Mesa de ponentes en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho. FOTO: Gaspar Francés
Mesa de ponentes en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho. FOTO: Gaspar Francés

Dentro de las actividades del ‘Congreso Internacional sobre el Franquismo’, que se celebra este mes de noviembre en Valladolid –del 20 al 23-, a lo largo del mes se celebran unas “mesas ciudadanas” para estudiar de forma lo más objetiva posible las repercusiones del autoritarismo franquista en la sociedad vallisoletana.

Introdujo las jornadas Asunción Esteban, de Territorios de la Memoria- España, enmarcándolas en la necesidad de estudio histórico y científico de una realidad social y política en una sociedad y épocas determinadas, el franquismo en Valladolid .

Se ha comenzado por la cultura de forma muy inteligente ya que es el marco en el que se producen muchos de los fenómenos sociales: educación, artes, relaciones sociales, medios de comunicación.

La primera de estas mesas ciudadanas contó con cuatro ponentes y un moderador que enmarcó de forma muy adecuada las dificultades en que se producían, cada día, periódicos, libros, locuciones de radio, actos culturales, etc.

Público asistente a la jornada. FOTO: Gaspar Francés
Público asistente a la jornada. FOTO: Gaspar Francés

Carlos Blanco (periodista de la Cadena SER) enmarcó el asunto relatando el clima de amedrentamiento diario de los medios de comunicación – falta de espacios informativos propios, conexión obligatoria con “el parte”, firma de ejemplares y depósito ante la delegación de Información y Turismo por parte del director del medio- habló de la vitalidad, a pesar de todo, de algunas manifestaciones culturales en Valladolid, especialmente Seminci y panorama teatral.

Dio paso al primero de los ponentes, Carlos Aganzo, Director del periódico más viejo de Valladolid, que relató las dificultades del periódico durante la guerra – incautación de los teletipos y traslado a Burgos, sede del mando del ejército golpista- dificultades que siguieron en la etapa “Cossío” y en la etapa “Delibes” en las que predominó una concepción “liberal” – herencia de Santiago Alba- que tampoco llevaba bien el régimen. Resaltó la figura de Francisco Pino, que practica una “poesía experimental” que atrae a las vanguardias literarias a pesar de provenir de una persona cercana a los postulados de Falange.

Gustavo Martín Garzo eligió para su exposición “una historia verdadera”, título muy cinematográfico como buen aficionado que es al séptimo arte. Es la historia de su propia familia, clase media castellana, que ve cómo el franquismo es un refugio ante la debacle económica, social, histórica de la España de la época. El miedo empuja a muchas personas hacia posiciones conservadoras e incluso autoritarias en lo social, las costumbres, la religión, la política… lo que se está volviendo a vivir. Un testimonio personal y valiente.

Gustavo Martín Garzo, en el centro, junto a Miguel Ángel Pérez Martín y Carlos Blanco. FOTO: Gaspar Francés
Gustavo Martín Garzo, en el centro, junto a Miguel Ángel Pérez Martín y Carlos Blanco. FOTO: Gaspar Francés

La tercera intervención fue la de Miguel Ángel Pérez Martín: Cómo morir prohibiendo. Relató cuatro casos de nefastas consecuencias a causa de la censura: el Festival de 8 horas de Rock en la playa del Pinar de Antequera, Puente Duero, en 1973, prohibido 24 horas antes con cientos de entradas vendidas y en el participaban grupos de folk, rock, pop, coros de Valladolid y de fuera. El Primer Encuentro de Nueva Canción del 1974, organizado por el DEAC de Medicina y que debería haberse celebrado en la Sala Borja. Prohibido horas antes el primer concierto se trasladó al paraninfo de Medicina, correspondía al grupo vasco Oskorri y no bien hubo comenzada la primera o segunda canción irrumpió la policía en un operativo altamente peligroso por las características del espacio y la aglomeración. Tercero y cuarto relatos hacen referencia a los casos de Tábano – El Retablo del Flautista, prohibido al día siguiente de su estreno en Madrid y que pudo retomar Teloncillo, que sufrió prohibición horas antes de la actuación en León. A Tábano se le obligó a hacer un pase de “Cambio de Tercio” antes de su actuación en el Teatro Valladolid, pase opcional, no preceptivo, que servía para ratificar o denegar el permiso que era solo para una actuación en aquella época.

El cuarto testimonio, Enrique Gavilán, expone la situación del arte y las galerías en los 60 y 70. Con una cierta vida comercial ya que el arte era una interesante inversión en la España del desarrollismo. Incluso con la llegada de exposiciones de interés a las salas de las dos cajas de ahorros, las galerías privadas de Valladolid – casi todas desaparecidas ahora- y la actividad de crítica de arte de la que disponían casi todos los periódicos de la época. Todo bajo la atenta mirada del Gobierno Civil y la Delegación del Ministerio de Información y Turismo.

Más que interesante comienzo de una actividad ya imprescindible para desmontar la idea de que esta ciudad es una ciudad entregada a la derecha más rancia. No ha sido así desde los años sesenta y la cultura ha sido un lugar de resistencia al autoritarismo político, ya sea desde posiciones liberales o de izquierdas.

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