Masa Crítica a su paso por la Plaza de Zorrilla. FOTO: Jorge Ovelleiro
Masa Crítica a su paso por la Plaza de Zorrilla. FOTO: Jorge Ovelleiro

Como cada primer viernes del mes, desde hace ya 16 años, la Asamblea Ciclista volvió a organizar una nueva Masa Crítica. La convocatoria, que se presentaba especial ante el aniversario, congregó a más de 60 ciclistas que recorrieron, bajo las luces de las farolas y de sus propias bicicletas, las calles de Valladolid reclamando, como vienen haciendo desde sus inicios, el lugar que las bicicletas merecen como forma de transporte en la ciudad. Pero esta vez no iba a ser todo pedalear, ya que el fin de fiesta esperaba en el Kafka con el concierto del Duende Eléctrico.

La Masa Crítica estaba convocada para las 20 horas en la Plaza Mayor, donde poco a poco fueron congregándose los ciclistas, para salir media hora después hacia la Plaza Rinconada y comenzar un recorrido que les llevó por varias vías del centro como el Paseo de Zorrilla o el de Isabel la Católica, la Plaza del Caño Argales o la de España.

El pelotón parado en un semáforo de Cebadería. FOTO: Jorge Ovelleiro
El pelotón parado en un semáforo de Cebadería. FOTO: Jorge Ovelleiro

El recorrido es casi improvisado por la cabeza de la marcha, siempre pendiente de la marcha del grupo ya que, a diferencia de otras rutas urbanas como la Pucelona, en ésta se circula respetando las normas de circulación sin que la Policía interrumpa el tráfico, reclamando así la bicicleta como un medio de igual derecho que los vehículos a motor y, por lo tanto, también con las mismas obligaciones.

El pelotón de más de 60 ciclistas se veía cortado en ocasiones por los semáforos, suscitando el debate entre la cola del grupo de si debería cruzar pese a estar en rojo, ya que, según indica la normativa de circulación para bicicletas: “Cuando los ciclistas circulan en grupo son considerados como una única unidad móvil a los efectos de prioridad de paso”. En otras ocasiones el grupo lo cortaban vehículos impacientes o motos de reparto que, generando gran inseguridad para las bicicletas, metían el morro del vehículo entre el pelotón para abrirse paso o hacían temerarios adelantamientos atravesando hasta tres carriles para sortear al grupo ciclista.

El Duende Eléctrico durante su concierto en el Kafka. FOTO: Jorge Ovelleiro
El Duende Eléctrico durante su concierto en el Kafka. FOTO: Jorge Ovelleiro

La ruta finalizó en la Plaza de Portugalete, donde se celebró un curioso concurso. A modo de examen por parejas, repartieron unas hojas con trece preguntas sobre la normativa de circulación, la mecánica de la bicicleta u otros detalles curiosos, con premios para los grupos ganadores. Mientras, en el Kafka, el Duende Eléctrico tenía su parafernalia ciclorockera dispuesta en el escenario.

Montado en bicicleta, con baquetas en las rodillas que golpean un destartalado charles y una caja y la guitarra eléctrica al hombro, el Duende Eléctrico no deja impasible a nadie. Va por la cuarta entrega de ‘Me estoy forrando con la música’, el título que comparten todos sus trabajos, aunque amenaza que la quinta está en camino y se editará en formato memoria USB. El despliegue de cachivaches es hipnótico, repleto de luces, un semáforo de peatones, conos naranjas o bolas de colores que inundan su reducido espacio en el escenario. Su humor, digamos soez, traspasa lo políticamente correcto para adentrarse en el humor negro, intercalando sus monólogos con un repertorio de canciones de lo surrealista a lo cómico.

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