Otra vez el horror que es nuestro horror, otra vez los muertos que son nuestros muertos  otra vez la infame realidad más infame aún porque es la nuestra y cada vez nos golpea más de cerca mientras los que pueden decidir siguen decidiendo hacer las mismas cosas, de la misma manera empeñados en obtener resultados diferentes. No me causa ningún problema que esos señores, los que deciden y sus bardos, sus correveidiles, sus periódicos, sus analistas, sus asalariados digan lo que quieran decir. Todos tenemos derecho a decir lo que vemos y la evidencia que esta gente nos presenta es lo que perciben con sus sentidos. Sabemos, sin embargo que esta gente es muy perezosa y le cuesta mucho pensar. Les viene mejor repetir, no investigar, les viene muchísimo mejor manipular que decir la verdad. Pero valdría la pena ser conscientes de dos cosas que resultan especialmente perniciosas: en primer lugar, no dan –nunca dan – una imagen completa de la historia que en muchos casos produjo el caos que nos ha conducido hasta aquí, donde la rabia y el extremismo no surgió de manera gratuita sino que fue resultado  - precisamente – de una historia particular con Occidente, un encuentro prolongado de pérdidas (el reparto del Imperio Turco a la limón entre Francia, Inglaterra y…; las concesiones petroleras; la creación del Estado de Israel, la guerra de Irak, Síria …). Sí, la infame realidad que vivimos ES una respuesta a todo ello y nuestros monos sabios de Bruselas (perdón, se me había olvidado mencionar el genocidio del Congo) y del resto de las Cancillerías europeas, ni siquiera lo mencionan.

En segundo lugar, y mucho más importante, toda esa patulea de especialistas insiste, machaconamente insiste, que en todos esos países cuna de desesperados, emigrantes y radicales de toda laya, el origen de la infame realidad es siempre el mismo y se llama Islam. Esta idea de algo monolítico e indistinguible llamado Islam se convierte así en el receptáculo de todos los males del mundo porque por lo visto NO conviene entender  - y éste es el punto –  que el Islam NO es algo monolítico sino que dentro del propio Islam hay diversas corrientes, diversas posiciones y que hay laicos e intelectuales que intentan combatir las hermandades, los jihads, el Estado Islamico, a Isis y la madre que los parió,  que esos movimientos son muy distintos entre sí y algunos, ¿por qué no decirlo?, pura invención, pura herramienta que el propio Occidente utiliza para sus fines, un Occidente que – por cierto- presta muy poca atención a cualquier otra forma de fundamentalismo.

Por ejemplo, el fundamentalismo judio/sionista de Israel tan aterrador como pueda ser - el DAESH. Pero no, ese particular horror, no se discute: que en Israel azucen perros de presa contra los niños o los gasee,  que ejecuten de un tiro en la cabeza y a sangre fría a un joven caído en tierra, herido y desarmado, que robe tierras, que destruya casas, que chantajee, mienta y desobedezca todas las resoluciones de las Naciones Unidas, que la idea de matar árabes y musulmanes (veánse películas varias) esté legitimada por la cultura popular  eso… se excluye por completo de la discusión principal, como si no formara parte de la atmósfera que debemos analizar, como si las devoluciones en caliente, las pateras primero y ahora, los ríos de seres humanos que se agolpan en nuestras fronteras, la vergonzosa política que aplicamos contra la desesperación de tantas vidas destruidas, las guerras que organizamos todas ellas con objetivos programados… no tuvieran nada que ver.

Sí, es evidente que esa es la visión que quieren darnos. Por suerte, no todos la compramos. Aunque ahora tampoco estoy muy segura de que todo eso pueda servir para algo.

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