Voluntaria ante una montaña de ropa y chalecos salvavidas en Grecia. FOTO: Rowing Together
Voluntaria ante una montaña de ropa y chalecos salvavidas en Grecia. FOTO: Rowing Together

Irene García Álvarez es “familióloga”, como se refiere a su especialidad en medicina familiar y comunitaria, en su cuarto año de residencia en el Centro de Salud de Arturo Eyries, y acaba de regresar del campo de refugiados de Moria, en la isla de Lesbos, donde viven hacinadas unas 9.000 personas. Ha trabajado como voluntaria en el proyecto sanitario para mujeres de la Rowing Together, una de las ONG que prestan atención médica en el terreno ante la dejación tanto del gobierno griego como de las autoridades europeas: “No había ningún representante sanitario del Gobierno griego en un campo de 9.000 personas”.

“Estamos haciendo esto porque hay algo que no está funcionando”, explica Irene, “estamos tratando de cubrir sus necesidades sanitarias pero eso no es algo de lo que se tenga que encargar una ONG”. “Uno de los motivos por los que fui allí es porque no me acababa de creer cual era la situación”, ante las noticias “alarmistas” de llegadas masivas de migrantes huyendo de sus países, “en el momento que hablas con ellos sabes que la única opción que tienen es largarse de allí”.

Irene García, en el medio, junto a otras voluntarias. FOTO: Rowing Together
Irene García, en el medio, junto a otras voluntarias. FOTO: Rowing Together

Asegura que la única organización griega que prestaba atención médica en Moria llevaba dos meses cerrada: “Ellos alegaron que era por violencia de los refugiados a los sanitarios, pero eso significó que no había ningún representante sanitario del Gobierno griego en un campo de 9.000 personas durante dos meses y toda la atención la llevaban las ONG”, puntualizando que supuestamente ha vuelto ahora a estar operativo.

“El problema principal que teníamos eran los casos de abuso porque la mayor parte de las mujeres que veíamos habían sido violadas en el campo, en el trayecto, en su país o en el campo, el trayecto y su país”. Como consecuencia sufren enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y trastornos psicológicos, careciendo de recursos para prestar la necesaria atención más allá de lo estrictamente sanitario: “Para mi ha sido lo más difícil a nivel humano y a nivel profesional, estábamos atendiendo mujeres con shock post traumático, crisis de ansiedad, que han sufrido muchísimo, no solo a nivel de lesiones físicas, y no teníamos qué hacer con ellas”.

Voluntarios atendiendo a las pacientes en clínica de Moria. FOTO: Rowing Together
Voluntarios atendiendo a las pacientes en clínica de Moria. FOTO: Rowing Together

“Lesbos era una isla turística, saben inglés, pero por protocolo quieren todos los documentos en griego, yo creo que es una manera de frenar el flujo de pacientes”, relata como una de los problemas burocráticos a los que se enfrentan, “intentaba ponerme en el lugar de los trabajadores del hospital, no del gobierno griego, a no ser que les hayan reforzado los recursos, la plantilla y los medios no están preparados”. Sí que lograron avances cuando hablaron directamente con el departamento de ginecología: “De hecho nos agradecían el trabajo que estábamos haciendo, que es lo lógico”.

Describe las condiciones de Moria como “horribles”, haciendo hincapié en la situación de inseguridad que sufren las mujeres: “Hay un váter para cada 70 personas y una ducha para cada 80, yo atendía a muchas mujeres que no iban al baño desde que anochecía a las 5 de la tarde hasta que amanecía a las 8 porque por la noche las violaban si salían”. “La atención a las mujeres está mejorando,lo poco que hemos conseguido es mucho”, reconoce Irene aunque no ve visos de mejoría en cuanto a la situación política, lo que sí destaca es la “calidad humana” de los voluntarios con los que ha trabajado, viendo al menos “un poquito de luz” en el “rinconcito de paz” para las mujeres que han logrado crear con la clínica.

Irene García, de pie, atendiendo junto a otra voluntaria a una paciente. FOTO: Rowing Together
Irene García, de pie, atendiendo junto a otra voluntaria a una paciente. FOTO: Rowing Together

Rowing Together, remando juntos, es una ONG fundada en 2016 por personas que se conocieron durante las labores de rescate en el Mediterráneo. Uno de ellos, Javier, salió junto a dos ginecólogas desde España, con una ambulancia, hacia el campo de refugiados de Idomeni hasta que lo desmantelaron, entonces recibieron la donación de un ecógrafo y empezaron a hacer seguimiento de las mujeres embarazadas además de atención de enfermedades de transmisión sexual, ya que nadie lo estaba haciendo. Después de recorrer distintas zonas, llevan tres meses actuando en Lesbos: “Para el poco tiempo que llevan se está haciendo un seguimiento brutal, prácticamente se hacen las mismas visitas al embarazo que en España, aunque sin otras pruebas complementarias aparte del control ecográfico, como analíticas”.

Al ser una ONG soportada exclusivamente por voluntarios, durante el periodo navideño no han conseguido a nadie que continúe su trabajo, por lo que lo retomarán en enero. Los tres perfiles prioritarios que necesitan son ginecología, enfermería y medicina familiar, aunque también son válidos otros para labores de coordinación, administrativas o de intendencia: “Cualquier persona es bienvenida”, ofreciendo el correo electrónico rowingtogethervoluntarios@gmail.com para más información. En su página se pueden hacer donaciones, además de ver los diarios de abordo en los que van explicando su labor. Después de este primer contacto y habiendo conocido de primera mano la situación, Irene lo tiene claro:“Me quiero volver, ya”.

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