Bailes durante el vermú musical en el festival '4 gatos' de San Pelayo. FOTO: Jorge Ovelleiro
Bailes durante el vermú musical en el festival '4 gatos' de San Pelayo. FOTO: Jorge Ovelleiro

La localidad torozana de San Pelayo, a escasos kilómetros de Wamba o Torrelobatón, ha celebrado su festival ‘4gatos’, el primero contra la despoblación del medio rural, entre los días 17 y 19 de agosto. La localidad vallisoletana, que cuenta con poco más de cincuenta personas censadas, muchas de ellas residentes habitualmente en la capital, ha sido el centro para el público que, más allá de las festividades rurales basadas en los toros y el botellón: “Queremos demostrar que sabemos y podemos generar cultura y que lo hacemos porque queremos que siga habiendo vida”, aseveran desde la organización de ‘4 gatos’.

El ayuntamiento ya gastó su presupuesto en otras actividades, realizan al menos una fiesta por estación, por lo que se planteaba este festival como una iniciativa “low cost”, contando con un reducido presupuesto pero con la disposición absoluta tanto del gobierno municipal y las instalaciones que gestiona como del vecindario de San Pelayo que han puesto a disposición de ‘4 gatos’, cuanto menos, su tiempo y dedicación. Así, esta fiesta ha sido posible gracias a la colaboración de los patrocinadores como de las personas que han aportado su dinero al bote del festival o han adquirido una pulsera que, solidariamente, contribuía a financiar las actividades, cuyos beneficios se reparten ‘a escote’ entre las personas que han prestado su arte para nutrir de actividades el programa.

Virginia Hernández, alcaldesa de San Pelayo. FOTO: Jorge Ovelleiro
Virginia Hernández, alcaldesa de San Pelayo. FOTO: Jorge Ovelleiro

Buscando la temática del mural llegaron al concepto de los ‘4 gatos’, una acertada alegoría que simboliza inequívocamente el panorama que, salvo en la época estival, encarna la despoblación de las comunidades rurales castellanas: “Al final el tema de la despoblación es lo que estamos mamando”, reflexiona Virginia Herández, la jovencísima alcaldesa de San Pelayo, sobre el tema que fue el centro de la mesa redonda con la que arrancó el festival y le dio razón de ser. “El Ayuntamiento no quiere nada”, explica argumentando que los artistas se han prestado a participar en el festival de acuerdo a esta premisa, tanto por relación directa con la localidad como por empatía con la situación y la reivindicación del pueblo y el evento.

“Si esto lo hubiéramos hecho el primer verano, yo creo que no hubiera funcionado con la gente del pueblo”, acepta Virginia haciendo una retrospectiva a cerca de la respuesta de la vecindad ante este tipo de actividades. Este modesto festival es fruto del trabajo constante de implicación y participación del pueblo, de las personas que lo habitan, en un principio nada habituadas a ser juez y parte de sus festividades, viniendo a ser ahora protagonistas de un evento como el ‘4 gatos’. Además, al lanzar el cartel, tan solo con el nombre y la fecha, la respuesta en redes sociales fue abrumadora tanto en Valladolid capital como en el entorno de San Pelayo, quizás por esa querencia por el entorno rural que mucha gente tiene, adquirida de sus padres o abuelos.

El festival ‘4 gatos’ y cada una de las actividades que organiza San Pelayo huyen del modelo tradicional de fiestas patronales, basadas en los toros, el botellón y la orquesta, para ofrecer alternativas festivas y culturales, contra “un modelo de fiesta muy urbano”, como asevera Virginia, denunciando que, entre otros aspectos, para las multitudinarias fiestas de otras localidades se amplían las lineas de Renfe o de bus para ir a las fiestas de pueblos de la provincia, situación que tanto las empresas, de origen público, como la propia administración rechazan para dar servicio a sus habitantes durante el curso del año. “Para muchos pueblos es una invasión absoluta”, asegura ante la imposibilidad de estas pequeñas localidades para hacer frente a la basura generada por tal cantidad de visitantes en torno a la cultura del alcohol y la discomovida. En este cambio de paradigma cultural es donde incide ‘4 gatos’, queriendo ofrecer, tanto a las nuevas generaciones como a las más veteranas del pueblo, una alternativa de ocio para sus fiestas buscando así un cambio en lo que esta población demanda, mostrándoles nuevas alternativas de esparcimiento comunitario.

Momento de la pintada del mural en el parque infantil de San Pelayo. FOTO: Jorge Ovelleiro
Momento de la pintada del mural en el parque infantil de San Pelayo. FOTO: Jorge Ovelleiro

El programa arrancó el jueves 17 con la inauguración oficial del festival, así como la preparación de la pintura mural que, de forma colaborativa, fue completada durante el fin de semana, todo coordinado por la ilustradora Itziar Gil, en la recién inaugurada zona de juego de San Pelayo, hasta el presente año único municipio de la provincia de Valladolid sin parque infantil, ahora incluso adaptado a menores con diversidad funcional. Esto vino acompañado de una mesa redonda entorno a la despoblación rural, que sirvió de altavoz a la población comarcal para su descontento por el escaso apoyo que reciben de la administración provincial y autonómica que, tal y como señalaron varios vecinos durante la charla, solo se acuerdan de este entorno ante las convocatorias electorales, y en ocasiones ni eso. Las ‘Derivas precarias’ de Marta Álvarez y Alberto Marcos protagonizaron la noche del jueves, generando un interesante debate al calor de las imágenes proyectadas, hiladas en tres ejes principales, abordando la precariedad actual en su conjunto y reflejando temas que abarcaban desde la lucha obrera, el papel de las mujeres en la sociedad o el espejismo de la clase media emprendedora.

El público de ‘4 gatos’, tanto la componente local como forastera, no demandaba del festival una exhausta y exhaustiva programación, sino más bien un espacio y un hilo conductor para compartir el fin de semana en comunidad, así que tanto el mural infantil, que decoró el parque infantil a base de lo brochazos de los niños y niñas de San Pelayo con una colorida ilustración al más puro estilo carioca. Mientras, la música del pincha discos vallisoletano Luis Manaya, acompañaron el vermú que se alargó hasta bien entrada la tarde. Desde Ecoopera prepararon un interesante taller participativo ‘Recli-arte’ sobre el usos creativo de materiales plásticos, que ambientó la plaza de la Constitución de San Pelayo, así como el scalextric de la Cooperativa Energética, colaboradora de ‘4 gatos’, que se alimentaba eléctricamente del pedalear de las bicicletas conectadas a una dinamo para convertir así el pedaleo en vertiginosas carreras de coches de juguete. Rodrigo J. Ruiz, trabajador de Energética, también era el responsable del muestrario de libros de su librería de Urueña, Villa del Libro sita a pocos kilómetros de San Pelayo, con un puesto en la misma plaza del pueblo que duró todo el fin de semana con ediciones tanto nuevas como de segunda mano. A este mercadillo también se unieron La Malinche Producciones con su puesto de CDs y vinilos para coleccionistas. Tras las ‘Locuras-Corduras’ de la fundación Intras y la abarrotada de cervezas Vier, el directo de Indieversos provocó la euforia y desinhibición del público, haciendo incluso a la alcaldesa tomar el micrófono durante el concierto para entonar junto a la banda una de sus versiones de indie-rock que componían el repertorio.

Taller de Ecoopera. FOTO: Luis Manaya
Taller de Ecoopera. FOTO: Luis Manaya

Durante el sábado 19, último día del festival, continuó la pintura mural durante la mañana y la sesión vermú, que culminó con una comida “al estilo de San Pelayo”, es decir, cada cual aporta un plato para así completar un variado menú de tortillas, empanadas, croquetas o canapés caseros, además del sabroso “arroz solar” elaborado durante la mañana en la cocina alimentada únicamente por la concentración en la hoya de los rayos del sol, mismo sistema que sirvió para cocinar el bizcocho del postre. Desde Manzanillo, otro muy pequeño pueblo de la provincia de

Valladolid, llegó la compañía Teatro del Gatto para representar ‘Dobo, Dobo, no me comas’ , un espectáculo de títeres que hizo disfrutar al público, y no solo el más jóvenes, narrando las peripecias de un lobo hambriento que no termina de ver consistente la idea de cenarse a la entrañable oveja con la que compartía reparto. Acto seguido, Dani Martínez, conocido en la capital vallisoletana en el bar Bolis, despertó las carcajadas del público con su monólgo hasta que, pasadas las diez de la noche, llegó el ansiado momento de la paellada popular. La fiesta la completaron las muñeiras y jotas de unos voluntariosos Mama Gaita que hicieron frente al viento y el frío de la noche de San Pelayo, lo que hizo que la verbena final de Dani Dj se celebrara en el interior del Ayuntamiento para bailar los pasodobles que pusieron fin a ‘4 gatos’, el primer festival contra la despoblación que, ante su exitosa edición, amenaza con continuar dando motivos para volver la mirada hacia un entorno rural que ansía el protagonismo que merece.

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