Cabecera de la manifestación a su salida de Plaza España. FOTO: Gaspar Francés
Cabecera de la manifestación a su salida de Plaza España. FOTO: Gaspar Francés

Como cada año, coincidiendo con el fin de la temporada cinegética para la mayoría de las especies, la Plataforma No A la Caza (NAC) ha salido a la calle en una nueva jornada estatal de movilización que también se ha secundado en Valladolid. “El fin de temporada marca el principio del tormento anual de los galgos”, aseguran en su comunicado en el que califican la caza como el “ejercicio legal de la psicopatía, matar por matar”.

Durante el trayecto de la manifestación, que discurrió desde la plaza España, pasando por Zorrilla, hasta la Plaza Mayor, se escucharon consignas como “maltrato animal al código penal”, “la caza no es deporte es asesinato” o “ni perros cazadores ni caza con hurones”, entre otros gritos contra el uso de galgos u otras razas: “Yo no me divierto con el sufrimiento” fue de las más coreadas. A su paso por la calle Santiago hicieron una parada para leer el poema ‘La última liebre’, escrito por Rafa Hernández, que también se ha podido escuchar en el resto de manifestaciones. En total 31 ciudades han replicado la convocatoria de la Plataforma NAC, con Burgos, Salamanca, León y Valladolid en Castilla y León, incluyendo incluso Verona, en Italia.

En esta manifestación las personas comparten protagonismo con sus compañeros de cuatro patas. Como Fufo y Prada, que portaban un cartel de la recién creada asociación 113 Motivo Animales junto a la correa indicando que buscan hogar. Ana, una de sus impulsoras, explica que la segunda es una galga que encontraron hace tres semanas en Renedo, mientras que el primero, un pequeño mestizo de terrier, fue encontrado en una carretera cercana a Medina del Campo hace unos dos meses, sospechando que utilizaron un coche para abandonarlo y evitar que los siguiera de vuelta.

En el manifiesto leído por Fermín y Alicia, de la protectora Scooby, han exigido la adopción de las medidas necesarias para que “el exterminio sistemático de la vida se convierta en un lúgubre recuerdo del pasado”. “La práctica cinegética no es una tradición, no es parte de nuestra cultura, no es un deporte, no es un modo de disfrutar la naturaleza ni supone la defensa del mundo rural”, aseguran en el manifiesto elaborado por la Pltaforma NAC en el que califican la caza como “ejercicio legal de la psicopatía, matar por matar, y un negocio que según sus propios números factura al año más de 3.635 millones de euros a costa del sufrimiento animal”.

“Cada semana nos despertamos con noticias macabras que nos narran el horror del hallazgo de algún o algunos perros tiroteados o ahorcados en un árbol como parece ordenar su criminal rito”, continuaron aludiendo a estadísticas gubernamentales que cifran en 20.922.143 los animales abatidos, desde córvidos hasta ciervos pasando por zorros, lobos o muflones, además de las muertes procedentes de prácticas furtivas o los perros que anualmente son finados, sumándose a los entorno a 50.000 que afirman se abandonan cada año en campos, montes y carretera.

'La última liebre', Rafa Hernández

Más que la muerte duele quien la causa.
Las manos que hasta ayer te acariciaban,
la voz que estimulaba tu carrera sin freno,
la que te recogía tras horas de extenuación.
Los ojos que siempre te observaban,
esa estafa cruel a la que llamaste afecto.

Más que las heridas sangra la hipocresía,
la falsedad, la doblez, el fariseísmo, el dolo,
el engaño, el embuste, la comedia, el cuento.
Tú capturabas la presa, él se quedaba el trofeo.
La perpetua falacia del cazador galguero:
presumía de nombrarte camarada; era tu dueño.

Más que el abandono hieren las palabras:
campo, deporte, naturaleza, medio rural;
amor, apego, empatía, aprecio.
Frases huecas, oraciones sin Dios ni lealtad.
Siempre fue perversión de mercaderes
administrar con indecencia la semántica.

Más que la horca homicida, mata el olvido.
Cuatro años y ya no sirves. Un subproducto,
un residuo. El desecho de un trastorno. El suyo.
Ayer, un atleta, un gran campeón, un ídolo; hoy
nada. Unos veinte kilos de carne en canal
para el contenedor rojo de los sueños perdidos.

Mientras la soga aún asfixia tu garganta
el criminal se aleja con pérfida impunidad.
En el horizonte —azul de frío—, una liebre,
la última. Por azar se cruzan vuestras miradas.
Una postrera enseñanza, una lección magistral:
el instinto os engañó, no era el otro el enemigo.


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