Uno de los integrantes de La Molinera, en una de las ventanas del edificio. Foto: Gaspar Francés
Uno de los integrantes de La Molinera, en una de las ventanas del edificio. Foto: Gaspar Francés

Alfredo Abarquero, colegiado 3340 del Colegio de Abogados de Valladolid es el representante legal de La Molinera, el colectivo que ha ocupado el abandonado hotel de lujo Marqués de la Ensenada (antigua fábrica de harinas La Perla) para su conversión en un centro social para el barrio.

En este artículo, el letrado rebate el argumento de la propiedad privada para censurar la iniciativa:

La Molinera cuida de La Perla

Desde que se hizo pública la ocupación de la fábrica de harinas “La Perla” en la desembocadura del Canal de Castilla, se ha abierto en Valladolid un interesante debate sobre el alcance de la propiedad privada.

El inmueble abandonado, tras la fallida experiencia de explotar un hotel de 5 estrellas, se convirtió en pasto del saqueo y el vandalismo, suponiendo un grave problema para la seguridad y salubridad del barrio. El pasado mes de junio, un grupo de activistas de todas las edades, aunque principalmente jóvenes, decidieron tomar cartas en el asunto e hicieron público su proyecto de rehabilitación y conservación de este emblemático inmueble.

Saltó entonces a la palestra de la actualidad local el nombre de La Molinera, su decálogo de normas de funcionamiento, los trabajos de desescombro y limpieza y las actividades que pretenden llevar a cabo en dicho espacio. Aparte de cualquier otra connotación, como jurista y abogado de La Molinera estoy asistiendo al encendido debate de algunos ciudadanos que, sin haberse informado mucho más del proyecto, utilizan el argumento de la propiedad privada para censurar la iniciativa.

Veo como muchas personas parten de un concepto erróneo de las facultades que confiere el título de propiedad en nuestro ordenamiento, pues ciertamente en otras épocas es probable que lapropiedad privada tuviera el carácter absolutista que algunos pretenden otorgar, pero no en un Estado social y democrático de derecho.

Junto con la conquista de los derechos sociales por la clase trabajadorase ha venido suavizando esta noción absoluta, y en la actualidad se encuentra bastante relativizada, no solo por la Carta Magna (“Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. La función social de estos derechos delimitará su contenido “, Artículo 33), sino por otras leyes: el artículo 348 Código Civil o la Ley de Expropiación Forzosa de 1954 por poner dos ejemplos.

Cuando hablo de propiedad, me refiero a la propiedad inmobiliaria, no a las pertenencias, hablo de la que cita el artículo 128.1 de la Constitución cuando señala que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y, sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general “.

Por su parte, no menos interesante es el artículo 7.2 del título preliminar del Código Civil al determinar que la Ley no ampara “el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo”. 

Con estos mimbres, cuando los grandes maestros de derecho civil explican las facultades de la propiedad, introducen el concepto apuntado anteriormente: el abuso del derecho o “ius abutendi”.  Esta construcción doctrinal cuestiona si el ordenamiento debe amparar que el propietario de forma activa e intencionada menoscabe, destruya o deje deteriorarse el objeto de su dominio.

Para ser más gráfico, aquel que invierte varios millones de euros en adquirir una obra de Picasso o en un códice manuscrito medieval no tiene derecho a hacerlos virutas con unas tijeras en la plaza del pueblo. En este caso estaría llevando al extremo su derecho de propiedad, abusando de sus facultades y situándose fuera del ancho margen de actuación que protege el ordenamiento jurídico. Así ,la jurisprudencia se alinea con esta construcción doctrinal para asuntos semejantes, para abusos del derecho en los que la sociedad sale perjudicada por los desmanes del titular .En el caso de la harinera La Perla, cabe recordar que fue declarada Monumento Nacional en 1991. Después, tras la rocambolesca recalificación en 2004 con la manipulación del Plan General de Ordenación Urbano que será juzgada a partir del próximo 18 de septiembre en la Audiencia Provincial, fue un auténtico sumidero de fondos FEDER, es decir, de los famosos Fondos Europeos de Desarrollo Regional que aporta la Unión Europea. Por lo tanto, parece de sentido común que estemos hablando de un abuso claro sobre la propiedad cuando aún por encima se trata de un BIC (Bien de Interés Cultural) con catalogación 3.

La actitud del aclamado titular registral, aquel por el que se rasgan las vestiduras los defensores de la propiedad privada absoluta, y al que con lágrimas en los ojos defienden frente a La Molinera , es el mejor ejemplo de como el abuso del derecho  provoca  la ruina y el abandono de un Monumento Nacional, que no sólo nos ha costado enormes cantidades de dinero público, sino que como reconoce el artículo 46 de la constitución : “Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad”. De momento la Junta de Castilla y León, competente en el asunto, no ha movido un dedo en el tiempo de abandono total del edificio.

Del comportamiento del propietario, valga el símil harinero, una vez trillada la mies, separado el grano de la paja, molido el trigo y amortizado el justiprecio, solo parece inferirse ese abuso de derecho. Sea quien sea dicho propietario, abandonó el inmueble a su suerte, así como a su negocio, a la plantilla y a los acreedores.

Escudándose en un maremágnum de sociedades interpuestas y venta e intercambio de participaciones, aquel que se ha ganado el cariño y la defensa a ultranza de una minoritaria parte de la opinión pública vallisoletana, es un fantasma, un ente abstracto al que no podemos ponerle nombre, diluido en un laberinto societario de difícil solución (empresa propietaria del crédito hipotecario, concurso de acreedores, procedimientos abiertos).

Afortunadamente, gracias a La Molinera , la Perla, seguirá en pie, saneada, viva, pletórica, como vestigio de una Castilla industrializada, poblada e influyente que miraba sin complejos al medio rural, seguirá siendo una metáfora de una tierra que no quiere convertirse en un precioso caparazón, lleno de escombros, jeringuillas y basura pero vacía de futuro y oportunidades para sus gentes.


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