Demetrio Saster. FOTO: Jorge Ovelleiro
Demetrio Saster. FOTO: Jorge Ovelleiro

Las fiestas de San Vicente, en Amayuelas de Abajo, provincia de Palencia, son un referente en lo que se refiere a cultura popular y recuperación de saberes tradiciones, no en vano es sede de la Universidad Rural Paulo Freire en Tierra de Campos. Comenzarán este próximo viernes 26 con tres días de actividades que arrancarán con el pregón de Demetrio Saster, entusiasmado con este nombramiento ya que para él “es más importante ser pregonero de las fiestas de Amayuelas que de Valladolid”.

Gracias a su trabajo en Ecogermen, Demetrio Saster comenzó a conocer el pueblo y sus proyectos, ya que eran unos de sus proveedores, abriéndose además una ventana a la formación y la cultural popular con su Universidad Rural: “Los primeros cursos de formación que hice sobre productos ecológicos fue en Amayuelas”, recuerda allá por los primeros dos mil. Allí empezó a conocer a personas que trabajaban por un modelo con el que se identificaba, hasta tal punto que, con los años, abandonó Ecogermen y se incorporó “a ver qué puedo yo hacer ahí”. Por desgracia, esto coincidió con el estallido de la crisis, lo que truncó su plan que implicaba trasladarse junto a su familia al campo, asunto que ya habían debatido y decidido. No obstante, durante estos años ha colaborado en el albergue o en el proyecto educativo de pueblo-escuela, incluso desarrolló otros de inserción laboral para personas migrantes. “Estoy mucho más convencido de lo que estaba entonces”, reflexiona pese a haberse visto obligado a retornar a la ciudad.

Panorámica de Amayuelas de Abajo. FOTO: María José Garre
Panorámica de Amayuelas de Abajo. FOTO: María José Garre

Yo me emocioné mucho porque para mi una de las cosas que te pueden nombrar en la vida es pregonero de las fiesta de Amayuelas”, reconoce Demetrio, asegurando incluso que “es más importante para mi ser pregonero de las fiestas de Amayuelas que de Valladolid”. Comparándose con sus predecesores se siente “desbordado”, entre los que se encuentran gente muy importante en el desarrollo de la cultura, la ecológica, la economía solidaria, el mundo rural o la sostenibilidad, con nombres tan reconocibles como el cantante de Celtas Cortos, Jesús Cifuentes, más allá de otros desconocidos para el gran público. “Han caído muy bajo”, bromea, aunque no suelta prenda de lo que dirá en su pregón más allá de que hablará de lo que a él, particular y vitalmente, le transmite Amayuelas.

“Es un reflejo de lo que yo entiendo que tiene que ser la fiesta”, asegura respecto a las celebraciones de San Vicente, renegando de las actividades en las que suelen basarse los festejos de los pueblos como los toros. “Amayuelas tiene una programación muy especifica, muy basada en lo que hay, respetando mucho las actividades culturales como la música o el teatro, y mucho, mucho, la convivencia”, destacándolo como un punto de encuentro de infinidad de gente con inquietudes comunes muy vitales, como pueden ser los productores de alimentos con sus consumidores o personas que financian proyectos con las que los desarrollan. Además, en Amayuelas valoran numerosas iniciativas culturales que no tiene por qué ser famosas pero sí muy interesantes, lo que los artistas reciben sumándose a la celebración y facilitando su organización.

El viejo palomar de Amayuelas reconvertido en museo de semillas autóctonas. FOTO: María José Garre
El viejo palomar de Amayuelas reconvertido en museo de semillas autóctonas. FOTO: María José Garre

Como explica Demetrio, Amayuelas y la Universidad Rural Paulo Freire han hecho un gran trabajo para recuperar, mantener y desarrollar los conocimientos ancestrales de cómo trabajar la tierra y cómo relacionarse con ella: “Es algo que vino sobrevenido de la necesidad de poner en valor ese conocimiento tan denostado desde los años 60 o 70 en los que se empieza a plantear que el mundo rural es algo atrasado, no es moderno, no es sostenible, que la ciudad es el modelo a seguir”. Se creó una corriente de recuperación del modo de vida rural y Amayuelas, encarnada en la gente que sacó adelante el proyecto, marcó una serie de pautas para la recuperación de un modelo rural y sostenible.

Antes de que todos estos proyectos comenzarán a desarrollarse, en Amayuelas no vivían más de una o dos familias, en 1971 perdió su personalidad jurídica convirtiéndose en pedanía de San Cebrián de Campos. Adía de hoy, hay una población estable de entorno a veinte o veinticinco personas, un salto no tan grande en lo cuantitativo como en lo cualitativo: La fuerza del proyecto era muy grande pero no había una complicidad con la gente del pueblo, en este momento se ha conseguido prácticamente que toda la gente que vive en el pueblo se relaciona, participa en las actividades y se hace una vida mucho más similar a la de un pueblo”, independientemente de las diferencias ideológicas o de enfoque vital obvias en toda comunidad.

Las fiestas de San Vicente comenzaron, aunque sea testimonialmente, el pasado lunes 22, día del patrón, con una misa y un vino popular en el teleclub, las actividades que más casan con la idea de un festejo rural al uso. El arranque definitivo llegará el viernes 26 con el pregón de Demetrio Saster, seguido de una cena compartida y del premio al compromiso con el medio rural, que en este año se concederá al Centro Zahoz, dedicado a la recuperación de semillas autóctonas en la Sierra de Béjar. La noche del viernes se completará con los directos de Rumeuros y Raptor’s Queen.

El sábado 27 las actividades arrancarán a la una de la tarde con el baile de vermú al son de la dulzaina. A las 18 horas llegará el turno del teatro en la Nave de la Lana, antes de la verbena popular a cargo del Dúo Oro. Con la media noche volverá la música en directo a cargo de dos grandes grupos como La Familia Iskariote y Sinaia. El domingo por la mañana se desarrollará el ya tradicional mercadillo de artesanía y alimentos ecológicos y el espectáculo de cuentos infantiles ‘Éranse dos veces...’ de A Cuanta Ropa. Después de la también típica caldereta popular, el fin de fiesta lo protagonizará el grupo Entavía presentando ‘Raíces con alas’.

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