Fernando Valiño, Javier Cuevas (moderador), Enrique Berzal y Luis Miguel de DIos. Foto: Gaspar Francés
Fernando Valiño, Javier Cuevas (moderador), Enrique Berzal y Luis Miguel de DIos. Foto: Gaspar Francés

“Quiero dejar constancia de mi discrepancia con las reiteradas manifestaciones que previas a estas jornadas y durante las mismas se han hecho al término ‘Fachadolid’. Y lo hago no por ser el autor del artículo en el que por primera vez apareció el ‘palabro’ (en el número 246 de 25 de enero de enero de la revista Interviú). El reportaje incluía una relación incompleta de cerca de 40 atentados ultras. Lo vivido en Valladolid entre 1979 y 1981 no ocurrió en ninguna otra ciudad del país. La ciudad se había hecho merecedora del vocablo, aunque esto no niegue las huelgas de los 70 en Fasa, Nicas, Michelin, la construcción, la Universidad… (…) Con negaciones de términos como ‘Fachadolid’ podemos caer en algo que, tras el revisionismo histórico de los Pío Moa o César Vidal, está muy de moda: la postverdad. Pretender que los hechos objetivos tengan menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”.

Así desveló y explicó ayer el periodista Fernando Valiño el origen del controvertido término en la III Mesa Ciudadana de las Jornadas “El Franquismo en Valladolid” que llevaba por título “De la consigna al parlamento de papel. Los medios de comunicación durante el franquismo” y en las que también participaron el historiador Enrique Berzal y el periodista Luis Miguel de Dios.

Valiño, que tituló su intervención “Cuando en las redacciones se bebía whisky” (frase tomada de José Martí Gómez), comenzó su intervención contextualizando la situación “a 5 días del 20 N y 42 años después de la muerte en la cama del dictador, cuya sombra se proyecta hoy día de la mano de la monarquía impuesta, corrupta, gravosa, inútil, parásita…”. “El franquismo no es materia del pasado. Continúa. Está aquí y ahora con la Audiencia Nacional heredera del Tribunal de Orden Público; la falta de independencia de la Justicia; el artículo 155 y el proceso recentralizador puesto en marcha; la Ley Mordaza, la Fundación Franco haciendo impunemente apología del franquismo mientras en las cunetas siguen cientos, miles y miles y de cuerpos de demócratas; los 45 juicios y condenas por apología del terrorismo en las redes; la persecución de humoristas…”, enumeró.

Su intervención también sirvió para poner sobre la mesa ejemplos de sus inicios en la profesión, a finales de los años 60, coincidiendo con la entrada en vigor de la Ley Fraga, que en aquella época supuso un avance con respeto a la Ley Serrano Súñer, pero que siguió ejerciendo un férreo control.

“Para que os podáis hacer una idea de las condiciones en las que se trabajaba en aquellos años, diré que el director de El Norte de Castilla, Ángel María de Pablos, ejercía –es un decir- de director del periódico hasta las 20 horas y, después de cenar, él mismo era el encargado de censurar su propia publicación”, contó Valiño antes de recordar otra anécdota referida a un 1º de Mayo y a los problemas que le ocasionó reflejar “en media columna escondida” una movilización de 300 trabajadores. “Al día siguiente Miguel Delibes me llama a su despacho y me dice que acaba de colgar el teléfono a Alejandro Fernández Sordo, entonces director general de prensa y que luego sería ministro de Relaciones Sindicales. Y me dice que estaba muy molesto con la noticia y que había amenazado con una sanción ‘por no respetar la verdad’. Lógicamente defendía la veracidad de lo publicado, que fue refrendada por Domingo Criado, dibujante del periódico que compartía espacio físico con Delibes, y llegó a entregar al director una de las octavillas difundidas. De poco sirvió el chorreo siguió y la firma del contrato laboral se aplazó”, contó Valiño, que no se olvidó de contar otro caso: el del periodista Ángel Allúe, despedido fulminantemente a raíz de un artículo de una protesta vecinal contra la contaminante fábrica de Silió en Vadillos. Los dueños de la fábrica también estaban presentes en el consejo de administración del periódico.

Luis Miguel de Dios y Fernando Valiño. Foto: Gaspar Francés
Luis Miguel de Dios y Fernando Valiño. Foto: Gaspar Francés

El periodista Luis Miguel de Dios también puso sobre la mesa “anécdotas y sensaciones particulares” de cuando “un paletito de 19 años llegó de Zamora” y se integró en una redacción “de grandes profesionales con experiencia y una visión no oficial del periodismo” que por entonces era El Norte. “Una redacción concienciada”, dijo “te abre los ojos y descubres lo que el franquismo estaba haciendo en los periódicos”. De Dios, tituló su intervención “Yo estaba de guardia la noche que murió Franco”. Una partida de mus inacabada tuvo la culpa. “Estábamos 5 o 6 en la redacción cuando sonaron tres campanadas de un teletipo. Germán Losada fue el que lo cogió y comenzó a decir ¡las ha palmado!, ¡las ha palmado!. El despacho fue escupido a las 4.40 y solo contenía una frase repetida tres veces: “Franco ha muerto”. “Ese teletipo lo tiene Germán Losada. Yo me quedé con el segundo, ya más ampliado, de la agencia EFE”, comentó el periodista, que confesó que en aquella jornada “más que miedo se vivió con incertidumbre”.

De Dios también puso de manifiesto la dualidad existente en la ciudad: “Valladolid era paradigma del régimen por el desarrollismo industrial de la mano de Fasa, pero por otra parte, también fue una de las ciudades más movilizadas contra el franquismo”, recordó antes de citar, como después hizo Valiño, las huelgas de Fasa, las de la Universidad, las protestas vecinales. “Con Franco vivo, en El Norte se publicaban dos páginas de información laboral”, puso en valor antes de sentenciar que en aquellos días “se hacía lo que se podía porque no se podía más”.

El periodista también recordó su procesamiento por haber cubierto un suceso. “Nos avisaron de que una mujer víctima de un atropello, seguía tirada en el suelo horas después del accidente. Nos fuimos para allá con el fotógrafo y lo contamos. El mismo juez que debía haber levantado el cadáver fue el encargado de secuestrar la publicación ese mismo día”, relató.

El historiador Enrique Berzal, el único de los intervinientes que, por edad y profesión no vivió la época en el seno de una redacción, centró su académica exposición en hacer un recorrido por las leyes de prensa después del golpe militar y cómo afectaron, especialmente, en la prensa escrita. Fruto de una “cata investigadora” en documentos de Falange, Berzal expuso algunos casos en los que el régimen, en su primera época, pese a controlar los medios de forma férrea, aún se quejaba de determinadas publicaciones por no ser suficientemente adeptas a los valores que inspiraban la dictadura.

Sobre el periodo que precedió a la Ley Fraga y su posterior aplicación, destacó los problemas que tuvo Miguel Delibes al frente de El Norte por poner en marcha “una campaña en defensa del campo castellano”, sanciones en el Diario regional por atreverse a “pedir la mili de tres meses como en Francia” o una amonestación a Francisco Umbral por la publicación de un artículo titulado LSD.

El debate posterior a la charla sirvió para que, a preguntas del público, Valiño aclarara que “la sombra del franquismo se sigue proyectando en este país através del PP” y lamentara “no haber cobrado derechos de autor por el término ‘fachadolid’”.

Público asistente a mesa ciudadana de las jornadas sobre el Franquismo en Valladolid. Foto: Gaspar Francés
Público asistente a mesa ciudadana de las jornadas sobre el Franquismo en Valladolid. Foto: Gaspar Francés

También sirvió para contrastar las diferentes visiones sobre el estado actual de la profesión y los grados de censura que soporta entre los intervinientes. El historiador Berzal, ante el calificativo de “facha” dado por Valiño al diario ABC y el cuestionamiento de la actual línea editorial de El País, aprovechó para relatar los apercibimientos recibidos por el diario en plena dictadura por su carácter monárquico. Berzal, que llegó a contraponer a la supuesta “reconcialiación” alcanzada en este país con un supuesto “intento de venganza”, fue respondido por uno de los asistentes a la charla para aclararle que, sobre los demócratas enterrados aún en las cunetas, solo cabe hablar de “justicia”. Su intervención fue aplaudida.

Berzal, como contraposición al discurso de Fernando Valiño, aseguró que “nunca” ha sufrido intentos de censura en El Norte de Castilla donde trabaja como colaborador. Hoy, en la crónica de estas jornadas que publica ese diario, no se recoge ni una sola declaración de los dos periodistas que junto a él compartieron mesa. La noticia tampoco recoge ninguna advertencia de la omisión para los historiadores que dentro de 20 años visiten la hemeroteca del periódico decano para contar lo que pasó en unas jornadas sobre el franquismo celebradas en Valladolid, aquella ciudad a la que llamaron Fachadolid con razón a comienzos de la democracia y no fue capaz de quitarse el ‘San Benito’ décadas después.

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