Richard Stallman. FOTO: Jorge Ovelleiro
Richard Stallman. FOTO: Jorge Ovelleiro

El neoyorkino Richard Stallman es una eminencia en la informática, su nombre es un fijo en las bibliografías de cualquier estudiante de informática o telecomunicaciones. Stallman puede considerarse uno de los padres de la informática, es el creador del movimiento Software Libre, fundador en 1985 de la Free Software Foundation, además del concepto del copyleft y de un sistema operativo pionero y revolucionario: GNU/Linux, la alternativa libre y gratuita al omnipotente Windows de Microsoft. Ha pasado por Valladolid para cerrar la segunda edición de La Ciudad Imaginada con una conferencia titulada “Libertad del usuario, libertad del lector” en la Sala Hedy Lamarr de la Escuela de Ingeniería Informática de la Universidad de Valladolid.

Más allá de tecnicismos y herramientas informáticas, Stallman es un referente en algo que el actual mercado tecnológico, incluso la docencia, rechazan abordar: la ética. Quizás esa sea la razón por la que nombres como Bill Gates o Steve Jobs son mundialmente conocidos, gurús de la informática y los negocios a partes iguales, pero no el de Richard Stallman, con iguales o mayores méritos científicos y defensor de los valores por encima del dinero desde los inicios de esta era digital.

“Si una empresa tiene poder sobre la gente, empleará su poder para ganar más, es un sistema que lleva a maltratar, las empresas no deberían tener ese poder”, en este razonamiento se basa la propuesta de Richard Stallman sobre el software libre. “Cuando decimos que el software es ‘libre’, nos referimos a que respeta las libertades esenciales del usuario: la libertad de utilizarlo, ejecutarlo, estudiarlo y modificarlo, y de distribuir copias con o sin modificaciones”, explica en su artículo titulado ‘Por qué el ‘código abierto’ pierde de vista lo esencial del software libre’, un texto de cabecera para entender el movimiento que encabeza Stallman frente al concepto de open source, o código abierto, que se creó para obviar las implicaciones éticas.

“Yo lucho para que la informática no oprima al usuario, rechazo la informática opresiva, por mi propia libertad”, declara Stallman antes de referirse a las condiciones laborales en la extracción de recursos o la manufactura de dispositivos electrónicos, otra de las implicaciones éticas de la tecnología: “Para acabar con la opresión de los trabajadores en otros países lo que hace falta es acabar con los tratados de supremacía empresarial”, refiriéndose así a los tratados de ‘libre comercio’ como CETA, TTIP o TPP, ya que su “verdadero propósito” es que “los negocios puedan oprimirnos y oprimir peor aun a los trabajadores en países pobres, estos tratados facilitan el camino”.

Charla de Richar Stallman en la Escuela de Ingeniería Informática. FOTO: A. Mingueza
Charla de Richar Stallman en la Escuela de Ingeniería Informática. FOTO: A. Mingueza

Confiesa que no utiliza redes sociales: “Facebook no tiene usuarios, sino solo ‘usados’, por lo tanto sugiero a todos que no sean ‘usados’ de Facebook”, remarcando que “es imposible” tratar de usar Facebook sin que éste lo haga. Es aun más tajante con el llamado ‘big data’: “No debería existir”, al menos sobre datos personales. “Hacen falta leyes muy estrictas, mucho más estrictas que las nuevas reglamentaciones europeas, prohibiendo los sistemas que acumulen datos personales sin justificación contundente”.

Según Stallman la ley debe rechazar los argumentos de “utilidad” de los datos ya que ni el deseo de hacerlo o la supuesta eficiencia que pudiera suponer ni lo legitima ni lo justifica: “Acumular los datos de alguien viola sus derechos humanos”. Pone como ejemplo el sistema de estacionamiento de Valladolid, conocido como ORA, que impone ingresar la matrícula, calificándolo como “un sistema injusto de seguimiento. Eso debería ser ilegal”, ya que podría hacerse igual sin esa información, como ocurría antes o se mantiene en otras ciudades.

Ese “poder injusto” que para Stallman tienen los dueños del software sobre sus usuarios se manifiesta de diversas formas, como las “funcionalidades malévolas”, o malware, para espiar, restringir, seguir, bloquear o decidir lo que el usuario querrá hacer, lo que denomina “grilletes digitales”. Exponiendo las conclusiones de numerosos investigadores, “la mayoría de las aplicaciones más exitosas para Android espían”, refiriéndose al sistema operativo más utilizado en los teléfonos móviles de todo el mundo. Asegura que esta tendencia, lejos de remitir, empeora ya que “cuando una práctica es exitosa para una empresa, otras la imitan y la mala práctica se vuelve general”.

“Si no es libre, no es ético”

Para Stallman, cualquier aplicación informática que no sea software libre “no es una contribución al mundo”, por lo que sugiere, ante la disyuntiva de desarrollar un programa privativo o no hacer nada, buscar otro trabajo “legítimo y ético, por ejemplo trabajar como mesero”, ya que en su opinión un camarero no debe avergonzarse por su trabajo pero “desarrollar un software privativo merece vergüenza”. Asegura que los usuarios de software de pago “caen en una trampa para ceder su libertad”, recordando que incluso se les “presiona” para que lo hagan, principalmente mediante anuncios o estrategias de marketing: “Si utilizas un software privativo, el dueño del programa actúa como tu amo”.

Según su análisis global de la industria del desarrollo de programas, la mayor parte del trabajo está destinado a elaborar soluciones a medida de los requerimientos de un cliente y de forma privativa: “Si excluyes la pequeña fracción que son los programas privativos para distribuir y buscas empleo en el sector de programación a medida para el cliente, puedes hacerlo como software libre, no hay obstáculo”, explicando como este cambio que lleva años proponiendo es realmente factible. Defiende que es incluso “una injusticia para el cliente” ya que paga por un producto del que realmente no tiene control, poniendo ejemplos de instituciones que contratan un software privativo que “funciona realmente mal y no hay manera de corregirlo”, algo que sí podrían hacer si éste fuera libre.


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