Spitou Mendy durante la charla del Colectivo Indignado. FOTO: Gaspar Francés

La tercera de las charlas organizadas por el Colectivo Indignado de Valladolid ha versado sobre los abusos y explotación a las personas migrantes, dentro del ciclo ‘Refugiadxs sin refugio’. Para ello han contado con la presencia de la periodista Patricia Simón y con Spitou Mendy, sindicalista y trabajador en los invernaderos de Almeria, que ha ofrecido su testimonio en primera persona: “Gracias a estos esclavos comemos todos los días tomates y calabacines”.

La periodista especializada en relaciones internacionales y en información con enfoque de género, Patricia Simón, ha ofrecido una charla titulada “Migrantes y refugiados, parias de la globalización, mano de obra explotable”. Ha desmontado la “trampa interesada” de poner el foco tan solo en las personas refugiadas, como ha asegurado pretende el Gobierno europeo, dejando de lado a las migrantes económicas. En este sentido, puso el ejemplo del ex ministro del Interior Jorge Fernández Díaz que, ante la conmoción que causó la foto del cadáver ahogado del niño Aylán en Grecia, pasó de hablar de los refugiados como “goteras que venían a inundarnos” a decir que esos sí pero contra el resto de desplazados había que desplegar todas las medidas al alcance para que no lleguen a España. Todo esto, según su relato, choca de pleno contra el derecho a la libre circulación recogido en el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Patricia Simón en un momento de su intervenciñon. FOTO: Jorge Ovelleiro

Ahondó entonces en la llamada frontera sur, donde “más se demuestra la hipocresía racista del Estado español”, asegurando que, como periodista, Melilla ha sido el lugar “más impredecible y desconcertante” en el que ha trabajado. Aunque no se quedó ahí, ya que para Simón la gran frontera es la Península Ibérica. Para argumentarlo describió algunos de los mecanismos que según su diagnóstico utiliza el Estado español para controlar a los inmigrantes. Destacó la “trampa” del empadronamiento ya que, según información a la que ha tenido acceso, comprobó como la propia Policía utiliza el padrón para localizar a inmigrantes en situación administrativa irregular cuando hay planificado algún vuelo de deportación, algo “absolutamente contrario a la legalidad internacional”. Dentro de una larga lista, aludió también a las pruebas médicas de detección de edad, los centro de internamiento, la abusiva burocracia impuesta a estas personas o incluso, aunque de forma más sutil, los servicios sociales e incluso las ONGs.

El problema con las personas refugiadas migrantes que nos moviliza tanto cuando lo vemos en Grecia es lo que llevamos haciendo en el Estado español más de 20 años”, aludiendo al comienzo de la construcción de la valla de Ceuta en 1996, con más de 20.000 personas muertas en el Mediterraneo en estos años como resultado de una política y un sistema que necesita “mano de obra explotable”. Concluyó recordando que la primera ley de extranjería en España fue promulgada en 1986 por Felipe González, asegurando que no existí problema alguno con la inmigración, pero que coincidió con la entrada del país en la Unión Europea, asegurando que el mensaje era claro: “Podemos hacer de guardianes de vuestra frontera sur”.

El segundo en intervenir fue Spitou Mendy, guineano de nacimiento pero senegalés de adopción, que ha trabajado en los invernaderos de Almería además de pertenecer al Sindicato Andaluz del Trabajo (SAT), actividad que ha terminando abandonando por las presiones y hostigamientos de los empresarios del campo que han llegado a afectarle incluso a su salud. Apoyó el relato de su predecesora en la charla, situaciones que como inmigrante africano ha sufrido en sus propias carnes, preguntándose por qué debe haber una ley especial para él, como migrante, y no puede caber bajo el paraguas de la Constitución Española.

Patricia Simón, la representante del Colectivo Indignado y Spitou Mendy durante el acto. FOTO: Gaspar Francés
Patricia Simón, la representante del Colectivo Indignado y Spitou Mendy durante el acto. FOTO: Gaspar Francés

“Gracias a estos esclavos comemos todos los días tomates o calabacines”, ha sentenciado Spitou Mendy tras la proyección de un vídeo sobre las condiciones de los trabajadores del campo: “Estoy agotado de denunciar siempre lo mismo, contar el malestar del colectivo migrado que está en Almería bajo plástico”. Ha desmontado la tarea de las inspecciones de trabajo ya que los empresarios están avisados y, simplemente, indican a sus empleados ilegales que no vayan ese día, denunciando cómo los inspectores se fían de la palabra de los agricultores sin comprobar su veracidad.

“El trabajo bajo plástico no se regula”, aseguró el sindicalista africano destacando que para ellos no existe ni convenio, ni contrato, ni subsidios de ningún tipo, teniendo que aceptar trabajar de 8 de la mañana a 9 de la noche por un sueldo de 30€. “No puedes decir nada sino agradecerlo”, ya que el miedo a perder el empleo y sus condiciones de vida en el país les impide luchar por sus derechos, así como tratar de regularizar su situación.

Denunció también cómo la tasa de enfermedad es cada vez mayor en Almería, lo que relacionó directamente con las condiciones de trabajo, como el manejo de pesticidas o verse obligados a sulfatar sin ninguna medida de protección para su salud, acusando a los médicos de no atreverse a denunciar esta situación. “Europa no tiene memoria, es inhumana, la tenemos que curar”, ha expresado Spitou. “La única actividad que ha resistido a la crisis en España ha sido la agricultura”, asegurando que sin estos “esclavos bajo plástico” no hubiera sido posible.

No hay comentarios