Paco Robles anoche en el Ateneo Republicano de Valladolid. FOTO: ÚC
Paco Robles anoche en el Ateneo Republicano de Valladolid. FOTO: ÚC

“Iba en tranvía con mi madre y se oyó un ruido muy grande, luego se vio mucho humo en el cielo y mi madre dijo “han tirado una bomba”, así ha recordado hoy Paco Robles la masacre de Gernika, episodio que vivió antes de huir en barco junto a otros niños y niñas escapando del horror de la Guerra Civil. Es el protagonista del último libro de Miguel Ángel Fernández, titulado 'El niño vasco de Mansilla de las Mulas', que ambos han presentado en el Ateneo Republicano de Valladolid.

Paco González Esteban, activista de Parados en Movimiento, presentó al autor, al que conoció en las marchas de la dignidad de 2014, “una de las mayores y más ilusionantes manifestaciones”, reconociéndolo como “amigo de Parados en Movimiento y del Ateneo Republicano de Valladolid”, además es escritor. Miguel Ángel Fernández comenzó la exposición rememorando el inicio del relato que ha hecho de la vida de Paco, cuando el 26 de abril del 37 Gernika fue devastada por la aviación alemana e italiana acabando con el 90% de los edificios arrasados o inutilizados. “Sin embargo la propaganda de los militares golpistas cuenta una historia diferente”, explicó Fernández citando un texto recogido en el libro: “Guernica quemada y destruido por el fuego intencionado de los rojos en su práctica totalidad”, calificando como “calumniosas maniobras de los dirigentes vasco-soviéticos” las informaciones que atribuían el terrorífico ataque a la Legión Cóndor y la Aviación Legionaria.

Publico asistente a la charla. FOTO: ÚC

Paco vivió ese bombardeo desde Barakaldo, donde residía: “Iba en tranvía con mi madre y se oyó un ruido muy grande, luego se vio mucho humo en el cielo y mi madre dijo “han tirado una bomba”. Aunque también sufrió la artillería de cerca: “En mi barrio nos venían los aviones ametrallando, incluso bombas de mano, yo he visto cómo se levantaba la tierra mientras corría con mi madre”. Después de estos episodios, y gracias al esfuerzo de dos mujeres que fletaron el barco Habana, con capacidad para 400 personas aunque terminaron viajando 4.000, salió del Golfo de Bizkaia hasta llegar a Southampton, recordando aun las lágrimas de las madres despidiéndoles mientras sus padres estaban en el frente luchando.

Una vez llegaron a Reino Unido, les encaminaron hasta un campo cedido por un granjero para poner 400 tiendas de campaña, una para cada 8. “Los niños recibidos en un Reino Unido, dentro de la desgracia, fueron unos privilegiados frente a otros niños que fueron trasladados a Francia o la Union Soviética”. El autor explicó cómo el panadero les regalaba el pan cada mañana, los visitantes de otros pueblos les daban caramelos “con los cuales agarraban unas diarreas de espanto porque hacía mucho tiempo que no comían dulces”, les llevaban de paseo o al cine. “Las propias clases más pudientes fueron muy solidarias con ellos”, como una noble inglesa que acogió a 40 niñas y otros tantos niños, entre otras familias inglesas: “No veo yo a la Duquesa de Alba haciendo lo mismo”.

Miguel Ángel Fernández, Paco Robles y Paco Gonzalez Esteban  FOTO: ÚC

El periplo de Paco Robles por Reino Unido le llevó a cruzar toda Inglaterra hasta Escocia, viajando de colonia en colonia, contabiliza un total de 52 en todo el país. “Yo tuve suerte”, reconoció relatando su adopción en Birmingham, donde vivió la explosión de la Guerra Mundial, aunque no recibió un buen trato, por lo que pidió, a los 13 años, que le llevaran de vuelta a otra colonia. Desplazado al norte de Londres contó cómo una bomba “destrozó la mitad de donde estábamos viviendo, parecía que era de día cuando explotó”, entre otros bombardeos a los que obviamente sobrevivió.

Según recoge en el libro y relató su autor en el Ateneo Republicano, desde el mismo año 37 se inició una campaña de repatriación de estos menores por razones tanto propagandísticas como económicas, ya que con la guerra “se estaban matando los varones y necesitaban recuperar mano de obra joven”. Subrayó el “trabajo magnífico” de la tesis doctoral de Nerea Aguinarrate, que “explica muy bien cómo se hace en la prensa [en ambos países] para ir consiguiendo convencer a la población de que esos niños deben volver a España”. Mientras en los periódicos del bando nacional se repetían frases como “los rojos nos roban los niños”, “los niños en el Reino Unido son maltratados” o “en la colonia principal hay una epidemia de tifus”, en la prensa inglesa se les calificaba como “pequeños terroristas” o “salvajes”, hasta que el proceso concluyó con el titular “Franco recupera a los niños españoles que los rojos nos robaron”.

Miguel Ángel Fernández. FOTO: ÚC

En medio de este proceso se produjeron numerosos engaños, como documentación firmada por ambos progenitores cuando éstos estaban separados o eran analfabetos: “Muchos llegaron a Bilbao y se encontraron que eran huérfanos”, confirmando de forma dramática que los papeles cumplimentados para su vuelta habían sido falsificados. Paco recuerda también que las cartas que intercambiaba con su madre eran censuradas, llenas de tachones y pintadas en negro, ya que en ellas le dejaba clara la insoportable situación de España.

Paco Robles ha recordado otras anécdotas y vivencias a su vuelta a Mansilla de las Mulas, en León, saliendo de un país en el que en la escuela se les animaba a participar o trabajar en equipo para llegar a una España dictatorial. Su intervención en el Ateneo, más allá de los episodios concretos, ha ofrecido la oportunidad de ver y escuchar a un niño que sobrevivió a la Guerra Civil, testigo de uno de sus episodios más cruentos como fue el bombardeo de Gernika, que sin perder el sentido del humor relata las barbaridades que sufrió, aunque más de ochenta años después haya quien quiera reescribir la historia o se niegue a reconocer a sus víctimas.

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