La activista guatemalteca Lolita Chávez en Valladolid. FOTO: Jorge Ovelleiro
La activista guatemalteca Lolita Chávez en Valladolid. FOTO: Jorge Ovelleiro

Del departamento del Quiché, al norte de Guatemala, Lolita Chávez tuvo que refugiarse el pasado año en Euskadi después de ser víctima de constantes ataques violentos. Su pecado, enfrentarse a empresas transnacionales que pretenden expoliar sus recursos, muchas de ellas con capital español, siendo una autoridad dentro de su comunidad en defensa no solo de sus integrantes, también del entorno natural que ancestralmente habitan. Ahora vive en un lugar indeterminado de Centroamérica que debe mantener en secreto por su propia seguridad: “La mayoría de las defensoras del territorio estamos siendo perseguidas”.

Aprovecha sus salidas para visibilizar internacionalmente las persecuciones y luchas, por lo que hoy llegó a Valladolid para dar una charla junto a Jesús González, de ONG Mugarik Gabe, en la Facultad de Derecho. Durante la mañana visitó las Cortes de Castilla y León donde tenía concertado un encuentro con todos sus grupos políticos, aunque tan solo acudieron Podemos e Izquierda Unida, que anuncia una Declaración Institucional con motivo de los 70 años de la aprobación por las Naciones Unidas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sustentada entre otros en el testimonio de Lolita.

Ya había decidido salir de Guatemala por los permanentes asaltos violentos cuando el 7 de junio del pasado año sufrió otro más: “Fue un ataque a mano armada por paramilitares vinculados con madereros y expresiones políticas”, estas últimas relacionadas con el trafico de drogas, armas o empresas, lo que componen el “engranaje de represión que estamos viviendo”. Según relata, entre estos “perpetuadores” que se enfrentan a sus luchas, además de paramilitares, hay antiguos miembros de las llamadas Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), los ‘chivatos’ del ejército guatemalteco durante el conflicto armado que enfrentó al Gobierno con las guerrillas populares que resistían, dejando la escalofriante cifra de 300.000 asesinatos y alrededor de 45.000 desaparecidos.

Aunque algunas comunidades la “cuerparon” o resguardaron, la situación fue insostenible y tuvo que huir de forma urgente acogiéndose a un programa de protección temporal del Gobierno Vasco, vía Oxfam. Después de recibir refugio en Bilbao, volvió a residir en un punto indeterminado de Centroamérica ya que el emplazamiento concreto debe ser secreto por el peligro que corren tanto ella como su hijo: “La mayoría de las defensoras del territorio estamos siendo perseguidas, es mucho riego dar a conocer dónde estoy”, asegura Lolita, una situación que se extiende a otros territorios como Honduras, donde fue asesinada la activista ecofeminista Berta Cáceres.

Charla de Lolita Chávez en la Universidad de Valladolid. FOTO: Entrepueblos
Charla de Lolita Chávez en la Universidad de Valladolid. FOTO: Entrepueblos

Se reconoce una autoridad en su pueblo, siendo parte de colectivos como el Consejo de Pueblos K’iche’s, donde en “asamblea y determinación colectiva” se enfrentan a la tala descontrolada de árboles, “se están acabando las montañas”, o al problema del acceso al agua potable, entre otros ataques a su riqueza natural.

Pese a que la situación que se vive en Guatemala, sometida al control de intereses políticos y empresariales tanto europeos como norteamericanos, su situación rara vez llega a oídos del resto del mundo: “Hay periodismo de muerte y hay periodismo que está con los pueblos”, explica Lolita asegurando que “todos los entramados violentos que están llegando a nuestro territorios no surgen de la nada”. Considera urgente que “el Estado español asuma sus responsabilidad de lo que está pasando, los asesinatos, las torturas, la presencia nuevamente de los militares en nuestros territorios tiene que ver con empresas que son de acá, que son de Europa o España”.

Destaca a Florentino Pérez como “una expresión de las más clásicas de la oligarquía”, recordando que “también ha perpetuado y violentado contra territorios del Estado español”, denunciando su relación con partidos políticos como el PP. Denuncia los gobiernos centroamericanos son “muy entreguistas, hay mucha impunidad, hay mucha corrupción, de eso se aprovechan estas oligarquías”. “No nos consultan, llegan con todo tipo de violencia, de avanzada mandan al ejército, a las empresas de seguridad privada y la policía”, allanando así el terreno a las empresas.

Apuesta por “generar conciencia”, que en su opinión pasa por “conocer las vidas, si tu no conoces a quien estás afectando con tu supuesto bienestar, que no es bienestar sino trabajo lo que aquí está generando, tú lo que haces es ser cómplice y ser parte”. Se niega a seguir un modelo de “falso desarrollo, lo hemos visto, es más empobrecimiento”: “Tenemos sabiduría ancestral pero también es importante analizar el sistema como tal, el capitalismo, cuales son sus vertientes, sus políticas neoliberales, sus expresiones institucionales, ignorar eso es caer en el juego porque se vuelven soldados del neoliberalismo sin quererlo ser, defienden un sistema que también les está matando, es un sistema depredador”.

Pero no son todo tristezas, además de su irrenunciable sonrisa que comparte pese a lo doloroso del discurso, recuerda luchas como la que frenó la llamada “ley Monsanto” que pretendía ilegalizar las semillas criollas o tradicionales en Guatemala, para imponer las manipuladas y controladas. También las más de trescientas licencias de tala de árboles que han conseguido echar atrás en el Quiché, cuyo paisaje a día de hoy tan solo recuerda a lo que un día fue la frondosa selva centroamericana.

“Hay sabiduría feminista ancestral comunitaria en los territorios”

Mientras ahora una parte de occidente trata de despertar entre el humo de las fábricas y la locura climática, buscando respuestas y soluciones, pueblos como el Maya llevan generaciones, siglos, poniendo en práctica la armonía con el resto de entes con los que comparten el territorio, apelando a su cosmogonía: “Todo lo que existe tiene vida, por lo tanto es parte del vínculo en la red, lo micro es importante y lo macro es importante”. Lolita habla de “elementos existenciales” como el aire, el agua, las montañas o la humanidad misma, que conforman “comunidades plurales y diversas”.

Sus conocimientos y saberes se basan en la tradición oral, mantenida generación tras generación por las mujeres: “Las ancestras nos han enseñado que esta cosmogonía tenga un compromiso existencial e intergeneracional en el tiempo, espacio y movimiento”. De ahí la cantidad de calendarios que manejan, como el maya, el agrícola o el relacionado con la luna, los vínculos con las energías y la relación con la espiritualidad, algo que diferencia completamente de la religión, como suele entenderse o explicarse fuera de su cultura.

Lolita Chávez en Valladolid vestida con su huipil, símbolo del pueblo Maya. FOTO: Jorge Ovelleiro
Lolita Chávez en Valladolid vestida con su huipil, símbolo del pueblo Maya. FOTO: Jorge Ovelleiro

“Estamos corrigiendo las expresiones de Naciones Unidas cuando dicen esta gente tiene derecho al agua, por ejemplo, pero no es el derecho al agua, es el derecho del agua, es un ser, un sujeto de derecho y tiene expresión también”. De esta forma se explica su defensa del entorno, ya que sus comunidades no solo responden a los ataques contra las personas. “La humanidad nos tiene como propiedad, no nos tiene como un sujeto político a los pueblos originarios”, uniendo “con ciertos matices actuales” cómo fueron saqueados en el siglo XVI por los conquistadores españoles y cómo en la actualidad son las empresas las que continúan con esa tarea.

Aunque hubo un momento en que la cultura Maya sí fue portada, pero no por el expolio de sus recursos naturales o el genocidio sufrido hace escasas décadas, sino por el temido ‘fin del mundo’, el año 2012, que no era más que el fin del decimotercer Baktun, una de sus unidades de conteo temporal. “Era un cambio de ciclo” que marca el inicio del “tiempo de los pueblos, en el amanecer del caminar”, explica Lolita: “Vivirlo también es accionarlo, estamos en movimiento, por eso los pueblos, no solo uno, estamos llamando a la libre determinación, a la autonomía, a la territorialidad y a las expresiones plurinacionales”, aclarando que éstas, como los pueblos Mapuche, Maya, Quechua o Aimara, aun teniendo distintas cosmogonías, hacen un llamamiento común “a la vida más que a las expresiones capitalistas de acumulación”.

Este nuevo ciclo tiene otra característica fundamental, está marcado por la “energía femenina”: “Yo soy feminista comunitaria, autonombrarnos también es una expresión de respeto a la ancestralidad de lo femenino”. “Yo me formé en los territorios”, explica, “aparte de que ahora convivimos con otros feminismos de otros territorios, la rebeldía, la revolución, la resistencia está entretejida en mi ser y el de otras mujeres mayas o de los diferentes territorios porque lo mamamos”. “Hay sabiduría feminista ancestral comunitaria en los territorios”, concluye Lolita Chávez.


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