Samuel Martín-Sosa durante su charla. FOTO: Gaspar Francés
Samuel Martín-Sosa durante su charla. FOTO: Gaspar Francés

Por segundo año consecutivo, el Colectivo Indignado de Valladolid organiza un ciclo de conferencias relacionadas con la crisis global de refugio, en este caso bajo el título de ‘Refugiadxs sin refugio, causas y consecuencias’. Se inauguraron ayer lunes en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho, donde Samuel Martín-Sosa ofreció una charla titulada ‘Refugiados ambientales’ sobre “el sistema que está expulsando a estas personas, porque están obligadas a migrar”, según explicó durante su intervención. Se inauguraron también las dos exposiciones del fotoperiodista Antonio Sempere ‘Invierno serbio’, proprimera vez en Valladolid, y ‘A pie de valla’.

Doctor en Biología por la Universidad de Salamanca, responsable de Internacional de Ecologistas en Acción y representante español del European Environmental Bureau (EEB), Samuel Martín-Sosa arrancó su conferencia partiendo de una foto de unas “épicas” inundaciones en Chinnai (India) en la que varias personas intentaban salvar sus pertenencias y su vida con el agua al cuello. En ella, uno de sus protagonistas vestía una camiseta del Real Madrid, elemento que usó Samuel para hablar de “cosas que viajan, no solo personas que viajan”.

Comenzó entonces a recrear, de forma un tanto fantasiosa pero basándose en datos reales, el trayecto de esa prenda hasta que esa persona fuera retratada con ella. Supuso que estuvo en unos almacenes madrileños hasta que fue comprada y, tras un tiempo, cuando ya no se usaba, acabó depositada en un contenedor de ropa usada. Pasó de puntillas por el lucrativo negocio de la ropa usada, hasta que esa camiseta llegó a India y el protagonista de la foto la compró a un minorista local antes de las inundaciones. Una vez completada esta parte de la vida de la camiseta, decidió ir hasta el principio, desde que se obtuvieron los materiales de los que está hecha hasta estar lista para su venta.

Aula Mergelina de la Facultad de Derecho durante la conferencia. FOTO: Gaspar Francés
Aula Mergelina de la Facultad de Derecho durante la conferencia. FOTO: Gaspar Francés

Según indicó Martín-Sosa, España genera alrededor de 160 toneladas de ropa usada al año, debido a la obsolescencia programada en una parte y a la obsolescencia percibida. Comenzando por el petróleo, base de las fibras sintéticas de las que está hecha, que por ejemplo podría estar extraído en Dubai y partió del Jebel Ali Port en los Emiratos Árabes Unidos hasta Chittagong en Bangladés para ser empleado en la industria textil.

Aprovechó para aportar varios datos, como que la humanidad precisa de más de 90 barriles diarios de petroleo para sustentar su ritmo de vida, con una disponibilidad de este recurso fósil y finito cada vez más reducida, por lo que se recurre a otras formas de extracción más agresivas con el medio ambiente y las personas, además de las emisiones de CO2 o metano gue generan los gases asociados a este mineral, causantes ambos del calentamiento global.

Volviendo a Bangladés, recordó entonces una foto del derrumbe del Rana Plaza en 2013, un edificio de la capital, Daca, en el que murieron al menos 1.127 personas y otras 2.437 resultaron heridas y donde se manufacturaba ropa para diversas empresas, algunas españolas, en condiciones infrahumanas. Relacionó entonces el clima con el refugio, explicando como el 70% de la población bangladesí se dedica a la agricultura, afectados directamente por las cada vez más devastadoras consecuencias de los fenómenos atmosféricos, apuntando a la “vulnerabilidad previa en la se producen los efectos del cambio climático”.

Cartel de las jornadas del Colectivo Indignado junto a su exposición fotográfica. FOTO: Jorge Ovelleiro
Cartel de las jornadas del Colectivo Indignado junto a su exposición fotográfica. FOTO: Jorge Ovelleiro

Siguiendo con la camiseta, apuntó al proceso de teñir las telas en piscinas de productos químicos, con trabajadores sin medios de protección y contaminando enormes cantidades de agua, o las condiciones laborales en las que son tejidas, principalmente por mujeres, esgrimiendo el género como el principal condicionante de la vulnerabilidad previa. Aprovechó para hacer hincapié en el abuso de los plásticos, empleados además de para fibras textiles, para empaquetar los alimentos que viajan miles de kilómetros o cualquier otro producto, generando una enorme huella de carbono. Lo mismo que la camiseta, que en total habría recorrido entorno a 20.000 kilómetros hasta llegar, vía Algeciras, a los almacenes de Madrid.

Según sus datos, las emisiones generadas por el transporte marítimo y aéreo internacional suponen entre un 4 y un 9% de las globales, aunque nadie hace cargo de ellas: “La falta de medidas denota que el comercio está por encima del clima”, aseguró Martín-Sosa. Más allá del ejemplo de la camiseta, un ordenador puede llegar a “viajar” tres veces más hasta juntar sus componentes y ser comprado.

“Este es el sistema que está expulsando a estas personas, porque están obligadas a migrar”, aseguró para explicar que no tienen el estatus de refugiado al estar fuera de los motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas que esgrime el Convención de Ginebra. “¿Es forzosa esa migración? Evidentemente sí”, señala para afirmar que son refugiados ya que no es una migración voluntaria, pese a que este reconocimiento aun no se ha hecho efectivo legalmente, con los problemas que ello supone.

Exposición del Colectivo Indignado. FOTO: Gaspar Francés
Exposición del Colectivo Indignado. FOTO: Gaspar Francés

Relató los lugares en los que según algunos autores más desplazados mediambientales habrá en el futuro, como Latinoamérica y el Caribe, Asia-Pacífico, Oriente Medio, las zonas periglaciares o África, dónde aseguró que en 2020 entre 80 y 250 millones de personas estarán en riesgo: “África es un caso claro de procesos de degradación lenta”, asegurando que “los desastres climáticos son desastres sociales también”. Según la Organización Internacional de las Migraciones, 200 millones de personas se verán obligadas a desplazarse de aquí a 2050, lo que a su juicio explica el blindaje cada vez mayor de las fronteras de Europa y Estados Unidos.

“¿Cuál es nuestra responsabilidad?”, se preguntó, añadiendo que “el gen de la pobreza no existe”, por lo que apunto como causante al modelo económico y los impactos del modo de vida. “Las sociedades tenemos la responsabilidad de no equivocarnos de enemigo”, ya que “un rasgo que define a los fascismos es la necesidad de un enemigo común y la creación de un sentimiento de pertenencia a un grupo que necesita defenderse de ese enemigo común siempre con el miedo como motor”, puntualizó sobre el rechazo a las personas extranjeras y su impacto en los servicios públicos y sociales.

Una de las fotografías expuestas. FOTO: Gaspar Francés
Una de las fotografías expuestas. 

Como conclusión, señaló la necesidad de un cambio de paradigma “que implica cuestionar todo” y “cambiar el chip de la individualidad a lo colectivo”, asegurando que “no puede ser que mi derecho a usar el coche esté por encima del derecho colectivo a respirar aire limpio”. En su opinión esto solo pasa por que la ciudadanía se empodere: “La crisis de los refugiados es parte de una crisis climática, ecológica, energética y sobre todo social que vivimos, pero también de una crisis democrática, y por ahí es por donde debemos empezar, por empoderarnos”, concluyó.

Esta charla inaugural ha estado acompañada del estreno de la exposición del fotoperiodista Antonio Sempere titulada ‘Invierno serbio’, por primera vez en Valladolid. Según explicó Chuchi, encargado de presentar la charla por parte del Colectivo Indignado, hay unas 11.000 personas en la frontera serbo-húngara que retrata la muestra, donde la policía serbia persigue a los voluntarios que las atienden, ya que según relata está prohibido darles comida caliente o ropa, asegurando que este invierno han fallecido varias personas por falta de abrigo, con temperaturas entorno a 18 grados bajo cero. En la segunda planta de la Facultad de Derecho puede visitarse también ‘A pie de valla’, del mismo autor, que muestra la frontera sur de la “Europa fortaleza”.

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