Algunas de las embarcaciones junto a la Leyenda del Pisuerga. FOTO: Gaspar Francés
Algunas de las embarcaciones junto a la Leyenda del Pisuerga. FOTO: Gaspar Francés

Desde que el colectivo Valladolid No Es Ciudad Para Jóvenes lo propusiera por primera vez en 2015, el Descenso Popular del Pisuerga se ha convertido en una de las actividades ineludibles de las fiestas. Organizado ahora por una asamblea creada a tal efecto, la cuarta edición de esta regata popular ha vuelto a llenar el río, entre Las Moreras y Poniente, de artefactos flotantes hechos de tablas, palets o hinchables.

Tras los necesarios ajustes de última hora, añadiendo más cuerdas o garrafas, y las pruebas para ver si el artefacto ideado realmente funciona, las embarcaciones se han lanzado a surcar el Pisuerga. Todo esto ante la mirada del público que se concentraba en la orilla de la playa y observaba desde el Puente Mayor, escena que se ha repetido al cruzar el de Poniente desde donde los transeuntes animaban con aplausos.

El panorama era variado, desde los ya clásicos colchones o artilugios inflables, que requieren poca preparación y aseguran la flotabilidad, a otras embarcaciones hechas a base de palets, tablas o garrafas. En las últimas ediciones se han popularizado también los barriles en los que se distribuyen las cervezas artesanas, de plástico y rellenos de aire a presión, excelentes para la construcción de este tipo de embarcaciones pero de un gran impacto medioambiental al no poder reutilizarse.

La afluencia, aun siendo menor que años anteriores, ha permitido vivir una divertida mañana en la que el agua del Pisuerga se ha hecho cargo de la resaca de la intrépida tropa de navegantes que, según el caso, difícilmente lograban permanecer a flote. En el terreno de los disfraces, las “señoras bien”, aunque coincidan en el nombre con otro grupo que participó el pasado año, se han llevado la palma con su pancarta “El feminismo de la Señora Botín mimimimi” y sus atuendos con abanicos dedicados a Cospedal, Pablo Casado, Albert Rivera o incluso Fraga, al grito de “El Valle no se toca”.

El viento en contra ha frustrado las aspiraciones de quienes trataban de lograr que éste empujara sus velas, de tal manera que los remos, o incluso los brazos y los pies, han sido el motor de estas naves que se han cruzado, como cada año, con la Leyenda del Pisuerga pasado el puente de Poniente. Entre algún naufragio, abordaje y otros actos de piratería, las embarcaciones, o lo que quedaba de ellas, han llegado a la orilla que marcaba el fin del recorrido. Allí, después de desmontar las embarcaciones y depositar los materiales inservibles en los contenedores, un picoteo vegano esperaba para recuperar fuerzas tras la original travesía.


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