechos.

Y la lista denunciante se cerraba con las siguientes palabras: “Por estos y otros muchos ataques de los gobiernos del PP y el PSOE, ordenados por la patronal y la Troika, nosotras y nosotros nos organizamos para cambiar las cosas”.

Era como si hubieran adivinado nuestra presencia. Resulta que nosotros también veníamos desde los distintos rincones del Estado a reivindicar cosas parecidas. Con una diferencia. No nos fijamos sólo en los problemas de dentro, que también, sino además en los problemas de fuera, de aquellos que huyen atemorizados por la guerra, de aquellos a quienes se les ha destruido su hogar, de aquellos que se ahogan en el Mediterráneo, de aquellos que quedan prendidos en la vallas de Ceuta o de Melilla, de aquellos más de 50.000 que esperan atrapados en Grecia porque se cierran las fronteras de la ruta de los Balcanes, de aquellos cuyos países han sido empobrecidos.

Por eso, mañana nos concentraremos delante del Congreso de los Diputados y haremos una cadena humana hasta Neptuno para recordar al Gobierno español que se comprometió a traer a nuestro país a cerca de 18.000 refugiados, pero que apenas llegan a 1.500 los que conviven actualmente con nosotros. Y continuaremos camino de Sevilla hasta llegar a Melilla imbuidos del espíritu de esta segunda versión de la Caravana 2017 rumbo a la frontera SUR. En nuestra memoria va el saludo que los organizadores de la Fiesta de la “Karmela en Vallecas” nos dedicaron desde el escenario donde los cantantes Rafael y Salvador Amor deleitaron a los oyentes con su programa “Amor con amor”. “No me llames extranjero” fue la canción que nos dedicaron como caravanistas que queremos derribar fronteras, construyendo puentes. Ninguna otra, mejor.

Comitiva vallisoletana de la Caravana a Melilla.
Comitiva vallisoletana de la Caravana a Melilla.

Día 15 de julio.

Segundo Día:

Efectivamente, a las 1030 de la mañana, después de desayunar en el Polideportivo de Arganzuela, los 200 compañeros y compañeras del País Vasco, los caravanistas de Madrid y los 30 de Castilla y León nos personamos ante el Congreso de los Diputados. Ya habían precedido a los cinco autocares que nos acercaron hasta el Parque del Retiro madrileño, los furgones y motos de la policía. Nos enfilamos, ordenados en filas de cuatro en fondo hasta la plaza de las Cortes. Banderas y banderines, pancartas y concertinas simuladas daban muestra de nuestra solidaridad con la causa de los refugiados. Canciones, lemas y gritos recordaban los mejores tiempos del 15M.

Representantes de las distintas comunidades autónomas del Estado explicaron ante la fachada del Congreso el sentido de la caravana. Araba, Bizkaia, Gipuzkoa, Navarra, Logroño, Valencia, Salamanca, Córdoba, Madrid, Toledo, Zaragoza, Valladolid, Palencia, Segovia, Burgos, Barcelona gritaban y levantaban sus brazos para denunciar las políticas migratorias que el Estado español y la Unión Europea están imponiendo a millones de refugiados.

En el fondo están las causas que producen este triste fenómeno de los refugiados: una economía neoliberal preocupada más de la acumulación que del reparto equitativo, una falta de desarrollo en países a quienes se les compra sus materias primas para devolvérselas convertidas en artículos que llevan consigo la pluvalía que el trabajo de los obreros han inoculado en su industrialización. Una gobernanza política montada sobre la caduca y decimonónica unidad de Estado-Nación, en lugar de remontarse a la necesaria gobernanza mundial, hoy día necesaria y cuyas bases subyacen en la globalización y en las nuevas tecnologías de la información. Un negocio armamentístico que emplea más dinero en la fabricación de instrumentos para matar que en productos humanizadores. En una palabra, la caravana a Melilla denuncia un orden socioeconómicopolítico individualista, neoliberal, mercantilista y competitivo. Propone como meta un orden social nuevo al que por ahora sólo adjetivaremos con tres palabras: humano, justo y fraternal. Los detalles nos los irán dictando las circunstancias y la superación de los problemas, entre otros el del cierre de Europa a las vidas de otros seres iguales en dignidad a la de los europeos.

La denuncia de injurias e injusticias más concretas se centran en: violencia sexual a las refugiadas e inmigrates, la ausencia de vías legales para la llegada de los refugiados y refugiadas, las devoluciones en caliente, el incumplimiento de la convención de Ginebra, la trata de seres humanos, el bloqueo de las autoridades marroquíes a los miles de africanos que se acercan a sus límites, la extorsión a las personas en las oficinas oficiales, la discriminación en el trato a las personas LGTBI, la privación de la libertad a quienes son encerrados en los CIES, la existencia de concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, la externalización de la política migratoria y una buena serie de otros errores que tendremos la ocasión de oír en el recibimiento que nuestros amigos y amigas de Sevilla relatarán esta tarde en la alameda de Hércules.

Porque, efectivamente, a las 8 de la tarde llegamos a Sevilla y en dicha alameda el grupo sevillano organizador de la caravana de esta ciudad nos recibió amicalmente. Se repitieron las reivindicaciones, se añadieron otras similares, hablaron otros representantes de Alava, Cataluña, Castilla y León, Castilla La Mancha, Valencia, Galicia, Madrid y, por supuesto, de la propia ciudad de Sevilla. Enardecidas y significativas fueron las palabras del Defensor del pueblo andaluz, D. Jesús Maeztu. Igualmente alentadora resultó la acogida de Dña. Cristina Honorato, Concejala en el Ayuntamiento sevillano, por el grupo “Participa Sevilla”. Se cantó el himno de la libertad de J. Antonio Labordeta y también se bailó al son de la música del grupo “One Pac & Fellows”. El día segundo de la Caravana terminó en una fiesta de hermandad. Los ánimos quedaron preparados para seguir el camino hacia Algeciras y Tarifa, al día siguiente.

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