Conrado Escudero presentando su documental, acompañado por Orosia Castán. FOTO: Jorge Ovelleiro
Conrado Escudero presentando su documental, acompañado por Orosia Castán. FOTO: Jorge Ovelleiro

Durante la tarde de ayer 1 febrero, el Ateneo republicano de Valladolid acogió la proyección del documental ‘Lágrimas de Guerra’, contando con la presencia de su director, productor y editor, el periodista Corando Escudero, y presentado por la historiadora y fundadora del Ateneo, Orosia Castán. El filme muestra diferentes testimonios de asesinatos, desapariciones o robos de bebés durante la Guerra Civil y el franquismo con el objetivo de sensibilizar y reclamar memoria ya que, tal y como expresa al final de la cinta: “Todos somos víctimas del silencio”.

Para unos quizás sea un documental más sobre la represión franquista y la Guerra Civil. Para otros, afanados y ansiosos de que los crímenes sigan impunes y enterrados como los restos de sus víctimas, una pieza más para “remover el pasado”. ‘Lágrimas de Guerra’, para la memoria y la dignidad de todas aquellas personas represaliadas y sus familiares, muchas aun con vida, es un ejercicio tan doloroso como necesario.

Proyección del documental 'Lágrimas de Guerra'. FOTO: Jorge Ovelleiro
Proyección del documental 'Lágrimas de Guerra'. FOTO: Jorge Ovelleiro

Aunque, tal y como se argumentó en la charla posterior a la proyección, llega tarde y mal. Tarde porque desde la transición han pasado 30 años, desde la dictadura 40 y desde la guerra 80, pero todas estas víctimas de crímenes fascistas siguen sin reconocimiento legal, algunas al menos sí simbólico. Y mal porque ha tenido que salir del esfuerzo y el bolsillo de un ciudadano comprometido con la memoria, no del Estado que, a fin de cuentas, es el responsable último de repararlas y reconocerlas, como destacó Orosia Castán en su intervención.

La primera historia que narra Escudero en su obra es la de Niceto que, pese a no significarse con ningún partido político, conversaba sobre la guerra en un bar de Córdoba hasta que un supuesto amigo, el practicante, denunció este hecho a la Guardia Civil. Al estar enfermo de neumonía en el momento de su detención no fue fusilado, aunque solo retrasó lo inevitable ya que finalmente fue asesinado junto a las tapias del cementerio de la ciudad andaluza, según explica su nieta Rogelia y una sobrecogedora voz en off que encarna a la propia víctima en el video.

Instante del debate posterior a la proyección. FOTO: Jorge Ovelleiro
Instante del debate posterior a la proyección. FOTO: Jorge Ovelleiro

Otra de las protagonistas del documental es Filomena Donate, natural de Miguelturra en Ciudad Real, madre de Conrado y principal inspiradora de que esta cinta sea una realidad, que a día de hoy aun alberga la esperanza de volver a ver a su hermana. Es uno de los presuntos casos de bebés robados en España, asunto que centró la última parte de la proyección. Tras la muerte de su madre, su hermana Conrada, tocaya de su sobrino, fue trasladada a la Casa Cuna de Ciudad Real, gestionada por las Hijas de la Caridad, donde, según los pocos documentos a los que han tenido acceso, supuestamene murió. El presidente de la Asociación ‘Adelante Bebés Robados’, Ángel Casero Hernández, explica como el Opus Dei, coordinado con estas religiosas, perpetraban estos secuestros con la colaboración de la Asociación Española para la Protección de la Adopción (AEPA), fundada por uno de los fiscales de Franco, Gregorio Guijarro Contreras.

El documental, además de estos testimonios, recoge opiniones de distintos investigadores y expertos, como Xulio García Bilbao de la Federación ‘Foros por la Memoria’: “El Estado español niega el acceso a la justicia a un colectivo de personas que son las víctimas del franquismo”, asegura en un pasaje del documental, señalando también la vigente legalidad de toda aquella jurisdicción al no declararse lo contrario pese a haber llegado, supuestamente, la democracia a España. El profesor de Antropología de la UNED, Julián López García, destaca que, pasados 70 u 80 años de aquellos crímenes, “actualmente hay víctimas de la Guerra Civil que están vivas, son los hijos o los nietos de represaliados”, siendo merecedores de esta consideración al igual que otras, como las del terrorismo, que sí son reconocidas.

Francisco Alía, profesor de Historia Contemporánea de la UCLM, señala cómo durante la transición se acuerda no hablar de la Guerra Civil aunque “durante el franquismo se habló mucho, Franco legitimaba su régimen con la guerra”. Algo nada banal, ya que “el objetivo de la represión franquista era extender el terror a toda la sociedad”, explica en el documental.

Conrado reconocer que ha llorado mucho realizando esta pieza, escuchando una y otra vez las desgarradoras narraciones de familiares directos de represaliados, alguna con un final casi feliz tras el reencuentro décadas después, pero todas profundamente dolorosas y, sobre todo, injustas. Y más aun, recuerda Escudero, cuando el responsable de la banda sonora, Jose Vicente Romero, le envió la pieza que redondea la atmósfera del documental. El cartel es obra del diseñador gráfico ciudadrealeño Alfonso Escamilla.

Conrado Escudero junto al retrato de Salvador Allende. FOTO: Jorge Ovelleiro
Conrado Escudero junto al retrato de Salvador Allende. FOTO: Jorge Ovelleiro

Escudero también se refirió a las trabas que ha encontrado para su realización por parte de la Filmoteca y la Biblioteca Nacional: “Estamos en un momento en el que tenemos muchos archivos, hay mucha documentación, hay muchas instituciones públicas, que pagamos todos, pero a las personas que queremos sacar a la luz pública todos esos documentos nos ponen muchísimas trabas”, especialmente económicas, según relata Conrado que sufragó el documental con sus propios recursos. Puso el ejemplo de la Filmoteca Nacional que le pedía 1.000€ por un minuto de vídeo, dándose la casualidad de que la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo disponía de algunos de ellos, que se los cedió gratuitamente, ya que son grabaciones de la CNT aunque la filmoteca custodie los originales.

Abriendo los turnos de palabra al público, entre diversas vicisitudes y debates que se generaron, hubo una interesante intervención de una hija de un exiliado español en Argentina, emocionada ante el retrato de Salvador Allende, siempre presente en el Ateneo, que relató la experiencia de su padre y el pretendido desconocimiento de la historia que se ha encontrado al venir a España. En su conversación con los ponentes y con la participación de otros asistentes, desgranaron varias claves de las analogías entre los casos latinoamericanos y españoles, poniendo entre otros el ejemplo de los bebés robados, relatando cómo los médicos responsables en Europa se trasladaron a América para impartir charlas y exportar su perversa filosofía.

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