Silvia Federici durante su charla en Valladolid. FOTO: Jorge Ovelleiro
Silvia Federici durante su charla en Valladolid. FOTO: Jorge Ovelleiro

Valladolid ha recibido durante la tarde de este sábado la visita de Silvia Federici, profesora y escritora, autora del célebre libro ‘Calibán y la bruja’ y referente del feminismo a nivel internacional. En el patio de la Casa Zorrilla, organizado por la Casa Feminista de Valladolid junto al colectivo ecuatoriano Acción Ecológica, explicó como las cazas de brujas fueron un elemento esencial para la transición del feudalismo al capitalismo, denunciando que la historia ha silenciado a éstas y otras mujeres: “Han matado a miles y miles de mujeres de las formas más crueles después de ser torturada de las formas más atroces”.

María del Carmen Gonzalez Sanz licenciada en filosofía, profesora, poeta e intelectual, encargada de conducir la intervención de la escritora y feminista italiana, propuso distintos temas o reflexiones, considerando que “una de las grandes respuestas de este libro” es su diagnóstico de por qué era necesario anular a la mujer para el capitalismo. Según esgrime Federici en ‘Calibán y la bruja’, el capitalismo es una respuesta de los señores medievales, latifundistas, grandes mercantes o el clero, a una “crisis terminal” del poder feudal, calificándolo como una “contrarrevolución” de las clases dominantes para poder mantener su control sobre la explotación del trabajo o la acumulación de la riqueza, necesitando inventar un “nuevo sistema de explotación”.

Considera el capitalismo como “el primero sistema social de explotación que pone el trabajo humano como la fuente fundamental de la riqueza social y de la acumulación” frente a otros en los que la tierra es la fuente del poder. Entiende que la caza de brujas ha servido a esta clase “protocapitalista” para imponer un “control estatal muy directo sobre el cuerpo de la mujer, sobre todo su capacidad reproductiva”, acusándolas, por ejemplo, de asesinar niños o impedir la procreación por sus conocimientos en plantas abortivas. Considera que esta dominación sigue hasta ahora, controlando la “sexualidad no conforme a criterios de reproductividad”.

Público asistente en el jardín de la Casa Zorrilla. FOTO: Jorge Ovelleiro
Público asistente en el jardín de la Casa Zorrilla. FOTO: Jorge Ovelleiro

Contextualizando este transito del poder feudal al capitalista, entiende que empieza con varios procesos que ponen las condiciones materiales, como la colonización, fundamental para crear “una base material mucho más amplia de explotación”. Según relata, esta caza de brujas coincidió a finales del S. XV y principios del XVI con la expulsión de los campesinos de sus tierras y una subida de los preciosa de los productos, siendo las primeras quemadas mujeres mayores, solteras y muy pobres. No encuentra en la historia un símil con una situación como esta en la que los perseguidos sean acusados de tanta perversidad: “Pedir el mal por el mal, ser sirvienta del demonio, enemiga de dios y de la sociedad”. Sin embargo, denuncia que está terrible etapa en los orígenes de la Edad Moderna se ha “cancelado de la historia” encubriendo que “han matado a miles y miles de mujeres de las formas más crueles después de ser torturada de las formas más atroces”.

Federici explica que durante estas más de dos décadas de trabajo, estudio e investigación, sus objetivos no han cambiado sino que se han ampliado: “Inicialmente mi objetivo era comprender las raíces materiales e históricas de la subordinación social de las mujeres de forma específica y particular”, más allá de la inherente opresión del capitalismo, considerando entonces necesario regresar su origen para comprender cómo se formó, qué fue y por qué se desarrolló.

Indagando en esta subordinación social de las mujeres destaca su ausencia en los libros de los padres del socialismo: “No hay historia de mujer en Marx, las únicas mujeres de las que habla en un libro son las que limpian la fábrica”. Entiende que la forma de enmendar esta injusticia “no significaba añadir un capítulo, significaba repensar todo”, reconstruyendo el desarrollo de este sistema en el que las mujeres padecen unas “formas especificas de explotación” que “no son herencia del mundo feudal, son construidas de forma nueva en la sociedad capitalista”, situando a la caza de brujas como una de las principales.

Puntualiza que existen formas diferentes de patriarcado, no es lo mismo la griega, romana o medieval: “Esta diferencia me parece muy importante para comprender cuáles son los mecanismos de explotación, no se pueden establecer estrategias de lucha sin comprender cuales son los problemas”. Resalta también que “el medievo no es como yo lo había estudiado, en el que todos aceptaban su posición social”, asegurando que fue un periodo de micro y macro luchas, documentándose guerras basadas en las desigualdades de clase a partir del S. XV protagonizadas por campesinos o artesanos.

Se declaró “abolicionista con todas las formas de explotación del trabajo, no solamente con la prostitución”, una frase que despertó una gran ovación por parte del público, considerando que el punto no es “qué forma de explotación vas a elegir” sino “luchar para que la mujer no sea explotada”. Además entiende que “la esclavitud no se ha acabado, sigue, es un problema que persiste”, aunque cambiando de forma, censurando que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional estén protagonizando “una de las luchas más sangrientas” contra las tierras comunitaria en el mundo, entendiendo el término “tierra” como todo un contexto de relación y saberes entre seres humanos y naturaleza.

Antes de despedirse del público de Valladolid, que apuró el tiempo para la ronda de preguntas, contando entre las asistentes militantes y activistas de movimientos feministas locales de toda índole, quiso advertir sobre algunas cosas que la producen “mucho, mucho miedo”. Se refirió a una serie de películas que denuncia se están produciendo en Europa y Estados Unidos entorno a las brujas que "representa a las mujeres como personas demoniacas”, mostrando la imagen que los inquisidores del XVI promovieron. “Se están presentando cosas horrendas”, alertó preguntándose “por qué no vamos a hacer piquetes enfrente de los cines que proyectan esta porquería”, concluyendo con una clara advertencia: “Yo creo que quieren quemarnos de nuevo”.

“Hemos decidido ser nómadas, coger un poquito de aire y cuidarnos”, ha explicado al inicio de la charla Carmen, integrante de la Casa Feminista de Valladolid, presentando su proyecto desde sus orígenes tras un encuentro en 2017 de experiencias respecto a este tipo de centros en otras ciudades ante la pretensión de abrirse en la ciudad lo que finalmente fue el Centro Municipal de la Igualdad, hasta que a principios de este año decidieran romper las negociaciones con el Ayuntamiento para disponer de un local propio al no considerar aceptables las condiciones impuestas.

Eva, del colectivo Acción Ecológica, coorganizador junto a la Casa de la charla, hizo a continuación un somero repaso del papel de Valladolid en aquella época de transición al capitalismo que describe el libro de Federici. “Durante décadas Valladolid fue el centro de decisión política para todo un imperio”, explicó destacando que albergó la primera Plaza del Mercado, la actual Plaza Mayor, en el paso de la ciudad teológica a la ciudad del capital, además de ser también epicentro de la especulación inmobiliaria.

A continuación, recién llegada de Ecuador, Oliset agradeció el ofrecimiento para presentar a Silvia Federici y explicando que pertenece a un casa feminista formada hace más de diez años, además de ser militante de Acción Ecológica en contra del estractivismo en su país. Recordó la visita en 2016 de la escritora feminista a Ecuador: “Silvia ha inspirado muchas de nuestras investigaciones, son fundamentales para comprender la devastación de los territorios comunales en nuestro lado del planeta, además de estimularnos para luchar porque todas estas distintas realidades persistan”, resaltando su aportación como feministas, como ecologistas y, por lo tanto, anticolonialistas.

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