Desde hace años escuchamos el mismo mantra en los despachos de los programadores culturales, regionales en general y vallisoletanos en particular: “es que en el momento actual no existe la creatividad de los ochenta”. Seguramente no encontremos la “espectacularidad” de algunas propuestas – Laurie Anderson, Jan Fabre, Bob Wilson, Joglars- o quizá es que ese tipo de “creatividad” ya está resuelta y los propios autores están en otras cosas. Me inclino por lo segundo. Pero lo cierto es que los aficionados al rastreo cultural en las redes y los centros de arte, alguno de ellos autogestionados, como La Tabacalera de Madrid, podríamos poner en pie una “Muestra Internacional de Teatro” y las artes escénicas y musicales actuales con muchos creadores actuales con propuestas impresionantes, muy profesionales y alguna de ellas muy divertida. Claro, habría que cerrar la puerta del despacho oficial por fuera y arrojar la llave al pozo de los deseos.

Parte de esta creatividad actual se está dando en los contenidos, no solo en las formas, se están abordando ideas, situaciones, textos impensables en los ochenta y noventa del siglo pasado. Mucho de este arte es “político” tiene una carga ideológica explícita, que no limita las formas pero si delimita el territorio de las ideas y las emociones sobre las que se trabaja. Tenemos en estos momentos el problema de “los campos de concentración” en Europa…ya no podemos hacer la vista gorda. Habrá que hablar de ello.

Mientras tanto en…”alemania” (decíamos en Teloncillo para hablar de España y que la censura no echara un tampón rojo de “censurado”) hay temas que parecen tabú: monarquía, guerra civil, terrorismo etarra, deshaucios, nueva pobreza…independentismos…corrupción política y empresarial…tantos, quizá demasiados.

Nada de eso es cierto, los creadores conocen su oficio y saben que ante todo están haciendo “una obra de arte” a la que asiste la libertad de expresión que ganamos en los setenta con dolor, algunos con cárcel. Saben que funcionará como idea si antes funciona como “espectáculo” como “artefacto” cultural.

El problema –concretamente en Valladolid- es que esta faceta de la creación escénica actual se nos está escamoteando a los espectadores y a los ciudadanos, antes con una corporación conservadora y ahora con una corporación progresista.

Hay un “ramillete” de obras de teatro que algunos hemos podido ver por motivos profesionales y que están girando –no sin cierta dificultad- por el resto de España, de Castilla y León, incluso en algunas localidades de la provincia de Valladolid.

Para no hablar del sexo de los ángeles pongo ejemplos cercanos.

ANOMIA de Arán Dramática, Extremadura. Pudimos verla en Ciudad Rodrigo hace dos años. Una lección dramatúrgica y de interpretación para tratar con “objetividad” el problema de la corrupción político-empresarial. Estaba co-producida por el Centro Dramático Nacional. Muchos responsables de la programación en la región salieron admirados del teatro, pero el comentario general era: esto “mi político” no lo va a comprar. Y ahí está, girando, recibiendo premios.

PENAL DE OCAÑA: Nao d´Amores María Josefa Canellada presentó la novela “Penal de Ocaña” al Premio Café Gijón, Madrid, en 1954. Resultó finalista en ese premio pero la obra se editó en los ochenta, ya sin censura en España. Era una intelectual española a la que, como a muchas, la II República dio aliento y respiro para estudiar, para crear, para amar, para soñar…todo se truncó un día de julio de 1936. Vivió unos meses la guerra en primera línea, concretamente en Ocaña, cuyo penal se convirtió en “hospital de sangre”. Allí se curaba a los heridos del frente.

El montaje se aparta de su línea habitual de investigación y trabajo: teatro medieval y prebarroco ibérico (trabajan en castellano y portugués) y ha supuesto un hito en la vida de la compañía y del teatro en Castilla y León.

Trato de ser objetivo, ceñirme a hechos y no a afectos, afinidades y emociones…me unen a ellos amistades y complicidades teatrales, musicales, profesionales y personales, como me pasa con Teloncillo, Corsario, Rayuela, Azar…pero podría decir que es un espectáculo que debe ser analizado por teatrólogos para conservar documentalmente su gestación, producción y posterior comunicación pública, basada en la “entrega” total. Ideas, personas, emociones…todo al máximo. He visto el espectáculo cuatro o cinco veces, estreno en Madrid con Elena Rayos y posteriores actuaciones con Eva Rufo, diferentes actrices, diferentes registros, dos “instrumentos” para una gran partitura escrita por Mª Josefa Canellada y su nieta Ana Zamora.

Cientos de actuaciones en América, Europa, España, Castilla y León, provincia de Valladolid. Ya tuvieron problemas iniciales con el bunker de la derecha segoviana, que sin ver el espectáculo se dejó comer la oreja en contra de un alegato “pacifista” y “humanista” de raíz cristiana.

Parecido camino lleva el valiente espectáculo “La Mirada del Otro” (sobre “la vía Nanclares” de reinserción de etarras) estrenada en El Teatro del Barrio, Madrid en la que aparece Pablo Rodríguez, actor y músico vallisoletano…lo que nos hace pensar a algunos que hay motivos personales, políticos e ideológicos detrás de estas ausencias en la escena de la ciudad, ya que se ha podido ver en Laguna de Duero.

En estos días los espectadores de Madrid pueden ver en el “centro municipal” El Matadero “Tierra de Fuego” de dramaturgia similar al anterior pero ubicada en Israel. “todos somos víctimas”…llegan a decir. ¿De qué verdugo? Del sionismo, que pocos poderes cuestionan en Europa y USA y que ha incendiado toda Asia, desde El Líbano a Pakistán al radicalizar religiosamente tanto a judíos como a musulmanes. Llega de Argentina (Tolcachir) con un gran éxito, precedida de polémica y muy buenas críticas y con ganas de abrir el debate. Seguro que se privará a los espectadores de Valladolid de su visión. Al tiempo.

Me pregunto: ¿Los responsables de la programación escénica municipal – Calderón, Lava, TAC- han visto estos espectáculos? ¿Les han descartado? ¿Por qué?. Serían estupendos candidatos a llenar algunos fines de semana el Lava, y de paso ayudar a enderezar el rumbo de ese espacio que sigue siendo una buena idea arquitectónica y apenas esbozada en lo programático, un buque a la deriva.

Creo que los ciudadanos, amantes del teatro y de la cultura, de Valladolid merecemos una aclaración política y técnica. Eso sí, sin acritud.

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