Un Grito Enraizado en el Ateneo Republicano de Valladolid. FOTO: Gaspar Francés
Un Grito Enraizado en el Ateneo Republicano de Valladolid. FOTO: Gaspar Francés

Ya era hora de que Un Grito Enraizado pasara por Valladolid. Gustavo Duch y Guille Jové llevan ya dos años fusionando sus cuentos, poemas y canciones, y la expectación era grande. El público respondió embelesado antes el recital surgido de la fusión artística del escritor catalán y el cantautor castellano. El Ateneo Republicano de Valladolid se encargó de organizarlo y registró un lleno, como suele ocurrir cada vez que ofrecen propuestas culturales.

Un Grito Enraizado es una hermosa muestra de amor a la tierra, con la música como telón de fondo. La mirada del público y las ganas de aplaudir cada canción, cada cuento, reflejaban la emoción empática que despiertan los evocadores textos: unas veces inspiran ternura, otras rabia, otras alegría, pero sobre todo alimentan la esperanza.

Guille Jové y Gustavo Duch durante el recital. FOTO: D. Q.
Guille Jové y Gustavo Duch durante el recital. FOTO: D. Q.

Siempre con una importante carga crítica, hacia una sociedad miope ante la realidad del mundo, hacia un sistema perverso en el que el “bienestar” de unos corre a cargo del expolio de otros o hacia la pasividad ante las señales de alarma que llevan años emitiendo la tierra y el campo. Y también de memoria, fue estremecedor el momento en el que Guille interpretó su última composición, la 'Jota para Riaño', una inspirada recopilación de la lucha y resistencia del pueblo leonés en los ochenta. “El no lo sabe, pero acaba de componer un himno”, declaró Gustavo al finalizar la canción.

El chelista habitual de Guille Jové, Diego Quintana, acompañó las canciones de unos y los cuentos del otro durante la primera parte de la actuación, como en ‘Los motines del pan’.

Gustavo Duch. FOTO: D. Q.
Gustavo Duch. FOTO: D. Q.

No menos sobrecogedor fue el poema encarnado por distintas personas que el pasado 1 de octubre quisieron votar en Cataluña, tierra natal del escritor. Las evocadoras imágenes transportaban la mente a las colas ante las urnas, las vallas de las escuelas o la represión policial: “Voto para formar pueblos libres y relacionarnos con otros pueblos libres en condiciones e igualdad, generosidad, amistad; la lucha la hago desde aquí, pero busco la igualdad para todos los pueblos del mundo”, recitó dando voz al primer insumiso, antes de finalizar el relato con la voz entrecortada por la emoción.

Hablaron y mucho de la tierra, no en vano Gustavo es coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, con constantes referencias al campo y sus gentes, como Jeromo, a quien se refirió en varias ocasiones, o Héctor, de Tabanera del Cerrato y miembro de El Naán, presente en la sala, que salió al frente para recitar un poema con el ruido de la bramadera, un instrumento utilizado desde hace miles de años en todo el mundo, empleado en España para ahuyentar lobos. Carlos Herrero, también de El Naán, junto a un virtuoso compañero africano tocando la calabaza, interpreto con su buzuki un canto de siega.

Gustavo y Guille disfrutando de la actuación de El Naán. FOTO: Jorge Ovelleiro
Gustavo y Guille disfrutando de la actuación de El Naán. FOTO: Jorge Ovelleiro

Los textos y las canciones también cruzaron el charco, en la memoria de Berta Cáceres, activista ecofeminista y líder indígena hondureña, asesinada el pasado año. También con Lolita Chávez, del Quiché guatemalteco, ahora residente en Bilbao, a quien Duch dedicó un hermoso relato, junto a la versión de ‘María del campo’, la canción de León Gieco, interpretada por Jové.

Cuando el recital termino, el Ateneo Republicano tenía raíces en lugar de cimientos. Las caras de satisfacción y las felicitaciones se sucedían, mientras la celebración iba trasladándose a los bares, al calor del vino, donde continuaron cruzándose historias y reencuentros.

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